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"..Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora...
Me siento como aquel chico que ganó un paquete de golosinas: las primeras las comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas profundamente.
Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.
Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.
Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades. No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.
No tolero a maniobreros y ventajeros. Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.
Detesto, si soy testigo, de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo. Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos. Mi tiempo es escaso como para discutir títulos. Quiero la esencia, mi alma tiene prisa........
Sin muchas golosinas en el paquete...
Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.
Que sepa reír, de sus errores.
Que no se envanezca, con sus triunfos.
Que no se considere electa, antes de hora.
Que no huya, de sus responsabilidades.
Que defienda, la dignidad humana.
Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez. Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.
Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas..
Gente a quien los golpes duros de la vida, le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.
Sí.. tengo prisa. Por vivir con la intensidad, que sólo la madurez puede dar. Pretendo no desperdiciar parte alguna, de las golosinas que me quedan. Estoy seguro que serán más exquisitas, que las que hasta ahora he comido.
Mi meta es llegar al final satisfecho, en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.
Espero que la tuya sea la misma, porque de cualquier manera, llegarás....."
Esto parece que lo escribió un tipo brasileño que se llama Mario de Andrade y está en mil blogs y mensajes de mail que esos que se reenvían constantemente. Pues bien quiero denunciar desde aquí públicamente que si bien puede ser cierto que lo escribiera ese señor no deja de ser verdad que eso lo pensé yo hace tiempo. Tengo como prueba fehaciente tropecientos posts al respecto que lo demuestra. Además no hay que ser un genio para darse cuenta que esta basado en mi propia historia.
Ahora mismo el tema lo lleva mi equipo de abogados y no descartamos ningún tipo de acción legal al respeto. Mario, "te vas a cagal".
Primero Rio nos quita la olimpiada y ahora este brasileño me roba el pensamiento... que manía le estoy cogiendo a esta gente...
El otro día a las seis y media de la tarde yo era uno (no sé si muchos o poco) de los que cruzaba los dedos para que no le dieran la olimpiada a Madrid. Si señor, ya sé que muchos me dirán que soy el espíritu de la contradicción o que me gusta hacerme notar. Pues no, en realidad es que le he cogido tanto asco a la candidatura que me alegro.
Hace unos meses, por cuestiones de trabajo y en las que no puedo ahondar demasiado me enteré de primera mano de una de estas cosas que nadie va a decir y que todo el mundo negará. En el ayuntamiento no había un duro (nada confidencial ni asombroso hasta aquí) así que se suspendían (algunas temporalmente, otras definitivamente) todo tipo de proyectos y obras incluyendo algunas tan sensibles como las obras referidas a la accesibilidad, el apoyo a la ley de dependencia, colegios y residencias geriátricas.
Cosas de la crisis. Pero, ¿todas las obras?, no. Había unas obras que se habían salvado de la quema. Ni más ni menos que las referidas al proyecto olímpico. Era la gota que desbordaba el vaso de mi hartazgo por el señor Gallardón y su capricho/juguete. Todo el mundo. Absolutamente todo el que entiende en algo de esta lotería de las olimpiadas tenía claro que lo de la rotación continental era algo de cajón con lo que la candidatura era una pura quimera. No es casualidad que ninguna ciudad europea siquiera lo intentara además de Madrid.
Pero el señor Gallardón tenía una corazonada, un sueño, un anhelo y una ilusión. A mí los sueños de los demás me merecen mucho respeto pero claro, cuando no me tocan la moral, los cojones y los bolsillos. Este señor que ha ido yendo en mi consideración de muy arriba al más profundo de los avernos, se empeñó primero en poner patas arriba Madrid para conseguir que siga habiendo unos atascos de tres pares de narices y después se empeñó en tener las olimpiadas. En plena era del photoshop y de la realidad virtual, el señor Gallardón apostó por hacer las infraestructuras antes que le dieran la olimpiada para demostrar que iba en serio. Curiosamente tanto la vez pasada como esta se ha escogido una candidatura que presentaba poco menos que un powerpoint… “y así quedará el estadio.. y aquí pondremos la villa olímpica…”.
Que nadie se confunda, yo soy un convencido de la inversión productiva y en especial de infraestructuras pero digo yo, aparte de conseguir una foto con Nadal cada año, para qué coño sirve una caja mágica para jugar al tenis?. Bueno, además de la foto de Nadal también sirve para que muchos megapijos sepan por donde queda Villaverde. Creo que Feliciano Lopez alucinaba en colores.. o sea no?
Lo gracioso de todo es que luego si viene la Davis nos vamos a las ventas. Y como ese hay decenas sino cientos de casos. El presupuesto de la candidatura está cubierto supuestamente por empresas privadas. Lo que nadie dice es lo que se le ha dado a esas empresas privadas para que colaboren. Yo conozco el caso de los prestigiosas consultoras. Digamos para hacerlo rápido que si yo fuese socio de cualquiera de ellas no estaría muy enfadado.
El resultado de todas las corazonadas del señor Gallardón ha conseguido una deuda absolutamente faraónica. Y quien pagará eso?, los turistas que vengan a ver la olimpiada?. Pues no, los cada vez menos que vivimos en Madrid.
Lo mismo que la política subsidiaria del señor presidente nos va a costar un 2% de todo lo que compremos (por cierto, de facto es literalmente una bajada del 2% de las pensiones, porque díganme ustedes cuantos pensionistas no se gastan la pensión integra cada mes), el sueño y la corazonada de Gallardón nos cuesta a los madrileños un pico. Hablamos de subidas acumuladas del 400 al 600% en el IBI y la aparición de tasas extintas (supuestamente integradas en el IBI) como la de la basura. Por cierto, en un alarde de austeridad, aunque los impuestos han subido un 600% en Madrid el alcalde solo se subió el sueldo poco más del 100%.
De hecho, por una casualidad casi mística, la misma tarde de la decisión yo, imbuido por ese espíritu nacionalista y patriota que se había instalado en el subconsciente colectivo, comenzaba a pensar que tal vez no estaría tan mal e incluso me alegré cuando eliminaron a Chicago. Segundos después, alguien llamo a mi casa. Dos cartas certificadas. La nueva tasa de desechos urbanos (creo que se refieren solo a la basura). Uno para el pisito, otro para el garaje (claro, un garaje suele generar mucha basura). Total, casi doscientos euros de bellón que rima con Gallardón y con Cabr….
Así que cuando el colega del CIO dijo RIO.. yo me reí. Y solté un sincero.. a tomar por culo everyone Gallardón.
En cualquier caso la alegría me duro poco. Media hora después de la decepción nacional se anunciaba la apertura de un concurso para el diseño del logo de Madrid 2020…. Vuelve la ilusión.
1992 - Pues nada que me voy. - Pero vas a dejar un puesto fijo por un “tal vez”?. - Pues si, el tal vez me atrae más. 1995 - Y ahora te vas? - Sip. Ya me hice a la idea de irme a Madrid. - Pero si te ofrecen un puesto aquí, porque no te quedas? - Me gusta más el de Madrid. 1998 - A Zaragoza?. - Me gusta lo que me ofrecen . 2003 - Con lo bien que estas aquí, puesto fijo, buen sueldo, posición… y te vas para montar una cosita que no sabes si saldrá o no?. - Ya ves. 1985-2009 - Lo tuyo es aversión al compromiso. - Vale, pues será.
A veces me ha llamado la atención en mi propia intrahistoria como siendo un tipo bastante serio y responsable al que le encanta la rutina (o sea básicamente aburrido) si miro hacia el pasado me encuentro con cierta costumbre de darle esquinazo al destino previsible. Ya hace tiempo que no me planteo si es una virtud o un defecto, simplemente soy así.
Puedo escribir y no disimular es la ventaja de irse haciendo viejo no tengo nada para impresionar ni por fuera ni por dentro.
Hace un tiempo, por razones largas de explicar (y más aún para mí) me estaba empezando a hartar de mi situación. No era una sensación nueva ni las circunstancias eran novedosas. En realidad, los observadores externos dirían que mi situación era privilegiada e incluso a mi mismo me costaría encontrar algún aspecto negativo que obligara a un cambio de rumbo en mi vida. No obstante, como aquel que siente un ligero malestar y adivina que ha pillado la gripe, yo ya comencé a barruntar que necesitaba algo. Un día, no se muy bien porqué, se me metió en la cabeza que necesitaba cambiar de aires, y decidí que lo mejor sería cruzar algún charco y buscar allende los mares.
La noche en vela va cruzando el mar porque los sueños viajan con el viento y en mi ventana sopla en el cristal mira a ver si estoy despierto.
La idea que se me instaló en el coco no era ni pasar dos semanas de vacaciones ni irme a vivir definitivamente a otro país sino más bien algo intermedio. Mi idea era pasar temporadas aquí y allá aprovechando que mi trabajo siempre ha necesitado pocas maletas.
Si la novela de mi vida hubiese estado ambientada en el siglo XVIII hubiese sido un dardo y un mapa pero como estamos en el siglo XXI busque con el Google earth y encontré un sitio frente al mar. No buscaba sol y playa aunque el destino lo tuviese. No quiero vivir en uno de esos resorts de vacaciones, así que encontré una ciudad vivible.
A los pocos que les he ido adelantando algunos de mis planes han reaccionado más o menos como me esperaba. Hace mucho que me conformo con no conocerme así que no aspiro a que me entiendan. Ya he dicho que ni yo mismo sé cómo puede ser que a alguien amante de la rutina se le crucen a veces los cables y se lance (aunque cada vez con más red, es cierto).
Y no volveré a sentirme extraño aunque no me llegue a conocer y no volveré a quererte tanto y no volveré a dejarte de querer
la idea que surgió como una locura fue tomando forma de insensatez completa y un día (bendito/maldito internet) en media hora compre un billete de avión, alquile un apartamento y un coche y me lancé a la aventura de conocer. Dicho y hecho, casi nueve horas de avión te colocan en un mundo distinto, mucho más ineficiente, más incomodo y mucho más dulce y amable. Y en circunstancias totalmente distintas, con destinos casi opuestos, yo volví a sentir como ese chaval de ventitantos que llegaba a la gran capital con la sensación de punto y aparte.
ya lo tengo todo controlado y alguien dijo no, no, no, no, no que ahora viene el viento de otro lado déjame el timón y alguien dijo no, no, no
Y aquí estamos, con nuevo vuelo confirmado y preparando para comprar un apartamento con vistas al mar. Buscando ropa para vestir al muñeco y, más por educación que por convicción, intentando explicar que no estoy loco, que hoy en día plantearse una vida a caballo entre uno y otro lado del atlántico no es tan tremendo y que no tengo ninguna razón especial ni de carácter económico, ni de carácter sentimental. Que la cosa tiene algunos inconvenientes y muchas ventajas, que vivir consiste en caminar no en llegar y que tener cuarenta y dos años y proponerse un cambio no significa forzosamente que tenga ningún complejo ni que no se me levante.
En definitiva que eso del concepto de la seguridad no es más que una leyenda urbana que no sé muy bien por qué nos empeñamos en propagar. Que a veces es conveniente contar hasta diez pero que muchas veces diez es demasiado tarde. Y que, en cualquier caso, y aunque normalmente mis saltitos suelen estar muy medidos, si alguna vez caigo mal tampoco será el fin del mundo. Ya me han dado besos y pegado alguna que otra bofetada y casi todas, con el tiempo, se recuerdan con cariño.
Lo que no llegará al final serán mis pasos, no el camino. No ves que siempre vas detrás cuando persigues al destino.
Siempre es la mano y no el puñal nunca es lo que pudo haber sido no es porque digas la verdad es porque nunca me has mentido.
No voy a sentirme mal si algo no me sale bien he aprendido a derrapar y a chocar con la pared que la vida se nos va como el humo de ese tren como un beso en un portal antes de que cuente 10.
Y en estas estamos cuando escucho la nueva canción de fito y claro, con esa manía que tengo (y me consta que no soy el único) de asociar canciones a vivencias me da por unir puntos.
Yo me he criado en un matriarcado. Creo que en eso he tenido suerte. De mi propia experiencia y observación he conocido muchos casos donde en la familia quien dirige la cosa es la madre y en otras donde es el padre y en casi todos los casos la cosa ha ido mucho mejor cuando el timón lo lleva la mujer. Todos sabemos que la mujer es mucho más juiciosa y prudente en general y por eso tampoco es tan extraño.
En mi caso mi madre siempre ha sido la lider y mi padre, una persona a quien todo el mundo quería, se dejaba llevar. Ese papel de mujer fuerte le viene a mi madre de herencia. Su madre (mi abuela) era una mujer menuda pero de armas tomar. Gracias a sus viajes como acompañante y cuidadora de su tío cura (una institución que se ha perdido pero que fue un clásico en las familias españolas durante siglos) conoció ambientes que entonces eran ignotos para una chica de pueblo manchego como ella. Gracias a su determinación por ejemplo mi madre estudió una carrera universitaria. No es muy difícil imaginar lo transgresor que pudo ser en 1945 que una familia manchega enviase a estudiar a una mujer a Madrid. Costó el esfuerzo y el trabajo duro de toda la familia porque entonces la cosa funcionaba así. El trabajo de mi abuelo y mis tíos mayores permitió a mi madre estudiar y nada más acabar la carrera y comenzar a trabajar (obviamente no había paro en el sector) ella se encargó de pagarle los estudios a su hermana. Pero más allá del esfuerzo económico lo verdaderamente meritorio desde mi punto de vista es el hecho de plantearse que un hijo, y más difícil aún, una hija en una familia de pueblo en la postguerra española, tuviese estudios.
Mi madre sacó muchas cualidades de mi abuela como la determinación, la independencia (en su caso incluso económica gracias a su carrera profesional) y la inteligencia. Mi padre siempre fue una persona amable, querida y respetada pero en cuanto a llevar las riendas de la casa no tenía nada que hacer. Como las apariencias son las apariencias, mi madre se encargaba siempre de hacer ver que quien mandaba era él pero todo el mundo sabía lo que había. De hecho, mi padre siempre quiso y admiró a mi madre por eso y aprendió a vivir con ello.
Tal vez por eso, cuando yo era un chaval y me pedían cualquier cosa que incluyera el permiso paterno yo solía referirme a mi madre porque sabía que era quien, al final, decidiría. Llegado a este punto no se si es correcto u oportuno decir que siempre me han dicho que me parezco a mi madre pero es la verdad.
Pero las circunstancias especiales de mi madre (especiales en su tiempo porque hoy día son las habituales) tenía su cara menos agradable. Por ejemplo, mi madre trabajaba y obviamente no podía estar en casa a todas horas. Creo que cuando yo estaba en tercero de EGB era el único niño de la clase al que no venía a recoger su madre. También el hecho de ser la autoridad y su particular forma de ser derivó en que mi relación con mi madre nunca fue demasiado mimosa. En realidad digamos que en mi casa quien nos consentía era nuestro padre y la que se ponía firme era mi madre. Por otra parte, y por cosas que suceden en mi familia siempre hemos sido muy independientes. Es curioso porque cuando nos juntamos para eventos sociales a todo el mundo le llama la atención lo bien que nos llevamos pero en la práctica cada uno de los hermanos ha ido "a su bola"
Tal vez ese sea el verdadero secreto de que no nos peleemos. Con mi madre no recuerdo la última vez que discutí o me enfadé. Probablemente tenga que retrotraerme a la adolescencia primera (hace nada). La razón estaba en el hecho de que desde muy joven yo he vivido emancipado y en general no he involucrado a mi familia en mis cuitas personales o profesionales. Por poner un ejemplo, jamás he llevado a una novia a mi casa. Eso a mucha gente le parecerá tremendamente extraño e incluso malo pero tiene sus ventajas. Cero discusiones sobre mis parejas, cero explicaciones, cero disgustos.
Hasta hace poco, la relación con mis padres solía consistir en una llamada semanal y una visita cada dos o tres meses aparte de la consabidas fiestas familiares como la Navidad. Siempre cordiales, siempre agradables y siempre cortas (y no quiero decir que lo uno implicase lo otro o vicerversa pero puede que algo hubiera). Sin embargo con la enfermedad de mi padre y definitivamente con su fallecimiento algo ha sucedido con mi madre y creo que también conmigo.
Ahora, si no llamo un día mi madre se pone triste y voy prácticamente cada mes a verla. Para rizar el rizo incluso cuando regreso de una de esas visitas en el momento de partir a mi madre se le escapa alguna lagrimita. No solo eso, me pide opinión para todo y me hace caso!!!. Algo inaudito hablando de quien hablo. En definitiva, mi madre se ha convertido en una mama mimosa e incluso un poco empalagosa. Quien la ha visto y quien la ve.
Pero no solo eso. A mí también me está afectando. De todos es conocido que no hay nada que moleste más a una mujer (por mucho que seguro que reciba comentarios negándolo) que un hombre "madrero". Yo, como ya he explicado, jamás lo he sido. Aparte de que con esta práctica que yo llamo "separación de cariños" nunca me he tenido que preocupar de que a mi pareja le caiga bien mi madre ni vicervesa. Tampoco se me conoce una referencia y/o comparación a las bondades de la cocina de mi madre, o a lo bien que planchaba o cualquiera de las tipicas cosas que tanto molestan a las mujeres.
Sin embargo últimamente, imbuido de este sentimiento materno-filial novedoso y un pelín cursi no sólo hablo de mi madre sino que en algunas ocasiones la llamo "mami" (horror!). Ayer mismo una chica me dijo que le hacía gracia (aunque sonó un poco a lo contrario) que un tío como un armario (se refería obviamente a mi musculatura hercúlea) hablase de su "mami". Aún estoy lo suficientemente lúcido como para darme cuenta de que, efectivamente, es un poco ridículo pero mucho me temo que como esto siga así en poco tiempo le responda a la que se atreva a referirse a ello la famosa frase de "Oye, tú para hablar de mi madre te lavas la boca!".
Y bueno, lo dejo ya que tengo que llamar a mi mami.
En realidad, les debería presentar a "un McGuffin" porque en realidad no se trata de una persona. Ni incluso, aunque pudiera parecerlo se trata de una magdalena grande. Un McGuffin para todos aquellos que no estén familiarizados con el mundo de la erudición (e incluso para los que los estén) es un recurso argumental que se usa como mera excusa para introducir una historia.
Dicen que quien bautizo al McGuffin fue Alfred Hitchcock pero en realidad el McGuffin se usa desde siempre en relatos. Incluso la biblia tiene sus McGuffins (imagino que este será un plurar correcto) y sino que alguien me explique que es la famosa Arca de la Alianza. De hecho la famosa Arca fue reutilizada como McGuffin siglos más tarde en la no menos famosa película de Inidiana Jones.
El McGuffin se presenta como un elemento crucial en la historia pero luego simplemente se diluye o desaparece y sólo cuando todo ha sucedido nos damos cuenta de que en realidad era una mera excusa. Tal vez el McGuffin más famoso de la historia cinematográfica sea el "Rosebud" de Ciudadano Kane que se presenta como un misterio y no es más que una excusa para desarrollar la trama. Hitchcock que, como ya he mencionado, creo que fue el que lo bautizó, dijo sobre el McGuffin "En historias de rufianes siempre es un collar y en historias de espías siempre son los documentos". En la práctica el McGuffin no sólo permite la introducción de una historia sino que a veces sirve para desconcertar al lector o espectador e incluso para rellenar espacio o tiempo.
Los McGuffins se usan de forma intensiva (a veces extensiva) en todos los formatos narrativos. La serie Perdidos esta plagada de McGuffins como por ejemplo el oso polar o la escotilla. Para mí el ejemplo perfecto de utilización de McGuffins se da en los Simpsons. De hecho algunas veces se usan encadenados produciendo giros increíbles en los argumentos. Ahora me viene a la mente el capítulo donde la bebe (me pasa como a Hommer que no recuerdo nunca el nombre) se come una revista y su madre le lleva al médico. En realidad este hecho solo sirve como excusa para que Hommer vaya a comprar y humille al chico que mete la comida en las bolsas y estos hagan una "huelga salvaje". Pero esta huelga sólo sirve como excusa para continuar con el hecho de que, al no poder comprar comida, todos los habitantes del pueblo comienzan a pasar hambre. Y ni por esas. El hambre no es más que otra excusa para explicar el porqué Hommer sigue al perro hasta el desván sospechando que ha encontrado comida y allí encuentra un paquete de galletas antiquísimo. Hommer se come una galleta rancia y cuando parece que ahí estará el argumento en realidad lo que sucede es que descubre una figurita de una promoción que indica que le ha tocado un viaje a Africa. Y este es el argumento principal del capítulo: Los Simpsons se van a África.
Es aquí cuando a mí me surge la duda. En el párrafo anterior he escrito "su madre le lleva al médico" pero no sé si es correcto usar "su madre la lleva al médico". Y es que esto de vivir en Madrid está produciendo algunos efectos en mi sentido de la corrección gramatical de forma que lo que antes me hacía daño a los oídos como era el laísmo ahora me resulta natural. De hecho he preguntado a varias personas y ninguna me sabe decir si lo correcto (o tal vez debería decir lo más correcto) es usar el "la" o el "le". De hecho tengo tan oxidados mis conocimientos gramaticales que dudo incluso de si se trata de complemento directo o indirecto porque aunque se trata de una persona en realidad yo creo que estamos hablando de un complemento directo y no indirecto.
Como veis, mi duda es poco relevante. Tan poco que necesitaba algo con que envolverla así que me he dicho: "...pues vamos a meter un McGuffin".
Hoy me he enterado (seguramente la noticia es antigua) que van a cambiar el nombre de una calle en Sevilla para ponerle “Pilar Bardem”. Me parece lamentable la cosa por varias razónes. En primer lugar porque no se trata de bautizar a una calle nueva sino que para eso se quita el nombre anterior que era “General Merry” que, como parece que nadie sabía hasta ahora, fue un general español en la guerra de Cuba. Por cierto, en medio del penoso espectáculo general la mayoría de los concejales creían que la calle se llamaba así en memoria del hijo de ese general que fue capitán general de la región militar en la transición y al que acusaban de que tenía esa calle por méritos contraídos en la época de Franco.
De hecho, es por eso que se decide algo tan desagradable como quitarle a alguien el honor de que una calle lleve su nombre. Según se dice se trata de aplicar la famosa ley de la memoria histórica. Así pues, en Sevilla somos (o son, que yo administrativamente soy madrileño ya) tan chulos que nos permitimos aplicar la ley de la memoria histórica basándonos en una falta de memoria histórica y a la vez, aplicar un exceso de memoria histórica extendiendo el alcance hasta la guerra de Cuba.
Esto de aplicar la ley de la vergüenza histórica (que es lo que realmente es) a la guerra de cuba es algo con lo que seguro que Fidel (y su amigo Chaves) está plenamente de acuerdo con el cambio de nombre. De hecho no sé cómo no exige la inmediata retirada de las calles dedicadas al general realista Domingo de Monteverde.
Aparte de la anécdota que no hace sino volver a incidir en la pésima cultura de nuestros políticos (y dejadez porque para saber a quién estaba dedicada sólo tenían que consultar un libro interesantisimo donde se explica el origen de los nombres de las calles de Sevilla que fue publicado por el mismo ayuntamiento al que pertenecen), a mí es que eso de que le pongan nombres de personas vivas a las calles me chirría bastante. Y mucho más si se trata de personas con marcada ideología. Porque el nombre de una calle al fin y al cabo se convierte casi en un dato personal para quien vive allí. A mí no me gustaría vivir por ejemplo en la calle "Jose Maria Aznar" , "Anguita", "Acebes", "Rubalcaba", "Fraga" o "Zapatero" por poner ejemplos de todos los lados. Con el tiempo, cuando pasan décadas o siglos, las cosas se van suavizando. Seguramente dentro de doscientos años alguien pueda decir que vive en la calle de Aznar que "fue un presidente que hubo a finales de siglo XX" sin que nadie recuerde forzosamente la foto de las azores o que Zapatero "fue presidente en la época en que Bibiana Aido fue ministra" sin recordar que... bueno, sin recordar que hizo algo en alguna ocasión. De hecho, yo que vivo en una calle con nombre de literato no admitiría un cambio de nombre por un político, salvo tal vez si se trata de Pepiño Blanco ("Calle del conceto", estaría bien).
La calle donde vivían mis padres en Sevilla pasó de tener un nombre muy bonito a tener otro que nadie conocía y bastante feo. A base de google y algún libro antiguo descubrí que esa calle tenía el nombre un alfarero que vivió hace siglos en Triana y al que se le considera responsable del estilo típico de la zona. Nada que objetar. A lo mejor este tipo era un monstruo, un pésimo marido y un desastre como padre pero ¿quién se acuerda?. Nadie va a objetar nada al respecto por dos cosas. Una es que tiene méritos objetivos ya que la alfarería de Triana es famosa en el mundo entero (incluso más allá del puente de Triana) y otra es que el tiempo ha limado cualquier posible arista o duda sobre este señor. De hecho, en Sevilla (y supongo que en el resto de mundo) hay muchas calles dedicadas a personajes que con el tiempo se supieron que nunca existieron (lo mismo que santos como San Valentin).
Pero no, a partir de ahora habrá unos cientos de personas que pasarán de hablar de su calle como General Merry y no tener ni idea de quien fue para residir en una calle dedicada a la memoria de una señora famosa básicamente por insultar a todo el que se pone por delante, ser condescendiente (o al menos nada tajante) con la violencia de Eta, capitanear manifestaciones, defender el canon digital o ser "madre de" (que digo yo que al menos le podrían haber puesto calle de la madre que parió al novio de Penelope Cruz). Y seguro que hay muchos (de hecho, en ese barrio creo que mayoría) los que comparten sus opiniones pero a otros muchos seguro que les jode que, además de pagar el canon digital y parte de sus impuestos para subvencionar la industria responsable de tanto bodrio de cine español, tengan que ir a renovar el DNI por culpa de esta señora que, para redondear la cosa dice que nació en Sevilla porque "en algún sitio hay que nacer". Y si bien es cierto que a mí esa señora me cae mal (sin ninguna razón personal porque no la conozco) espero que se entienda que exactamente igual de mal me parecería si la calle se dedica a personajes de cualquier otra ideología o que incluso me resultaran simpáticos (lo que elimina categóricamente a cualquier político). Vamos que por si hay dudas, estaría igual (o más) de indignado si se dedicara la calle a Pio Moa, Cesar Vidal o a alguna artista-intelectual de derechas como Norma Duval.
Puede que alguien opine que en realidad se le otorga este honor a Pilar Bardem no como ideóloga comunista y santa patrona de la cofradía de la ceja sino es su faceta más artística. Seamos serios. La señora Bardem no es que haya destacado demasiado como actriz y en cualquier caso chirría un poco que la propuesta del cambio de nombre venga precisamente del partido en el que ella milita (incluso siendo candidata). Hay un caso que presenta más dudas y es el de Saramago (que parece ser que también ha sido agraciado en la lotería) que siendo un hombre de marcada ideología no deja de ser un escritor ilustre.
En definitiva, si quieren cambiar el nombre a una calle para evitar molestar -y entiendo perfectamente que se cambie la calle "Alfereces provisionales" o "Caudillo" o "General Mola" (mola más teniente-general)- que le pongan calle de la libertad, calle de la fraternidad o calle del "ministerio de Bibiana" pero que no busquen entre los intelectuales y políticos actuales porque la verdad, hay poco donde escoger y de ello poco o nada medianamente aceptable. Esto lo han entendido perfectamente en los pueblos pequeños donde, en muchos casos, las avenidas del generalisimo, de Franco o de Azaña se han convertido en "Calle de arriba", "Calle de Abajo" o "Camino del pozo" que es como se deberían conocer todas las cosas. En Sevilla mismo hay ejemplos clarísimos de la sabiduría popular, Así por ejemplo la avenida del generalísimo pasó a ser la Avenida de la Constitución pero daba igual porque todo el que se ha criado en Sevilla sabe que se trata de "La avenida", lo mismo que el puente de Isabel II siempre ha sido el "puente de Triana" y el campo del Betis siempre ha sido "el campo del Betis" por más que algún tonto quiera regalarse la vanidad poniendo su nombre.
De hecho, me apuesto lo que sea a que la calle General Merry será la calle General Merry por mucho que se afanen en cambiarle la placa. A no ser que, como ya se dice en algún periódico (poco afín, todo hay que decirlo) la gente comience a llamarla la calle de la pancarta.
Hace unos días un amigo me invitó a salir a tomar una copilla junto con un grupo. Ellos iban a cenar antes y después irían a un sitio del que yo había oído hablar a veces ya que es bastante conocido pero en el que yo jamás había estado. Como es habitual, decidí saltarme la cena y asistir directamente al sitio de copas y me encontré con que, aunque sabía más o menos donde quedaba el garito en cuestión, no conocía la dirección exacta. La solución: “San Google bendito”. Metí el nombre en cuestión y como es normal salieron cientos de resultados. Comenzó ahí una sesión de investigación “fascinante”.
Parece ser que ese sitio levantaba pasiones de todo tipo porque me encontré varias páginas en las que se daban opiniones. Una de ellas, muy curiosa desde el punto de vista sociológico, era un blog donde los comentarios se centraban en el hecho o no de que fuese un garito frecuentado por futbolistas. Parece ser que eso le otorga un caché distintivo a un sitio de copas. De hecho las opiniones negativas no incidían en lo absurdo de que un sitio sea mejor o peor por el hecho de encontrarte en él a un futbolista sino más bien en el hecho de que los futbolistas que asistían eran de la cantera madridista lo cual es una terrible desilusión ya que no dejan de ser jugadores de segunda B. Una chica, con vista de lince e instinto inversor evidente, llegó a puntualizar que es precisamente cuando un futbolista está en la cantera cuando es “ligable” porque cuando sube al primer equipo ya se vuelve inaccesible. Le auguro un provechoso futuro a la niña.
Otras opiniones (por cierto, la mayoría negativas) hablaban del hecho de que era caro, de que los porteros eran mal educados y arbitrarios (donde vamos a llegar, un garito con porteros maleducados….) o de que era carísimo. No obstante, lo que de verdad me hizo gracia fue un foro donde se hablaba de este sitio como uno de los muchos donde acuden “maduritas”. Como ya he confesado en más de una ocasión, yo he sido siempre un amante de la mujer madura. Otra cosa es que ahora la mujer madura sea a veces menor que yo. El caso es que en estos foros se hablaba de un tipo de mujer madura especial. Se trata de la mujer de treinta y tantos o cuarenta, buenorra, con un mercedes descapotable y un ático en un buen barrio de Madrid y que en cuanto ve a un chaval de dieciocho a veintipocos años se tira directamente a por él metiéndole mano. Para terminar, parece ser que estas tías buenorras no solo se tiran al chaval sino que despues les hacen el desayuno con amor maternal y les dan las llaves del descapotable y pasta para que salgan con los colegas.
He de reconocer que me intrigó bastante este prototipo de mujer que, puedo dar fe, cuando yo era un ventiañero nunca me encontré. Por supuesto que me encontré a mujeres maduras muy similares a Kim Bassinger que nada más verme entrar por le puerta me metían mano y si bien es cierto que tenían un pedazo de Mercedes en la puerta, jamás de los jamases fue descapotable. Seguí investigando por los foros conectando puntos y ya en este caso mi investigación se centraba mucho más en las historias de ligues con maduritas que en el garito en cuestión. Descubrí una larga lista de sitios (algunos de ellos los conozco) donde efectivamente según los múltiples comentarios y experiencias de los foreros, abundan las mujeres maduras buenorras que al ver a un chavalin se deshacen como mantequilla. De hecho, si hacemos caso a los comentarios de los foros (y nada hace pensar que no sean absolutamente ciertos y fidedignos a no ser que seas particularmente desconfiado) parece ser que si tienes veinte años es muy habitual que una “vieja” de treinta y tantos se te siente encima de las rodillas y te meta mano de forma descarada . No sabe uno si sentir envidia o alivio al no ser protagonista de tan comprometedor y vergonzoso espectáculo.
No me hicieron gracias algunas referencias de estos chavales a los viejos. Como “pureta” de más de cuarenta considero ofensivo que se defienda que las mujeres de cierta edad están hartas de los “tios viejos con barriga a los que no se les levanta”. Esta es una de las razones principales, según parece por la que los chavales de veinte años están tan solicitados entre las mujeres maduras ya que es imposible resistirse a su brío y potencia juvenil. Uno de ellos incluso aportaba un dato revelador. Con dieciséis años es obvio que produces el mismo efecto entre tus profesoras y las madres de tus amigos (no sé yo este chaval admitía que sus amigos produjeran el efecto en su madre) pero tienes un problema que es tu inexperiencia. Ya con dieciocho la cosa cambia y a la potencia adolescente se une el “expertise” en las artes amatorias lo que te hace definitivamente irresistible.
Esto de la chulería del experto es quizas lo que más diferenciaba a las fantasías de "mi época" con maduras. Cuando yo era un chaval nuestras fantásias eran del tipo "en brazos de la mujer madura" donde la mujer en cuestión nos veía como unos chiquillos dulces y se apiadaban de nosostros enseñandonos algunos de los secretos de la vida. Estos chavales de los foros no. Estos tíos con veinte años le enseñan a estas viejas lo que es bueno porque, es obvio, hasta ahora no sabían lo que era estar con un chaval como ellos.
Por supuesto, tomé conveniente nota de todos esos sitios donde las maduritas van a “follarse vivos” a los jovencitos. También decidí comenzar inmediatamente un tratamiento de rejuvenecimiento intensivo para ver si puedo pasar por un chavalin. En el peor de los casos puede que haya alguna mujer que cuando salga de caza no de con una pieza joven y me elija a mí como segunda opción.
Cuando ya me estaba cansando un poco de la historia de las maduritas al comprobar como, por una casualidad del destino, todas las experiencias de estos chavales con las "maduras salidas" se parecían unas a otras como gotas de agua di con un foro que me apunto para posteriores visitas y que es una mina. Se trata ni más ni menos de un sitio donde se analizan las técnicas para ligar. Pero que nadie crea que se tratan de historias del tipo “pues al final me follé a esa y a su hermana”. No. En este foro se trataba el asunto seria y concienzudamente desde un punto de vista científico. Basado en un best seller (según parece) sobre un método para ligar, los componentes del foro se expresaban en una jerga propia trufada de acrónimos y palabros técnicos. Podriamos decir que el objetivo del Aven es conseguir abrir un set con una TB8, conseguir un CCT para atacar en el D2 y finalizar exitosamente superando el RUM.
Por si alguien no ha entendido (así os va como os va…) el Aven es el master del universo que ha encontrado el secreto del ligue. No sé si viene de “aventajado” pero significa algo así como “el puto amo”. “Abrir set” creo que es entablar conversación o iniciar contacto. La TB8 es una tía buena de grado ocho (creo que la escala va de cero a nueve pero tengo que investigar más). El CCT es el “cierre con teléfono”. En esta nueva técnica avanzada el objetivo parece ser conseguir el teléfono de la víctima (la TB8, que no os enteráis). Esto me da a mí un ligero tufillo a origen americano porque allende los mares parece que tienen cierta fijación con esto de conseguir el teléfono de una chica. Por último, el D2 es el día dos y el RUM es la “Resistencia de Último Momento” que es algo así como el “Yo no debería estar haciendo esto” de la chica cuando ya estas a punto de consumar.
En mi curso intensivo de técnica avanzada de ligar (ya se me hacía tarde) intenté interiorizar los conceptos básicos de la técnica científica para ligar. Lo importante era hacerte pasar por un “macho alfa” (el líder de la manada) de forma que la TB en cuestión te encontrase irresistible. Afortunadamente para mí (que como ya he dicho muchas veces ligo menos que los gases nobles) en el foro había lo que ellos llaman “informes” que no son sino la descripción pormenorizada de proceso de ligoteo. O sea que esta gente sustituye el famoso “cuenta, cuenta…” por el “a ver, quiero ver un informe por duplicado encima de mi mesa y es para ayer”. Lo más interesante de los pocos informes que leí (estuve a punto de pasar de ir al garito en cuestión y quedarme investigando) era la descripción de las conversaciones donde quedaba claro que estos tíos eran auténticos “Aven”. Incluso muchos de ellos transcribían directamente las conversaciones del msn. Después del informe, los posts de los más experimentados comentaban el caso desde un punto de vista científico ilustrándonos a los novatos.
- Hola - Hola - Sabes?, me encantaría que me contases tu historia.
Bien, aquí nos encontramos con la típica apertura de valor donde nos posicionamos como alguien original a la vez que le damos la oportunidad de sentirse especial.
- Tu eres una estrella y conmigo brillarías más.
Bueno, este es un típico caso de recompensa donde además aportamos valor positivo destacándonos claramente como machos alfa
¡Cuanta sabiduría!. ¡Si yo hubiese conocido esta ciencia!. Otro gallo me hubiese (o hubiera) cantado. Una perla que se me quedo grabada y jamás olvidaré (lo trasncribo tal cual para que el mensaje no pierda su valor intrínseco): - “No olvidarse ke es importante descrivirse como un tio educado y culto y saber manejarse con un lenguaje chulifresco”
He descubierto con desolación que yo jamás me he “descrivido” con lenguaje chulifresco.
Después de la avalancha de información y conocimientos con evidente base empírica me dispuse (me disponí vaya…) a irme al garito en cuestión. Nada más entrar, antes incluso de buscar al grupo de gente con el que había quedado busqué con la mirada a ver si había alguna madura tipo Kim Bassinger metiéndole mano a un chaval pero no la encontré. No me extraña porque en la puerta no llegué a ver el descapotable. Imagino que ya se lo habrá llevado a su ático para follárselo, prepararle el desayuno y darle un dinerillo para sus gastos. Cuando vi al grupo junto a otra mucha gente que no conocía descubrí a una chica con la que he hablado varias veces y fui directamente a saco: - Oye, eres alguien que merece ser conocida. Cuéntame tu historia. - Ja, hoy estás más raro de lo normal. ¿O es que has bebido?.
Maldición, nadie me hablo del RPM (resistencia del primer momento). Eso me pasa por lanzarme a la práctica sin dominar la teoría.
Al poco tiempo hice una rápida inspección del local y me encontré con un grupo de chavales de unos veinte años, que parecieran vestidos por el estilista de operación triunfo, oteando el horizonte. Pensé en los foros e imaginé las historias (perdón, informes) con las que vacilarían al día siguiente. O tal vez simplemente eran víctimas de esos foros. De hecho hace tiempo que observo que la cantidad de chavales jovencitos que asisten a estos sitios de gente madura (o de viejos según ellos) crece exponencialmente. Como esto siga así no se si va a haber maduras buenorras con descapotables para todos.
En una ocasión cuando iba a por una copa escuché como uno aseguraba que la rubia de la minifalda le había fichado. Casi me atraganto al comprobar que la rubia a la que se referían era la novia del amigo que me había invitado. Será chulifresca!. En cualquier caso, volví a observarlos y si digo la verdad, más que machos alfa a mí me resultaron hombres en versión beta.
váyase usté a esparragar si es que recuerda que es eso.
Atentamente,
Titobeno.
PD: Como a lo mejor le parece a usted (o usteda que defendería la ministra Aido) un poco borde y poco razonada esta carta quisiera explicarla.
Ayer alguien me contó que había comprado fruta barata en pleno Paseo del Prado de Madrid. Parece ser que su pretensión es protestar por los márgenes abusivos que los intermediarios aplican a sus productos. Para ello se los ocurrió vender frutas y hortalizas al precio al que a ellos le compran en el campo.
Es una queja tan repetida y tan bien expuesta que lo normal es coincidir con ella. Eso sí, cuando digo "bien expuesta" me refiero a que es muy conveniente a su postura no que sea correcta. Hace un tiempo conocí de primera mano a alguien que tenía dos fruterías y que no hace demasiado tuvo que cerrar una por esto de la crisis. Hablando con él me di cuenta en lo falaz de los argumentos de los agricultores. He de decir aquí que yo sé lo que es la agricultura. Mi dos abuelos tenían tierras, mi padre se crió entre grano, uva, olivas y ganado y tres tíos míos (jubilados ya) aún tienen y han vivido de ello. También pasé veranos de mi infancia en pueblo de agricultores y estoy bastante familiarizado con los trabajos del campo. Tanto con los duros trabajos de antaño (siembra, arado, cosecha, trillo, venteo, etc...) como con los no tan duros de ahora (semanas sin dar palo al agua y trabajos hechos por máquinas y a veces subcontratados).
Una cosa tienen en común todos los agricultores (y aunque conozco menos el sector, los pesdcadores tambien) y es su propensión a la queja externa. Otra cosa es que te reconozcan el petit comité que se vive bien de ello. Se quejan si no llueve y si llueve. Se quejan si hay buena cosecha porque bajan los precios y si no la hay porque no la hay. Se quejan de que las ayudas por sembrar no suben o porque van a desaparecer las ayudas por no sembrar. Y sobre todo se quejan por el tema de los precios. "Como puede ser que a mí me paguen a 20 céntimos el kilo si despues en el Carrefour cuestan a un euro". Lo que no suelen decir estos señores es que gracias a la increible política agraria de la comunidad económica europea (gentileza de nuestros vecinos franceses), el campo es la actividad más subvencionada que existe hasta el punto de que en muchos casos la subvención es el único fin de la siembra. Hace un tiempo se hizo famoso el asunto de lino pero es algo que ocurre en muchos otros productos.
Que la cosa está jodida es cierto pero yo les propongo una cosa a esos señores que ayer estaban en el Prado. Aprovechando que la cosa esta mal pueden echar un vistazo a los locales que hay por allí por el Prado, tal vez puedan alquilar un buen local que como ustedes ya sabrán estan muy bien de precio, más tarde, dediquen dos meses pagando alquiler a la reforma y mobiliario que, seguro que lo saben tambien, suele salir baratita, luego paguen ustedes licencia de apertura, seguros, contribución urbana, vado si necesitan aparcar el camión para descarga, paguen el camión y el gasoil, las cámaras frigorificas y la energía, el gasoil para el camión a precio de gasoil real, no a la mitad de precio y a alguien para que les ayude por no hablar de gastos varios como bolsas, estanterías, cierres y empresa de seguridad, básculas, etc....
Despues se pueden ustedes levantar todos los días a las tres de la mañana para irse a Mercamadrid o, si lo desean, vayansé ustedes a sus tierras y a su naves a recoger el género. A las siete de la mañana, cuando lleguen a su local, descarguen el camión y coloquen con mimo las frutas y hortalizas desechando aquellas que tengan motitas o fallos (más vale que a sus hijos les guste la fruta "madurita"). Tiré usted la fruta que lleve más de cierto tiempo a la venta y cuando lleve usted seis o siete horas en pie, entonces, abra la tienda y comience su jornada laboral. Atienda a sus clientes, haga repartos, pele y trocee la fruta para los más exquisitos y en definitiva, tenga usted abierta su tienda hasta las ocho o las nueve de la noche porque la gente tiene que comprar cuando sale del trabajo.
Y entonces, sólo entonces, aplique usted lo que llama "precio justo" y cobre el kilo de patatas a quince céntimos que es lo que le pagan a usted. Pero recuerde que, cuando no llegue a fin de mes o pierda dinero no podrá pedir que lleguen las ayudas, ni que le paguen por quedarse en casa porque hay pocas sardinas o no llueve y tendrá usted que pagarle al señor Gallardón un doscientos por ciento más de impuestos y si no paga le embargan.
O eso, o se tira usted la mañana durmiendo, despues de comer se va al casino a echar su partidita, dedica una media de quince días al año para sembrar, arar, abonar y cosechar la tierra y rellenar los impresos para las subvenciones y una o dos veces al año se levanta temprano, le echa gasoil industrial a mitad de precio a su coche, se va usted a la capital, monta un puesto por la cara en el mejor sitio de la ciudad y vende los pepinos a lo que le da la gana y critica a los intermediarios que se hacen rico con su sudor.
Hace años me contaron un chiste que me sigue haciendo gracia cada vez que lo recuerdo aunque últimamente no tanta. Para no hacer más largo de lo habitual el post lo resumiré: Tres hermanos reciben en herencia catorce hectáreas de terreno pero no saben como repartir catorce entre tres. Para ello llaman al “listo” de la familia que ha estudiado “exactas” en la capital. El tipo se pone a hacer operaciones y después de rellenar decenas de folios llega a una conclusión: “ya está, catorce entre tres. Dos a siete y uno a ná”.
Este chiste se puede usar como metáfora o ilustración para muchos aspectos de la vida. A mí siempre me recordó la forma de repartir la riqueza en el mundo. También para simplificar la doble moral que todos practicamos. Esa doble moral que nos hace promulgar valores tan bonitos y loables como la solidaridad mientras que no aceptamos el más mínimo sacrificio. Un amigo mío solía decir que él defendía eso del cero coma siete por ciento siempre que fuese el cero coma siete de los demás. Es, ni más ni menos que lo que defendemos la mayoría. Todos sabemos y condenamos las barbaridades que se hacen en muchas zonas del mundo simplemente por el control de determinadas materias primas. La cuestión es quien aceptaría el más mínimo sacrificio para subsanar estas injusticias. La práctica dice que muy poquitos.
Últimamente con esto de la crisis la famosa división del experto del chiste se ve aún más evidente. No hace mucho, en una conferencia de un premio nobel (Paul Krugman), el tipo dijo lo que muchas veces hemos pensando todos (al menos todos los que piensan sobre esto) y es que la salida de la crisis será particularmente dolorosa en España porque este país había vivido durante años por encima de sus posibilidades y gastandose lo que no tenía. La solución que daba el tipo era tan simple como ingenua: tenemos que renunciar a una parte de nuestra riqueza. Lo que venía a proponer era una reducción de margenes empresariales y sueldos de un quince por ciento anual durante dos años para aumentar la productividad. Nuestra productividad es una de las más bajas de la OCDE y sólo hay dos formas de reducirlas: echando a gente a la calle o reduciendo nuestros ingresos. Desde un punto de vista solidario pareciera que lo mejor sería que todos renunciaramos a un poquito para evitar que una parte (parte por otra parte nada despreciable) renuncie a casi todo.
Cada vez que se plantean estas cosas surge el rechazo general con excusas de todo tipo. Normalmente lo que se hace es echarle la culpa a los demás. A los especuladores (al fin y al cabo nadie ha invertido nunca), a los bancos que regalaban el dinero (porque nadie pidió esos créditos, por supuesto) a los que se aprovecharon de la burbuja inmobiliaria (que ultimamente parece que nadie especuló con pisos), a los empresarios que se han hecho multimillonarios a base del duro trabajo de sus empleados, al vecino de al lado, al gobierno, a los americanos, etc..
Desde hace unos meses conozco varias empresas en las que se ha propuesto una congelación o una reducción de sueldo para poder sobrevivir y mantener los puestos de trabajo. En todas sin excepción se ha rechazado la propuesta. El resultado es que, o desaparece la empresa o se tiene que echar a gente a la calle. Parece bastante evidente que cuando la tarta pasa de ventiuno a catorce, la mayoría piensa que la mejor forma de hacer el nuevo reparto es que dos sigan con siete y uno se quede con nada. De momento ya casi llevamos cuatro millones de estos últimos.
Leo con alborozo poco contenido que los presidentes de Castilla-La mancha y de Castilla Leon se han reunido en zona fronteriza (Talavera de la Reina) para facilitar el intercambio de servicios en las zonas limítrofes de las dos comunidades. Según dicen la nota "Ambos resaltaron la necesidad de superar fronteras".
Soy perfectamente consciente de que las buenas intenciones y las buenas palabras no constituyen la confirmación de una buena acción y mucho menos tratándose de políticos pero hoy me siento optimista y de pronto me da por pensar que tal vez en un futuro más o menos próximo todo nuestro mundo sea mucho mejor.
Seguro que quien me lea me tachará de insensato pero ¿quién me quita a mí la esperanza de que algún día las fronteras entre Castellanos-Manchegos y Castellanos-Leoneses se diluyan como azucarillo en agua?. Tal vez nosotros no lo veamos pero al menos las bases están puestas y puede ser que las próximas generaciones si que lo consigan. A duras penas puedo imaginar un mundo en que los toledanos de Sotillo de las palomas puedan sentirse en la abulense Mijares como si estuviesen en su mismo país pero todo llegará porque no hay quien detenga al progreso. La unión de todos los humanos en esta nuestro planeta-casa se está gestando y comienza en estos pequeños gestos.
Porque estas noticias aparentemente sin importancia pueden abrir puertas a muchas otras. Por ejemplo, una vez que las fronteras entre Castilla-La Mancha y Castilla-León sean superadas ya nada impide que la comunidad de Madrid y Extremadura abran líneas de comunicación. Ya sé que a veces peco de demasiado optimista pero es que la expectativa de viajar desde Madrid a Cáceres sin cruzar fronteras me entusiasma.
Desde que he leído la buena nueva no hago otra cosa que arrojarme cubos de agua fría para refrenar mi entusiasmo. Soy consciente de que la superación de fronteras siempre tiene que luchar con efectos colaterales indeseables. No son pocos en Albacete los que recelan de la posible avalancha de fontaneros sorianos que les dejen sin trabajo. Tampoco en Zamora están muy por la labor de acoger a los inmigrantes Ciudad-Realenses atraídos por el efecto llamada. Habrá que recorrer un buen trecho hasta que las diferentes culturas puedan convivir pero tengo la certeza de que tarde o temprano alguien descubrirá que, aunque hoy día nos pueda parecer inconcebible, los zarajos conquenses podrán ser acompañados de un buen vino de Toro.
Así pues, hoy son Castilla-La mancha y Castilla-Leon pero mañana serán Asturias y Cantabria y pasado, quien sabe, Andalucía y Extremadura. Desde aquí os digo que veo un futuro no muy lejano donde un hombre será igual (o al menos parecido) sin importar el hecho de que haya nacido en Almendralejo o en Dos Hermanas, en Alcobendas o en Mieres. Donde un Mostoleño de bien pueda trabajar en Seseña sin miedo a sentirse perseguido ni “ilegal” y donde, a diferencia de mi caso, un Sevillano no tenga que pasar Despeñaperros en patera para conseguir fundar una vida en la capital. Quién sabe si, en el colmo de la integración, un ministro pueda cazar en Jaén con la misma licencia que le permite cazar en Toledo.
Es un solo un pequeño paso en la dirección correcta pero ya se sabe que un gran viaje comienza siempre por un paso. Un proverbio por cierto que con muy pequeñas matizaciones es propio de África, China, América y Europa. Porqué, al fin y al cabo todos somos muy parecidos por más que nos empeñemos en crear divisiones artificiales. Hoy, en Talavera de la Reina, dos políticos han comenzado la demolición de esas barreras anti-naturales. Mañana, Toledanos y Abulenses, Albaceteños y Sorianos, Vallisoletanos y Conquenses podrán mirarse a la cara y disfrutar algo más del hecho de ser diferentes pero iguales. A quien le tocará mañana?.
Nunca he sido demasiado de toros. A pesar de provenir de la ciudad con la plaza de toros donde más se entiende de toreo (en Madrid todo el mundo sabe que lo único que quieren es un toro de setecientos kilos) yo soy un ignorante (en la medida de lo que yo considero la ignorancia claro está que es lo que otros denominan en ámbitos tan variados como la política o consultoría como “expertise”). De hecho, tengo mis duda éticas sobre el toreo y lo que de crueldad supone. Tantas y tantas discusiones sobre este asunto he escuchado entre amigos y conocidos y tantos argumentos a favor y en contra que ya no sé con qué quedarme.
Me contaba mi padre que cuando él llegó a Sevilla lo normal era discutir sobre toros y toreros y no sobre futbol. Hoy en día no cabe ninguna duda que la fiesta nacional es el “jurgol” por más que no sea precisamente de origen muy hispano. No confunde su origen ni incluso la curiosa manía que tenemos de españolizar anglicismos (de football a futbol) o el honorable pero vano esfuerzo que supone el hecho de que uno de los más insignes, importantes y brillantes conjuntos aún mantenga el muy castizo sufijo “balompié” frente a la marabunta de medianía representada por los mucho más vulgares “futbol club”.
Aunque yo soy más de futbol que de toros y obviando consideraciones éticas y morales si yo me encontrara hoy con uno de esos barberos tradicionales que antes de acometer la tarea te preguntaban “toros o futbol” sin duda alguna contestaría “toros”. Y es que hay algo que siempre me ha subyugado de los toros que no tiene que ver con el asunto en sí (aquí que cada uno ponga a su antojo: espectáculo, arte, tortura…) sino más bien con lo que lo rodea y es la parafernalia que lo adorna y, muy especialmente, la terminología y estilo literario barroco que fluye en todo lo que huela a tauromaquia. Desde que era un crío yo leía las críticas taurinas del ABC no porque me interesara lo más mínimo si Pepe Luis Vazquez o Curro Romero habían hecho una buena faena sino por esa extraña sensación de derroche que se siente al apreciar un escrito mucho más por la forma que por el contenido.
Lo cierto es que, aún hoy, cuando por casualidad leo o escucho en la radio una crítica de toros no puedo por menos que compararla con la mediocridad de cualquier crítica deportiva en general y de la crítica futbolística en particular y es obvio que se trata de una comparación aún más cruel de lo habitual. No hay que exagerar ni irse al esperpento del tipo ese que retransmite el futbol en la sexta y que opina que el silencio, ese gran tesoro que tantas veces despreciamos, debe mancillarse con su “que te pasa Salinas?”, o su no menos poético: “hoy, futbol con patatas!”. Incluso los argentinos, cuyas retransmisiones son sin duda mucho más elaboradas y ricas que las nuestras han hecho famoso a un tipo que ante uno de los mejores goles del mundo, el marcado por Maradona a Inglaterra, dijo algo tan sumamente brillante como “ta-ta-ta”.
Los periodistas deportivos, esos que tanto se quejan de las respuestas monótonas y llena de tópicos de los futbolistas son los mismos que, aparte de pegarse con los seguratas de los campos para conseguir acercarse al ídolo de turno y preguntar “manolillo, que tal? ó “y ahora qué?”, en un alarde de virtuismo verbal llaman esférico a la pelota, arco a la portería (curiosa analogía por los cojones) o pierden la verticalidad cuando tropiezan.
Los periodistas taurinos son capaces sin embargo de rellenar una página de pura poesía a partir de diez minutos de “un tipo pasándole un trapo rojo a una vaca por la cara” como definía un buen amigo el para otros, nobilísimo arte del toreo. Porque donde los menos avezados vemos a un tipo dando pases a un toro esta gente ve lo siguiente:
y allí, , con las manoletinas clavadas al albero y la media distancia tomada, surgió de la bruma de mediocridad en que se había convertido la soleada tarde, una tanda limpia, nítida como un manantial, todo hecha a base de cintura y pecho y con la ligazón por bandera. Ni la cumbre del bramido final del ensabanado evitó que el tendido se fundiera como bronce para terminar haciendo gárgaras de oles .
Oiga usted, no es lo mismo. Probablemente no sea del estilo más claro y conciso que existe pero yo me pregunto. Si mañana viniese alguien que no tuviera ni idea de toros ni de futbol, ni de política (vamos, como un ministro pero que no sepa de futbol ni de toros) y leyese una crítica parlamentaria, otra futbolística y otra taurina, ¿Cuál creería que es la actividad más respetable, noble y culta?.
Tal vez de esta reflexión me viene la manía que tengo cuando me acerco a algo que desconozco de leer criticas o comentarios y buscar la belleza más en la forma que en el contenido (del que por lo general en estos casos aún no puedo discernir demasiado). Me encanta recrearme en la jerga y terminología típica. Como soy bastante curioso, mi poco tiempo me da para asomarme a un gran número de aficiones que van desde las maquetas de trenes hasta el BDSM pasando por el aeromodelismo, la pintura al oleo, la grafología o la papiroflexia. Sin embargo lo cierto que es no termino de encontrar esa afición cuya parafernalia me atraiga salvo alguna excepción. La matemática y, cómo no, los relojes.
Y es que, aunque el hecho de que me gusten los relojes no tiene que ver estrictamente con esto, siempre se agradece que la belleza se destile en todo lo que tenga que ver con ellos. No hace mucho vi un reloj y me enamoré de él. No tenía idea de cuál era hasta que después de mucho investigar lo descubrí por casualidad en un libro. El reloj es precioso pero ¿qué me dicen del nombre?, se llama Tourbillon Differentiel Academia.
Suponga la lectora y el lector (las vascas y los vascos también) que alguien le llama y le dice. Tengo aquí un reloj pero no sé si te gustará. Se llama Tourbillon Differentiel Academia.
- Joder, cómpralo ya!.
Ayer, me reafirme en mi idea cuando en una pausa para café decidí “acercarme” a un blog que habla sobre relojes y me encontré un comentario que no era precisamente halagador sobre el reloj que se presentaba. Más bien al contrario era un comentario decididamente contrario e hiriente. Pero contenía sustanciales diferencias en su forma con el típico comentario hiriente que puede encontrarse detrás de una noticia de futbol. El comentario decía así:
La bruñida caja del Audemars Piguet, que enclaustra su nimio y saturado mecanismo, sólo nos muestra la pasmosa e impúdica desnudes de este amasijo de engranajes; y, además exhibe como falaz novedad o divertimento para incautos, el brioso crepitar de sus párvulas piezas. Podría decirse que un simple cristal de zafiro desfalca la dignidad del delineo de la esfera.
Esta modalidad esqueleto, ahíta y paradójica en su concepción, no hace mayores aportes a la progresión en los diseños en la alta relojería.
Deberían monopolizar en menor grado, este tipo de línea, y convertirlas en ediciones especiales, porque desde el punto de vista creativo, no hacen mayores aportes a la manufactura de estos instrumentos de medición.
Lo realmente curioso es que esta brillante pero cruel diatriba se refería a este "horroroso" reloj:
No quiero imaginar lo que este hombre podría escribir si ve uno de esos relojes cibernéticos que tanto se estilan. En realidad si lo quiero imaginar. Supongo que no diría nada. En según qué ámbitos, para hacer una crítica hay que tener un mínimo de respeto. Y todavía hay gente que me pregunta el porqué me gustan tanto los relojes.
PD: Por cierto, como podrán observar y a la espera de que el señor del comentario anterior no opine lo contrario, el Dewitt Tourbillon Differential Academia es algo más que un nombre bonito:
Aquí se puede ver el movimiento del tourbillon:
y aquí su primo de nombre tambien feo, donde se aprecia mucho mejor:
Los humanos seguimos siendo animales y nos regimos, antes que nada parece ser, por instintos. Aparte del instinto de apalearnos y aparearnos que determina gran parte de nuestra actividad, no terminamos de abandonar determinadas formas de pensamiento y conducta por más que la lógica nos demuestre una y otra vez que es incorrecta.
Por ejemplo, nada indica ni puede indicar jamás que el hecho de conseguir echar la culpa a otro pueda solucionar un problema pero basta que no encontremos entre la espada y la pared (cada vez me gusta más la perversión “entre la espalda y la pared” de aquella famosa modelo) para que rápidamente giremos la cabeza a derecha e izquierda para encontrar un culpable. Un ejemplo ilustrativo de esto la tenemos tan cerca (y a la vez tan lejos) en nuestros mandamases (y mandamasas) que, en tiempos de crisis, pasan gran parte del tiempo buscando un culpable en vez de intentar buscar una solución. Hasta hace dos días la culpa era de los americanos y de Bush y del petróleo y su subida vertiginosa. Ahora, con la bajada vertiginosa del petróleo parece que apuntan a los bancos a los que les acusan a la vez de prestar dinero sin cuidar a quien se lo prestaban y a no prestar dinero porque se han vuelto cuidadosos. Esta polémica no deja de recordarme la de hace unos meses cuando todo el mundo le echaba la culpa de la crisis a la bajada excesiva del precio de dinero y a la vez se pedía que volviese a bajar el interés.
Y es que cuando lo pasamos mal aún somos más dados a echar mano del instinto primario. Y uno de nuestros instintos más primarios es nuestro sentido de pertenencia a tribus. Ese instinto suele llevar aparejado otros como por ejemplo el odio o desprecio a los que no pertenecen a nuestra tribu. Si hablásemos de ética podríamos hablar de xenofobia pero como el término tiene un sesgo decididamente peyorativo los políticos se han inventado aquello del nacionalismo que, según ellos, queda mucho mejor y es más justificable desde un punto de vista moral. Una de las manifestaciones más evidentes del nacionalismo es sin duda el proteccionismo.
Hace un tiempo escribí sobre el equilibrio de Nash donde se demostraba que, económicamente hablando, el bien de los demás era lo mejor para todos y lo difícil que era de aceptar por las personas. Existen cientos de estudios econométricos, matemáticos e históricos que demuestran que nada bueno ha surgido del proteccionismo y que el progreso de la humanidad siempre ha coincidido con el libre comercio. Las épocas y regímenes proteccionistas siempre han sido grises cuando no marcadamente negras (cual cojones de grillo, que diría el entomólogo).
En los últimos días, visto que esto de la crisis parece que arrecia (parece mentira releer algunas cosas de no hace un año cuando me criticaban por decir que ya estábamos en crisis) estoy observando que mucha gente está sacando sus instintos a pasear. El ministro Sebastián, mostrándonos a todos que la formación académica no nos hace más inteligentes, ya ha abierto el melón al reclamar que consumamos productos españoles. Cosa curiosa además porque hoy día es complicadísimo saber que es español o que no es porque, ¿qué es más español, un televisor Sony fabricado en Barcelona o un Jersey Pulligan catalán de pura cepa que fabrica en Marruecos?. Y si un tipo de Fuenlabrada capital se gana la vida vendiendo figuritas de la virgen del Rocío fabricadas en china, ¿donde lo metemos?. ¿Le compro la figurita para encima de la tele o no?. Coño Sebastian es que no se pueden decir las cosas y luego no explicarlas!.
Pero aparte de la estupidez de nuestros políticos, que ya se les presupone (al menos yo la tengo descontada), observo últimamente que la cosa esta derivando peligrosamente a aquello de “lo nuestro para lo de aquí”. Curiosamente, me disponía a escribir este post cuando he leído otro de Lukre que se titula “Trabajos británicos para trabajadores británicos” que me reafirma en mis sensaciones. Aparte del racismo y xenofobia habitual, observo que mucha gente empieza a vestir el mono de la intolerancia con el vestido del proteccionismo y con el adorno del “bien común pero para los de aquí”. Lukre en ese post nos dice que ella “no es de aquí” haciendo referencia a su origen argentino. Sin embargo ella es española legalmente. Yo creo que Lukre no tiene en cuenta lo que normalmente se conoce como “nacionalismo flexible” que consiste en ajustar el “aquí” para que lo de “yo soy de aquí” se te ajuste convenientemente. Yo por ejemplo, no soy de aquí (de aquí de Madrid como dicen en los concursos) porque soy de allá (de Andalucía). ¿Cómo solucionar este problema?. La clave está en la flexibilidad.
Esta doctrina socio-económica a la que desde aquí propongo el nombre de “nació-proteccionismo flexible segundepende” o flexiproteccionismo es sin duda la mejor para estos tiempos de crisis. Bajo el lema “Lo nuestro para los de aquí” yo defiendo fervientemente la nueva doctrina que se basa en el entendimiento suficientemente flexible de los términos “nuestro” y “aquí”.
Por ejemplo, cuando se trata de pagar impuestos, “lo nuestro” incluirá todos los impuestos de todos los europeos y el “aquí” debe ser restringido a nuestra localidad, cuando no barrio, bloque o planta si pudiera ser. Cuando se trata de empresas, lo nuestro toma un carácter universal y se debe defender que cualquier empresa debe tener la máxima facilidad para instalarse en cualquiera de nuestros polígonos industriales siempre y cuando, con la misma convicción, defendamos que sus trabajadores deben ser de nuestra nacionalidad. Porque señores, una cosa es que venga una empresa japonesa y se instale en Badalona pero lo que no puede ser es que venga un señor de Rumanía o Extremadura a llevar lo que por derecho debe ser Badalonés. ¡Ya está bien de los rumanos que vienen aquí a quitarnos nuestros puestos en las fábricas de Siemens, Ford o Nissan!. Y no sólo eso, ahora, con la excusa de que son europeos quieren se quieren quedar con nuestras ayudas europeas que tanto esfuerzo les cuesta a nuestros compatriotas europeos alemanes y franceses. No señor, por ahí no paso. Yo soy europeo sí, pero europeo como los alemanes no como los búlgaros.
Esta nueva doctrina (que así a bote pronto se me ocurre podría ser aplicada perfectamente en la Chipunia de Miroslav) defiende con igual fuerza y firmeza que nuestros productos deben poder ser vendidos a los señores clientes extranjeros siempre y cuando esos señores no se conviertan en indeseables que quieran trabajar en nuestras fábricas o vendernos sus productos que, como todo el mundo sabe, no tienen ni punto de comparación con los nuestros (hechos con componentes chinos). Ah!, y que no se nos olvide. Compremos productos españoles, pero no catalanes ni vascos ni gallegos. Y si son extremeños, que no sean de la zona cercana a Portugal. A no ser que usted sea catalán en cuyo caso debe tener cuidado de que los productos sean catalanes pero evitar el valle de Arán.
Por último y no menos importante, esta doctrina promulga que cualquiera que no sea de aquí y quiera trabajar aquí tenga que pagar impuestos aquí pero que a la hora de que se ponga enfermo o acabe en el paro se valla para allá. No estamos “aquí” para aguantar vagos de “allí”. Ya está bien hombre.
Lo lastimoso de todo esto es que, aparte de consideraciones puramente éticas, resulta que el proteccionismo es la mejor receta para el desastre económico mundial. A todos los que dicen eso de “trabajos españoles para los españoles” o “compremos productos españoles” yo les preguntaría cuantas de las cosas que tienen en su casa pueden asegurar que son de aquí y si estaban mejor cuando no podían comprar nada que fuese de fuera o ahora. Y si aún así pensamos que la España de la postguerra franquista, la cuba de los ochenta, la Alemania del este, la URSS o, cada vez más, la Venezuela de Chavez es la solución y el modelo a seguir, adelante. Consumamos televisiones Perez, Consolas Urquiola y móviles Cugat. Ya está bien de dar de comer a esos extranjeros que en algunos casos ni siquiera son cristianos.
La frase del título se le atribuye a Albert Einstein y yo la recuerdo a menudo. Hace mucho tiempo me contaron un anécdota que no sé si estará basada en un hecho real o simplemente forma parte de una de tantas situaciones inventadas para libros de autoayuda. A mí me la relataron como si de verdad fuese cierto y así la cuento. Parece ser que se hizo una investigación con monos (no sé muy bien porque nos fascina tanto el comportamiento de este animal) .
En este caso se trataba de comprobar los hábitos de comportamiento en casos especiales. Para ello se habilitó una jaula con un tronco en medio. En lo alto del tronco una plataforma con plátanos. Metieron a cinco monos. Obviamente los monos lo primero que hicieron fue trepar al tronco para alcanzar los plátanos pero cuando hacían esto los investigadores (que como todos estos investigadores tienen su punto de sádicos) lanzaban un chorro de agua fría a los monos que estaban debajo.
Al cabo de un tiempo cada vez que un mono subía los demás lo bajaban a hostias (o como se diga). Una vez que todos habían asimilado que subir al tronco era recibir una manta leches y dejar que otro subiera equivalía a ducha fría se llegó a la situación de equilibrio donde ningún mono intentaba subir a por plátanos.
Llegado a este punto los investigadores cambiaron a uno de los monos “resabiados” por uno nuevo que lógicamente lo primero que hizo fue intentar subir al tronco y recibir una paliza de bienvenida. Al cabo de pocos intentos más, el mono nuevo aprendió a estarse quietecito. Después se sustituyó a otro mono que recibió nuevas palizas. En estas palizas el mono anterior participaba como uno más.
Siguieron cambiando a los monos hasta que llegó el momento en que ninguno de los monos que estaba en la jaula había tenido la experiencia de la ducha fría pero no obstante seguían reaccionando pegando al que intentaba subir. Ni que decir tiene que la cosa se estabilizó de forma que aunque la plataforma estaba siempre llena de plátanos los monos no osaban siquiera amagar con subir por temor a las represalias. Obviamente, ninguno de los monos podía tener una idea del porqué de esa costumbre.
A este cuentecito yo solía colocarle varias moralejas según a quien y en qué caso lo contara. A los que trabajaban en mi equipo les solía hablar sobre el hecho de que en muchísimas ocasiones las limitaciones que nos auto-imponemos vienen de costumbres obsoletas. También la he utilizado a veces para explicar el porqué alguien que venga de fuera con mente abierta (es decir, yo… ;-)) puede ser tremendamente útil para detectar ineficiencias.
Es cierto que todos somos un poco como esos monos y habitualmente estamos constreñidos por tradiciones y costumbres de las que no conocemos su origen y utilidad e incluso muchas veces las razones del origen ya no son válidas y aún así seguimos aferrándonos a la tradición. Yo, desde siempre, he querido pensar que mi forma de ser tocapelotas es en realidad una manifestación de mi resistencia al “esto es así porque siempre ha sido así”.
En concreto en el ámbito profesional, yo siempre he intentado aplicar eso que se llama “el pensamiento paralelo”. Es algo que funciona muy de vez en cuando pero que cuando lo hace te produce una gran satisfacción. Cuando era más joven, y por lo tanto más arrogante, yo diferenciaba entre la gente que siempre tomaba el camino habitual y los que intentaban nuevas formas de hacer. Con el tiempo he comprobado que todos en algún momento solemos terminar paseando por caminos trillados. Mi admiración ahora se centra en aquellos que cuando se dan cuenta de lo incongruente de la costumbre son capaces de poner en solfa su experiencia y están abiertos a lo nuevo siempre y cuando lo nuevo tenga algún tipo de base.
Para ilustrarlo puedo poner un caso que me sucedió hace muchos años en una industria. Estaba hablando con el director de fabricación. Un tipo con más de cuarenta años de experiencia que había diseñado las fábricas que habían colocado a esta empresa en primera línea mundial. Estábamos intentando calcular los escandallos de costes que es algo así como la receta del producto final y su coste (es decir, cuanta mano de obra, cuanta materia prima, cuanta energía, etc se necesita para fabricar una unidad de producto). Ellos echaban una determinada materia prima y calculaban que esta materia prima se podía aplicar al producto que se fabricaba dos horas más tarde. La razón es que esta materia prima se añadía a una tina industrial intermedia de forma que ellos calculaban que dos horas más tarde llegaba al producto.
En principio pusimos eso de “dos horas aproximadamente” pero yo quise hacer un cálculo simple. Si la tina tenía una determinada capacidad en litros y el flujo de materia prima era x litros por segundo, bastaba hacer una división simple para saber cuantos segundos pasaban desde que la materia que se echaba por arriba llegaba a salir por debajo (el cálculo real físico era algo más complejo pero se podía aproximar). Curiosamente me salían treinta y cinco minutos. Cuando se lo dije el director de fabricación me miró, abrió su cuaderno e hizo la división a mano. La repasó una decena de veces hasta decir: “joder, es verdad”. Después me explicó que ese tiempo de dos horas se estaba utilizando por convenio desde hacía más de treinta años y que afectaba incluso a los parámetros de fabricación. Volvió a pensar y pensando en voz alta llegó a una conclusión. La tina es nueva pero la anterior tenía la misma capacidad pero la fábrica ha aumentado su capacidad de producción. Por lo tanto, es lógico pensar que anteriormente el tiempo de propagación era mayor. Antes de que yo pudiera decir algo volvió a decir con un punto de cabreo: ¡Pero de todas formas, el flujo no es ahora cuatro veces mayo ni mucho menos con lo que este dato siempre ha sido erróneo!.
En un principio me hizo gracia ver al señor de sesenta años cabreado con él mismo y repasando uno por uno todos los cálculos que daba por correctos. Más tarde aprendí a valorar el tremendo mérito que tenía que una persona de esa capacidad técnica (un referente no sólo en su empresa sino en el sector) no sólo admitiera su equivocación sino que además no tuviese el menor reparo en repasar todos sus cálculos anteriores. Para completar mi admiración descubrí que fue él mismo el que informó al director de organización otorgándome un mérito que, por otra parte, había surgido casi de casualidad.
Recordé la anécdota de los monos y me congracie con el hecho de que afortunadamente los humanos al menos teníamos la capacidad de replantearnos las cosas y rectificar llegado el caso.
Hace no mucho tuvimos que revisar un procedimiento para una entidad pública. Descubrimos que el procedimiento se podía gestionar mucho más eficientemente, con menos coste y sobre todo mucho más rápido evitando comprobaciones redundantes (en algunos casos hasta quintuplicadas). Cuando fuimos a explicarlo el responsable nos miró con condescendencia y sin recapacitar mucho en lo que habíamos presentado nos dijo:
- Claro, eso nos pasa por contratar a gente de fuera. Verás, es que esto se hace así porque de toda la vida se ha hecho así y no vamos a llegar nosotros ahora a cambiarlo.
Confirmé entonces las diferencias entre los genios como el del caso anterior y los mediocres que pegan palizas a quien intenta subir al tronco.
Poco después, escuché en la radio los problemas de la justicia y la cantidad de casos pendientes de juicio y el hecho de que los jueces pedían la informatización de los procedimientos. Me reí pensando en que seguro que aún así la cosa sería lenta porque al final nos encontraríamos con una legión de monos que defendieran que “esto siempre se hizo así”.
Hoy me llama mi madre. Por un tema de herencia y como mi padre no dejo testamento tenemos que hacer un trámite en la que dos testigos tienen que jurar ante notario que mi madre estaba casada con mi padre y que nosotros somos sus hijos. Le pregunto: ¿pero no existe el libro de familia y el registro civil?. Mi madre me dice que sí pero que el abogado (familiar mío) dice que hay que hacerlo así porque esto siempre se hizo así.
Nunca me han gustado las llamadas “fechas especiales”. Ya cuando era un chaval me gustaba más salir cualquier día de diario que los fines de semana. Incluso, haciendo honor a ese título honorifico que una amiga un día me otorgó (“el sevillano más raro de mundo”), ni cuando llegaba la época de semana santa y feria yo me alegraba por ello. Eso no quita para que como es normal, en estas “fechas señaladas” saliera todos y cada uno de los días hasta el alba, pero definitivamente yo prefería un “martes cualquiera de noviembre” que es la frase que desde siempre uso para referirme a cualquier día normal y corriente.
En realidad yo siempre he pensado que las fiestas están inventadas para gente como uno de mis amigos que suele decir que él se pasa la mayor parte del tiempo trabajando en algo que no le gusta para pagarse el tiempo de vacaciones en el que realmente disfruta la vida. En mi caso, mi filosofía de vida ha sido siempre intentar conseguir hacer cada día lo que realmente me gusta y tal vez por eso prefiero mi rutina a la excepcionalidad de la fiesta. Es la mejor forma –sigo opinando- de plantearse la vida.
La opción intermedia era la de los romanos que llegaron a tener casi dos tercios de los días del año festivos. Lo curioso de todo esto es que hace muy poco descubrí que en cierta medida los romanos pensaban como yo. Yo sabía hace tiempo que los romanos dividían los días en fastos (fasti) y nefastos (nefasti) pero lo que descubrí no hace mucho es que en realidad, en los días fastos que supuestamente serían los festivos era cuando se realizaban la mayoría de las actividades rutinarias mientras en los nefasti la gente solía aburrirse como ostras ya que al tratarse de “días divinos” la mayoría de la actividad estaba mal vista o directamente prohibida. Es decir que en realidad, los días de fiesta eran en cierta medida los días normales y los días nefastos eran las fechas especiales.
De entre todas las fiestas las que peor llevo desde siempre son las navidades. Hace tiempo descubrí que, frente a lo que yo pensaba, este caso es de los pocos en los que me alineo con la mayoría. En general toda la época navideña es, para mí, un auténtico coñazo y muy especialmente las dos fechas más significadas: la Nochebuena y la Nochevieja. En los dos casos las fiestas sirven para recordarnos tiempos mejores o para recalcar nuestra desdicha. En el primer caso, por aquello de que se trata de la fiesta familiar por excelencia, suele servir para que la depresión entre a borbotones a todo aquel que está sólo, a quien ha perdido a un ser querido, a quien se ha enfadado con alguien de la familia y en general a toda familia que no puede celebrarla junta o bien ha sufrido una desdicha de cualquier naturaleza. Es decir, a una mayoría.
La otra fiesta tiene que ver más con la decepción. La Nochevieja es la noche donde se supone que tenemos que pasarlo bien. Pero no vale con lo que cualquier otra noche sería pasarlo bien. Se trata de una “noche especial” y por eso hay que pasárselo “mejor que en ninguna otra noche”. Tanta expectativa tiende a ser defraudada. Tal vez sea eso lo que induce a esa costumbre tan castiza de vestirse de forma tan “especial” (sólo en esa noche se pueden ver disfrutar del espectáculo de los vestidos de lentejuelas, bolsitos de mano y complementos brillantes junto a trajes de caballero de hace diez años que combinan perfectamente con foulards blancos y corbatas de cuero) para lograr alcanzar el coma etílico antes del amanecer.
Tanto me aburren estas noches que yo aprovechaba en su día para sacarme unas pelas organizando fiestas. No se me ocurría mejor forma de pasar las fiestas especiales que ganando pasta para gastármela luego en los garitos junto a esa panda de “inadaptados sociales” formado por enfermeras, periodistas, camareros, estudiantes crápulas y en general gente de “bien vivir” que se puede encontrar cualquier noche de un día de diario en sitios escogidos.
Sin embargo, esas fechas, por mucho que yo huya de ellas, existen y en nuestro subconsciente colectivo siempre se remarcan. Y sino ya se encarga la batería de tópicos mediáticos de hacerlo. Por eso no hay nada peor que un suceso trágico suceda coincidiendo con una de estas fiestas. Al hecho de que la memoria no te deja de martillear se une la paradoja de que tu dolor se desenvuelva en todo el entorno mediático y parafernalia social de la fiesta que obliga a la “alegría y jolgorio oficial”.
Por todo lo anterior, mientras viajaba por la A4 a las doce de la noche del día treinta y uno de diciembre con el fondo de fuegos artificiales que salían de los pueblos cercanos a la autovía, y a pesar de que tenía razones para pensar en mil cosas, yo no podía dejar de darle vueltas al lo cruel que será que el próximo año, y el siguiente y los que llegaran después, mientras todo el mundo levanta copas, se atraganta con uvas y desea felicidad, mi madre recordará que tal día como ese perdió a la persona con la que convivió más de cincuenta años. Una razón más para odiar la Nochevieja.
Hace años una conocida me contó una anécdota sobre un niño y una mama primeriza. Obviamente se trataba de ella misma. Tendría su niño unos tres años cuando después de una trastada típica de los niños de esta edad le reprendió duramente. El niño, con pose enfadada y mueca de indignación se sentó en el sofá con los brazos cruzados. Pasados cinco minutos el crío seguía sin decir ni mú en esa posición y la inseguridad de esta joven mama comenzó a hacer su trabajo. Al cabo de cinco minutos más y sin que el niño abandonara su huelga de brazos cruzados y su mueca de disgusto la mama comenzó a pensar que tal vez había sido demasiado dura con él y que, de hecho, tal vez siempre era demasiado dura. Pudiera ser –siguió elucubrando- que su reconocida tendencia a comerse el coco y el amor sobreprotector de madre primeriza estuviera consiguiendo aprisionar a su hijo en una tierna pero implacable “celda de amor maternal”.
Como la mujer seguía martirizándose con este pensamiento decidió plantearlo directamente al interesado que seguía de brazos cruzados con la mueca de desaprobación. Se acerco al crío y le dijo:
- Tu eres feliz?. - No! –espeto el niño sin ninguna consideración con el sufrimiento de su madre-
En los siguientes minutos la sombra de la crisis existencial sobrevoló su fragil autoestima y en un momento de locura que ella creyó lucidez decidió que lo mejor para salir de dudas era preguntar al interfecto por las causas de su sufrimiento. Entonces se acercó al crío que le miro mientras ella se acercaba temblando…
- Diego hijo, dime, y tu porque no ere feliz? - Porque no soy “feli”, soy Diego!
Como los mecanismos de asociación de la memoria tienen caprichos misteriosos está anécdota lejanísima (baste decir que el protagonista de la historia es hoy día un ingeniero informático titulado) fue la que recato del olvido mi cabeza cuando el otro día volvía a casa después de salir una noche a tomar una copa con unos amigos.
Al poco de estar en un sitio de los que se suponen de moda (yo hace tiempo que no estoy a la última) y en uno de mis habituales “despistes” mientras miraba fijamente a la multitud se me acerca una chica que sin ser una vieja hacía tiempo que dejó de ser adolescente. Aparte de un atractivo acento que yo juraría argentino (y que vaya usted a saber de donde era) me pregunta en que estoy pensando. Con un poco de sorpresa –confieso- contesté sin mucha imaginación a una serie de preguntas rutinarias y al poco y cuando mi autoestima ya comenzaba a subir me lanza “la propuesta”: “Que te parece si seguimos la fiesta en mi apartamento o si quieres en un hotel por una pequeña ayudita. Si quieres, por poco más, se une mi compañera de piso que esta estupenda”.
Lo más elegantemente que pude disimulé mi sorpresa y mi decepción y desestimé amablemente la invitación. La chica se despidió igual de amablemente y con una sonrisa en la boca se perdió por el local. Al irse constaté para mi consuelo que la chica no parecía lo que en realidad era (o a lo que se dedicaba esa noche que puede que no sea lo mismo).
Tal vez por eso en vez de preocuparme por el hecho de no haber sabido identificar a una profesional me comencé a preocupar del porqué la profesional me había elegido a mí. Es cierto que esa manía que tengo de desconectarme a menudo del grupo hace que pueda parecer sólo y desvalido o tal vez simplemente se me vea sólo y salido. No obstante no sé qué pensar sobre el hecho de que se te ofrezca una prostituta. De pronto, inseguridades y sombras planearon por mi mente. Estaré ya tan viejo como para que en un sitio lleno de tíos de mi edad la profesional se me haya ofrecido. Estuve a punto de llamar a mi amigo putero para preguntarle.
Ahí estaba yo dándole vueltas a la cosa cuando al cabo de mucho tiempo observo a la señorita en cuestión en un sitio, de pie y sola. Por una parte volví a darme cuenta de que jamás de los jamases hubiese adivinado a que se dedicaba. Supongo que uno está muy influenciado por la imagen de prostitución callejera de mujeres “vestidas como putas” o la imagen de porstitutas de lujos con vestidos de noche de lentejuelas. En este caso, la chica iba bastante más recatada que la media de las mujeres del local y tampoco es que se pasara ni con el lujo en el vestir, ni con maquillaje ni con los tacones. Tal vez fue la influencia del acento argentino pero me dió por pensar en que de niña hubiese pasado perfectamente por una Mafalda ingenua. En cualquier caso, allí estaba y sola. Durante un tiempo la espié siguiéndola con la mirada. Pero nada, no vi que se acercara a nadie a ofrecer sus servicios.
Harto ya de comerduras de cocos y animado por la cercanía y tal vez por la ultima copa me acerqué y le pregunté.
- Oye, ¿acaso te parezco yo un tipo que se va con prostitutas?. Creo que dije eso pero no pondría la mano en el fuego de que no la llamara “puta”.
Ella me miró como con fastidio. Recordé entonces a Putero y uno de sus grandes consejos: “Nunca le digas a una puta que porque se ha hecho puta o le preguntes por curiosidades o por cualquier cosa de su dedicación, están hartas de que le pregunten lo mismo siempre”.
- Supongo que sí.
Bien, confirmados mis temores. No sé exactamente como calificarlo pero creo que no termina de gustarme el hecho de que de esa imagen. Normalmente suelo defender que no me preocupa la imagen que doy de mi mismo pero en este caso fue una excepción.
Pasó la noche y yo conseguí olvidarme un poco de toda esta historia aunque en el fondo la idea seguía reconcomiéndome. ¿Por qué yo de entre todos los tipos que allí estábamos?. En una de estas la vi hablando con otro y al poco me la encontré cerca de la barra mientras pedía la última.
- ¿Ese también tiene pinta de putero? (creo que no fui tan directo, pero al fin y al cabo fue lo que le pregunté). - ¿Pero a ti que te pasa?, ¿tanto te molesta que te entrara? - No es exactamente molestia pero me intriga que entre todos me eligieras a mí. - Pues siento mucho decírtelo pero no te elegí por nada en especial. - ¿Entonces no es que me veas particularmente dispuesto?. - No, para mí todos los hombres son candidatos, al fin y al cabo todos queréis lo mismo y la mayoría está dispuesto a pagar por ello.
Me quede pensando en que era una de las pocas veces que no me molestaba que me incluyeran en eso de “todos los hombres sois iguales”. También en que esto de darle vueltas a las cosas a veces no nos lleva a ningún lado.
A la vuelta pensé en esa madre angustiada confundiendo un refunfuño infantil con la infelicidad de su hijo y como yo en muchas ocasiones, de tanto rizar el rizo, confundo la más absoluta superficialidad con la más profunda transcendencia. Entonces recordé el consejo que me daba Chimo a menudo: “tío, no le des más vueltas”. Confucio lo hubiese expresado de forma mucho más adornada pero dudo que hubiese sido tan conciso. Cuanta sabiduría encerraba en esa frase que yo a menudo confundía con una simple coletilla. ¿O sería que efectivamente era una coletilla y yo volvía a darle más significado del que tenía?. Nuevamente estaba haciéndolo. Ya estaba dandole vueltas a la cosas. En cualquier caso, me acordé de mi amigo y una vez me reiteré en mi convencimiento: este tío es un genio.
Ya hace un tiempo alguien me explicó donde acababan muchas de las personas que se recogían y/o ayudaban en una asociación con la que colaboro de la forma más sencilla y menos comprometida que existe que es aportando una pequeña cuota mensual. Me decían que sabían, por algún terco reincidente que había vuelto y había podido contar su experiencia, que cuando la policía pilla a uno de estos “ilegales” los mantiene en un centro de detención (que seguro tiene algún nombre rimbombante a modo de eufemismo) al poco tiempo lo envían a algún país perdido del áfrica negra (lo que ahora en terminología de telediario se ha dado en llama subsahariano que es algo tan concreto que incluye hasta a los pingüinos de la Antártida).
Se trata de uno de esos países con los que se ha celebrado (a veces en la acepción más festiva del término) acuerdos de ayuda a la cooperación. Cooperar, como todos los que hemos visto barrio sésamo sabemos, consiste en que tú haces algo por mí y yo hago algo por tí. Simplificando podríamos decir que esta cooperación consiste en “yo te doy algún milloncejo que probablemente irá para tu cuenta en suiza, para comprarle una joyita a tu decimotercera esposa o para comprar más armas y defenderte del golpe de estado del próximo miércoles y tu a cambio haces la vista gorda cuando yo te envíe un avión con cien o doscientos negros de diversas nacionalidades”. Por supuesto en esos acuerdos queda bien claro que los señores que se devuelven debe ser tratados como personas humanas que son. Y como nosotros nos fiamos de nuestro amigo el jefe de estado de turno de esta semana, nadie comprueba en qué consiste exactamente el concepto que allí se tiene de "trato humanitario". En muchos casos consiste en "dame el dinero que te han dado los españoles y te dejo que te lleves el bocata chorizo y el botellin de agua". En otros casos, mucho más malvados, ni siquieran le dejan el bocata y el agua.
Dicho y hecho. El famoso “teníamos un problema y lo hemos solucionado” de Aznar cuando envío un avión de personas (perdón, quise decir putos negros) drogadas para su “devolución” se ha convertido en una “acción humanitaria alentada por la cooperación con nuestros amigos africanos”. Y es que este gobierno que tenemos ahora (exceptuando claro está a Pepiño) es un especialista en el fino arte de la publicidad. Esa es la principal diferencia que yo encuentro entre estos y los anteriores. Antes se hacían capulladas y se decía. Soy un capullo, pasa algo?. Ahora se hace lo mismo pero se explica trufando las frases de palabras como “humanitario”, “paz” y “cooperación”. La verdad, no sé con cual quedarme. Bueno si, me quedo con ninguno.
No hace demasiado me contaron que llegó al centro de acogida un tipo que llevaba una pulsera de goma que le dan a esta gente donde tienen un teléfono de contacto para poder llamar al centro. La cuestión es que nadie conocía a este hombre y según él acababa de llegar a Madrid desde una zona del sur donde había llegado como polizón (normalmente son polizones de pago) en un pesquero. Al final, el tío reconoció que esa pulsera no era suya sino que se lo quito a un cadáver que se encontró en una cuneta de en un país “subsahariano” cuando iba de camino hacia el norte. De hecho, gracias a esa pulsera encontró rápidamente la asociación. Imagino que el anterior propietario sería uno de los damnificados por la política humanitaria de cooperación.
Al poco tiempo vi en la tele como la vicepresidenta con un gusto impecable y demostrando las virtudes de la mezcla cultural, combinaba una chaqueta de Vittorio y Lucchino con el foulard de Gucci y nos decía a todos que España iba a convertirse en el adalid y la vanguardia mundial en cuanto al respeto y la defensa de los derechos humanos. Imagino que en muchas cunetas africanas, al lado de los cadáveres ataviados con ropa de la prestigiosa marca “cooperación española”, miles de ingenuos “negritos” al enterarse gracias al boca a boca de estas palabras de la ministra y vicepresidenta habrán confirmado que su decisión de dejar todo y dedicar uno o dos años a llegar a nuestro país fue muy acertada.
La lástima es que estos tipos (que curiosamente y a pesar de ser negrísimos algunos tienen estudios), no saben que dos semanas antes se hablaba de ser la vanguardia en cuanto a la lucha contra el cambio climático a pesar de que somos el país que más ha aumentado sus emisiones y que menos políticas de apoyo a las energías renovables tenemos o que un poco antes se anunciaba a bombo y platillo ayudas urgentes en forma de créditos del ICO para las pequeñas empresas mientras que en el mismo ICO te dicen que aún ni siquiera está aprobada la ley con lo que, a ritmos habituales puede que se disponga de esos créditos (si al final se disponen) dentro de un año.
Hoy mismo la señora de la Vega da una conferencia en la universidad de Columbia sobre las causas de la crisis y las medidas para solucionarlas. Y es que, en una muestra más de demostración de superioridad, hemos pasado en tiempo record de ignorar la crisis a dominarla hasta tal punto que nos atrevemos a dar lecciones sobre causas y soluciones al resto del mundo. Me apuesto lo que querais a que en la conferencia se usan los términos “paz”, “humanitaria”, “calentamiento global”, “derechos humanos” y la estrella de estas navidades: “neoliberalismo”.
Mientras tanto, los "antisistema" planean el siguiente golpe de las navidades. Despues de desvalijar la tienda de gafas de moda se dividen entre los que piensan que lo mejor sería protestar por el tipo que mataron en Grecia acabando con las existencias de perfumes caros (que ahora llegan las navidades y hay que hacer el regalo a la mami) o directamente irse a por la tienda de móviles y pillarse unos iphone.
Y en estas estaba yo cuando he pensado que todavía habrá quien lea esto y piense que va de política, que tiene que ver algo con partidismos o que es una crítica desde la derecha a la izquierda. Esas cosas que, magníficamente manejadas por los políticos, hacen que al final nadie discuta sobre el fondo de las cosas sino sobre si quien lo ha dicho es de los míos o de los otros (o sea, de los buenos o de los malos) sin recapacitar en lo sospechosamente similares que son “ambos dos” en cuanto a sus “soluciones”. Y reflexionando sobre ello me he imaginado que habrá quien diga que los socialistas son una lacra para la sociedad, y otros que digan que ya está bien de los fachas que critican a la “vicepresi” y que sí, que estos son malos pero los demás son malísimos.
Y como no estoy muy optimista hoy he concluido que siempre habrá gente que mire el dedo en vez de la luna y a la que el negro ese tirado en la cuneta de un camino le importe un bledo.
Y en estas estaba yo cuando me ha surgido una duda… Gili o jili, pollas o poyas?.
Por cuestiones que no vienen mucho a cuento y que además son poco originales no sólo no he tenido tiempo (ni muchas ganas) de escribir en mi blog sino que, además, no he leído ninguno de los que suelo leer en los últimos días (semanas más bien).
Hoy he revisado algunos y me ha llamado la atención un post que escribe Amanda sobre su relación de amante. Si alguien no lo ha leído y le apetece (siempre es muy recomendable) en los accesos directos tiene el link. En resumen viene Amanda a decir que nota un cambio en su relación por el hecho de que en un momento dado y en un caso muy concreto ha preferido sus pequeñas comodidades cotidianas al hecho de encontrarse con su amante. Es algo que a mí me sucede con cierta frecuencia y sobre lo que no hace mucho reflexionaba. No llegué a ninguna conclusión (resultado muy habitual en mis reflexiones últimamente) sino que más bien al contrario me surgieron aún más dudas.
La cuestión es que yo en mi vida, como imagino que la mayoría de las personas, he hecho alguna que otra locura simplemente por estar con alguien y sin embargo ahora mi pereza ha llegado a tal punto que no me siento capaz de renunciar a una mínima dosis de la comodidad de mi rutina por casi nadie. Esto es un hecho y no hay mucha autodiscusión posible pero sin embargo si me intriga saber si la causa es una cuestión de edad y progresión acomodaticia o es que simplemente no he encontrado a nadie en los últimos tiempos que me anime a ello.
Tal vez lo mejor sea auto-convencerse de que la culpa es de los demás y que en realidad yo no es que me haya convertido en un tipo acomodado (más bien “acomodón” que es un palabro que me acabo de inventar) sino que no hay nadie que me incite lo suficiente a abandonar mi rutina. Para ello me apoyo en mi historia anterior y en cómo no hace demasiado siempre estaba dispuesto a un cambio de planes si ello incluía verla a Ella. De hecho, es que en realidad estar con Ella jamás supuso ningún tipo de sacrificio aunque, por poner sólo un ejemplo, la cosa supusiera levantarse de la cama, hacerse trescientos cincuenta kilómetros de ida y poco después de vuelta e ir al trabajo sin haber dormido. Simplemente era lo que quería y yo tendré muchos defectos pero nunca se ha acusado de no hacer lo que quiero. Así pues, minipunto a favor de la teoría “la culpa es de los demás que no me motivan lo suficiente”.
Ahí debería haber quedado la cosa pero yo es que soy un tocapelotas incluso conmigo mismo y seguí pensando en que a lo mejor (o a lo peor, que cada cual lo valore como le apetezca) es que al hacerme mayor (madurito queda mejor) además de hacerme interesante se me ha agudizado algunas características innatas en mí como son mi punto antisocial y mi tendencia natural a la comodidad. Hace unas semanas me sucedió algo que me hizo sentir mal conmigo mismo un tiempo. Llegaba de un viaje de una semana y estaba agotado. No pensaba en otra cosa que no fuese estar tranquilo en casa. Casi a la vez que abría la puerta recibí una llamada de mi hermana. Mi padre había tenido una recaída y la cosa no pintaba bien. Inmediatamente me puse en camino pero no sin antes lamentar internamente el hecho de que no había podido descansar. Fue un pensamiento fugaz que me atormentó durante todo el viaje. ¿Realmente se puede ser tan egoísta como para pensar en la comodidad de un sofá calentito cuando tu padre está entre la vida y la muerte?. Estuve a punto de dejar de hablarme una temporada pero después fui condescendiente conmigo mismo (otra cosa que ha aumentado con la edad) y admití que sólo fue un pensamiento fugaz.
Es sólo un ejemplo. Lo que me planteo en este post (por cierto bastante deslavazado ya que lo he escrito en varios ratitos sueltos) es si sería capaz de renunciar a mi comodidad y mi rutina por amor y, en tal caso, hasta que punto podría llegar. Con veinte años, habría renunciado a todo por una determinada mujer. Y en ese todo incluyo todo. Hoy puedo plantearme renunciar a cosas relativamente superficiales y/o puntuales pero dudo mucho que exista una mujer que me hiciera renunciar a mi forma de vida. O tal vez si y es que en realidad hace tiempo que no me enamoro. El tiempo y el azar (y quién sabe si el azahar) me sacarán de dudas. Imagino que la solución que conjugue todo sería encontrar a una mujer que consiga que mi deseo, mi rutina y mi comodidad pasen por estar con ella. Pero eso la mayoría de las veces no sucede una vez en la vida. Sucederá dos veces?.
De esta comedura de olla (una muestra más de onanismo mental) sólo puedo obtener una conclusión colateral y es que la única forma de enamorarme es encontrar la comodidad junto a otra persona. No sé si suena bien o no, pero es lo que hay.
PD: gracias a un blog descubrí que el latinajo “versus” no significa “contra” o “frente” sino “hacia”. Así pues, es momento de releer el título y encontrar su verdadero significado.
Hace unos años hicieron una encuesta en Cataluña entre niños de unos diez años (ya me perdí con eso de la idem así que no tengo idea a que curso corresponde) sobre la percepción que tenían de la actividad empresarial. Incluso aún en el caso de que Cataluña es con toda seguridad la región (o nacionalidad historia o unidad de destino en lo universal, que cada uno elija lo que quiera) donde la actividad empresarial está más extendida entre la población, los resultados fueron desalentadores. El resumen venía a decir que los chavales veían a un empresario como “un hombre rico que se aprovecha del trabajo de los demás”.
Lo malo de todo esto es que los niños sólo reflejan la opinión de muchos de sus mayores. Yo he escuchado cosas muy similares incluso a personas a las que se les supone una cultura y formación importante. Puede parecer que es algo sin importancia pero yo creo que no. De hecho si yo fuese el gobierno dejaría de gastar dinero en anuncios estúpidos (aún recuerdo el famoso lema: “lee las etiquetas. Gobierno de España”) y propondría una campaña informativa sobre la importancia de la actividad emprendedora.
No es que yo busque que los empresarios caigan bien, es que sinceramente creo que al país le iría mucho mejor si hubiese más empresarios y el primer paso (dentro de un “conjunto de medidas” como suelen decir políticos y sindicatos) tal vez podría consistir en quitarle la mala fama a la cosa. Tampoco pretendo que nadie piense que un empresario no busca beneficios. De hecho cuanto más beneficios, en general, más riqueza crea.
A lo mejor alguien piensa que yo defiendo a los empresarios porque yo lo soy. En realidad, siempre he pensado lo mismo. Antes de serlo, cuando defendía a los empresarios, me acusaban de ser tonto al defender a “los otros”. Ahora me acusan de defender la postura que me beneficia. La eterna cantinela.
En cualquier caso yo no soy empresario al uso sino circunstancial. Aunque siempre me ha gustado la actividad empresarial y la mayor parte de mi vida profesional he sido free lance, ahora soy socio de mi empresa en calidad de “experto”. Es decir que podríamos decir que soy un técnico al que le han pagado con una parte de la misma empresa. No obstante, quiera o no (que si quiero) durante estos años he aprendido mucho sobre el funcionamiento y los problemas de una pequeña empresa. Ese tipo de empresa que es la responsable directa de más del noventa por ciento del empleo en España.
A esa empresa nadie la escucha porque el “sindicato de la empresa” que se supone que es la CEOE en realidad no es elegido por nadie y en su cúpula no hay nadie que sea empresario. Hace unos días escuché a un sindicalista (otro que dudo mucho que haya sido trabajador en mucho tiempo) decir que, con esto de la crisis, los empresarios echarían a los trabajadores para mantener sus beneficios. En los casos que yo conozco, y son muchos, eso es rotundamente falso. De hecho en la mayoría de los casos se aguanta hasta el máximo endeudándose si es necesario para mantener los puestos de trabajo. Pero esto que digo no es popular y siempre sale alguien diciendo que al cuñado de su novia le han echado mientras que su jefe se ha comprado un mercedes. Yo sólo puedo decir con certeza que en el caso de mi empresa, si hubiese pretendido mantener los beneficios hace meses que habría echado a más de la mitad de nuestros trabajadores.
La realidad dice que ahora, en tiempos de crisis, los pequeños empresarios tenemos que hacer frente a pagos de forma puntual a empleados y a hacienda mientras que a nosotros nos pagan a tropecientos días con pagarés a tres meses que normalmente tenemos que descontar para que los bancos, esos pobres desgraciados, se lleven un porcentaje por adelantarnos el dinero. De hecho una ayuda muy interesante que no se le ha ocurrido al tipo de las bombillas es simplemente que las empresas pudieran pagar el IVA cuando cobraran el dinero. Esto puede parecer extraño para quien no está familiarizado con el funcionamiento de las empresas en España pero es normal que factures por algo hoy y cobres dentro de tres o seis o a veces hasta dieciocho meses. Eso sí, hacienda te pide que le pagues el IVA de todo lo facturado (aunque tú no hayas cobrado). De hecho, incluso si no te pagan tú tienes que abonar el IVA. Lo curioso de esto es que tal vez los que más se retrasan en los pagos son las entidades públicas. Mucha empresa ha quebrado dejando a mucho parado por el camino por culpa de la administración que ahora se erige como salvadora.
Pero claro, es que el tío de las bombillas (Sebastian) es un economista de carrera curtido en grandes multinacionales y en las aulas pero dudo mucho que haya tenido que afrontar las necesidades de una pequeña empresa.
Hace unos días ocurrió una anécdota que, en mi opinión, ilustra bastante bien la cosa e hizo reafirmarme en mi idea de que son necesarios más empresarios. Se estaba realizando el reparto de los décimos de lotería que hemos comprado en la empresa y, como es habitual, cada cual comenzó a decir que haría si le tocaba. Piso y coche eran los deseos estrella. Nada llamativo. Más tarde, fui a comer con mi socio que había estado en una reunión en otra oficina y le lleve sus décimos. Cuando se los di me dijo: “mira que si nos toca… podríamos hacer el plan ese del que hablamos sin necesidad de financiación”.
Ese plan del que me hablaba es un plan de negocio de ampliación que tenemos diseñado desde hace tiempo y para el que necesitamos financiación y que, dada las circunstancias actuales, está metido en una carpeta a espera de tiempos mejores. Ese plan, implica la contratación de ocho personas. Lo curioso es que cuando yo pensé que haría si me tocaba la lotería pensé exactamente lo mismo que mi socio.
Hice cuentas y deduje que si tocaba la loteria en mi empresa se comprarian unos cuantos pisos, unos cuantos coches y ocho personas encontrarian trabajo. De pronto me acordé de esa frase tan común que dice que si no te toca a ti “ojala le toque a gente humilde que lo necesite” y me reí para mis adentros pensando que tal vez lo mejor es que la lotería le tocase a empresarios o a gente con interés por convertirse en empresarios. Definitivamente no es un deseo muy popular así que no lo expresaré en público.
Como decía en el post anterior, debo ser la única persona a la que le repanplinfaba el próximo presidente de USA. Debo reconocer que siempre me ha llamado la atención que por ejemplo un niñato borracho como Bush saliera elegido presidente pero también es cierto que me llama poderosamente la atención esa extraña manía que se tiene desde todo el mundo y muy especialmente desde Europa de creer que los americanos en general son tontos y no saben lo que deben elegir.
Al hilo de esta idea entablé una agradable y muy instructiva conversación con un conocido que, siendo gallego de nacimiento, ha vivido prácticamente toda su vida en Estados Unidos y tiene seis hijos allá. Él se confiesa demócrata y en su casa tiene hijos demócratas, republicanos y lo que allí llaman independientes. Como ya he escuchado en muchas ocasiones, este hombre venía a decir que en realidad esa diferenciación tan evidente que aquí hacemos se diluye bastante en la práctica. Según este hombre, que de tonto no tiene un pelo pero que yo sepa no es político, allí las políticas las marca el candidato más que el partido. Por eso mucha gente considera a veces más importante las primarias que la elección presidencial. Un caso claro fue este año con Obama y Clinton.
También me contó este hombre algunas anécdotas sobre la vida de los dos ex-candidatos. Algo había leído pero aún así no deja de ser curioso como, en un mundo tan globalizado y con tantas facilidades para la información, hay cosas que no llegan. Me comentó que Mcain era un tipo muy peculiar. Considerado un “outsider” por sus compañeros de partido. Un tipo hijo, nieto y bisnieto de militares hiper-condecorados que fue la oveja negra de la familia (militar por cojones, penúltimo de su promoción) hasta que fue hecho prisionero en Vietnam. Un tipo que ejerciendo como héroe se metió en política y que varias veces ha coqueteado con el partido demócrata y que fichó al esperpento de Palin precisamente para convencer “a los suyos”. Excepto que le van las mujeres y las copas, en poco se parece a Bush al que definió en una frase que para mi es genial como a una combinación del leon, el hombre de hojalata y el espantapajaros del Mago de Oz, o sea un tipo sin cabeza, sin corazón y sin valor. “Para muchos republicanos del ala más dura, casi un comunista”. Un poco exagerado me parece pero eso me decía este conocido.
Obama es un caso aún más curioso. Ha ejercido toda su vida de negro para llegar a fuentes del poder pero una vez dentro, ha renegado del componente racial y ha sido extremadamente “amable” con los contrarios. Obviamente en los dos últimos años se ha hablado tanto de este hombre que todo el que vive allí conoce de “pe a pa” su historia. Me comentó muchos pasajes de su vida pero me quedo con un ejemplo. Estando en Harvard se postuló como director de la revista de leyes de la universidad. Acá seguramente eso sería una especie de merito extraescolar pero en esa universidad de donde provienen un considerable número de congresistas y senadores americanos parece ser que pertenecer a la revista de leyes es algo así como pertenecer a una élite dentro de la élite. Este tipo además fue el primer director negro de la revista. Lo curioso es que durante su “mandato” decepcionó a la minoría negra porque no defendió sus derechos. Los blancos lo que vienen a decir es que simplemente fue neutral y eso no les gustó a sus compañeros de raza.
Y parece que ahí radica la “magia” de este tipo que se mueve en una especie de filo de navaja en la que hace guiños constantes a las minorías y a la vez consigue hacerse ver como un tipo poco peligroso para la clase WASP (White, Anglo-Saxon and Protestant). Me decía mi conocido, y es una interesante forma de verlo, que Obama está destinado a decepcionar a un gran número de personas. Por una parte, los negros, y con ellos todas las minorías, esperan gran número de gestos de discriminación positiva. Por otra parte, la gran clase media, espera un cierto cambio en cuanto a la guerra, las energías renovables y algún avance en política social pero desde luego nada revolucionario.
Fue entonces cuando yo recordé a Felipe Gonzalez. No porque se parezcan o no sino porque siempre tuvo esa habilidad para viajar por el filo de la navaja. Recuerdo una anécdota que me contó alguien con quien, por cuestiones familiares, entablé una relación bastante cercana. Este señor fue (y de hecho es) un personaje muy cercano a FG desde la época de la clandestinidad. Ha sido en calidad de compañero, amigo, chofer e incluso guardaespaldas, testigo de muchos momentos claves y aunque es discreto por naturaleza un día me contó la siguiente historia que yo contaré sin dar muchos detalles aunque pasado el tiempo no es tan importante.
Parece ser que allá por el principio de los ochenta de detectó cierto miedo en los poderes económicos a los socialistas. La cosa entonces estaba muy jodida (de hecho poco después fue 23F) así que FG decidió organizar una reunión clandestina (por otra parte muy comunes en aquella época) con un pequeño número de banqueros y grandes empresarios. No diré el organizador de aquel encuentro pero es realmente curioso ver el papel que tuvo en el futuro ese hombre y explica mucho lo extraño de su posterior nombramiento. Para esta reunión FG sólo acudió con dos personas de su entera confianza (una de ellas la persona que me lo contó). Parece ser que la reunión que parecía tensa se convirtió poco a poco casi en una cena de amigos con compadreos varios e intercambio de habanos incluido. Me decía mi amigo que la charla fue bastante amigable y se cumplió con el propósito que no era otro que convencer a esta gente que ni los socialistas ni FG eran tan peligrosos como los pintaban. De esa reunión él salió con la firme convicción de que FG sería presidente y con la confirmación de que este tipo era el más listo que había visto en su vida. Se reía pensando en cómo había engatusado a esta élite económica y qué pensaría esta gente si supiese cuales eran los planes reales que FG junto con la cúpula socialista urdía en las reuniones de partido.
Decía riendo muchos años después este señor: “yo pensaba: que se jodan. Bastante nos han engañado ellos durante años. No está mal que el pueblo les engañe a ellos para variar”. Con el tiempo, este hombre comprobó como los hechos demostraron que si a alguien engañó FG no fue precisamente a los que estaban en esa reunión sino más bien a los otros. Ya lo había visto antes cuando los de dentro se hicieron con el poder del partido frente a los del exilio pero nunca pensó que se lo hiciera a su panda.
En cualquier caso, él, como muchos otros, no acabó mal con su puesto bien remunerado y sus contactos. No obstante, y esto es pura elucubración mía, a mí me pareció que seguía un poco desilusionado con lo que pudo ser y no fue.
Cuando me contó esta historia a mí me dio que pensar porque yo fui uno de esos miles (no sé si millones, creo que sí) desencantados con la política de FG y que sintió con la rabia adolescente el puñal traidor del referéndum contra la OTAN, los compadreos monárquicos, las “leyes Corcuera”, los “pelotazos Solchaga” y los trapicheos y corruptelas de los que yo consideraba “los buenos”.
Ahora pasado el tiempo, no creo en buenos y malos (aunque sigo estando en contra de la pertenencia a la Otan y de las misiones de paz esas en las que ponen bombas y vas armado hasta los dientes) pero cada vez más valoro a la gente que, con opiniones similares o contrarias a las mías, al menos es coherente con sus palabras. Ahí está Aznar, el tío más gilipollas y con menos carisma que he visto en mi vida. Que lo veo y se me revuelve el estómago pero, nos guste o no, nadie que lo votara (con v) podría decir que se llevó una sorpresa. No estarás de acuerdo con él pero al menos sabes a qué atenerte. Esto debe ser el ramalazo conservador del que me acusaban hace poco.
Aún así, siempre me rendí al manejo excelso de este hombre que ha conseguido convertirse, según mi humilde opinión, en uno de los personajes más sobrevalorados de la historia reciente hasta el punto de que se ataque de facha a todo aquel que lo critica por aplicar políticas de derechas. Podría contar mi caso en alguna ocasión como ejemplo pero creo que los hay mucho más sangrantes. Y sino que se lo cuenten a Javier Krahe que sufrió un boicot al más puro estilo estalinista simplemente por componer una canción como “Cuervo Ingenuo”. Alguien dijo una vez al hilo de esta canción y la persecución a su autor. Franco te prohibía componer, los socialistas se conforman con que no cantes. Por cierto, Sabina, otro que sabe moverse bien por los entresijos del poder, se libró de la quema.
Y volviendo al tema americano me da por pensar que si Obama no será una especie de FG en americano. Todo “carisma” y encanto y moviéndose igual con los reverendos negros más radicales y con las élites de Harvard y Washintong. A lo mejor no. A lo mejor es un tipo que sabe moverse bien pero además es integro. De momento, vamos a ver cuánto tarda en abordar los temas sociales, el problema de la cobertura médica, la investigación con células madre o la reducción de emisiones contaminantes. Cosas de las que es mucho más fácil hablar que hacerlas.
Ojalá, por lo que nos toca a todos en el mundo, nadie tenga que cantarle parafraseando a Krahe eso de:
Como últimamente voy con cierto retraso en casi todo, en este fin de semana he mantenido algunas conversaciones muy interesantes sobre las elecciones americanas y la figura del nuevo presidente: Barak Husein Obama. Una de las primeras fue el curioso segundo nombre de Obama que, vaya “usté” a saber porqué no es tan conocido. Son estas cosas curiosas del marketing como por ejemplo el hecho de que a nuestro presidente se le conozca (parece ser que por expreso deseo suyo) por el segundo apellido. Yo sin embargo creo que tiene enorme mérito eso de que un pueblo como el americano, que hace cuarenta años exactos aprobaba una moción de un congresista donde se decía, con lógica perversamente aplastante que “si Dios hubiese querido que un negro fuese igual que un blanco no lo habría hecho negro sino blanco”, hoy día elija a un negro como presidente que, además, se llama Husein.
Una de esas conversaciones, con un español que ha vivido toda su vida en USA y que de hecho tiene seis hijos americanos fue sobre la figura del nuevo presidente americano que me recordó a un ex presidente español. Ese asunto lo trataré en un futuro post porque no me resisto a referirme a otra cosa que descubrí al habla con un señor bastante informado sobre la cosa pública y los entresijos del “mamoneo” parlamentario. La conclusión escandalosa es ni más ni menos que el proceso electoral americano estaba bajo sospecha o, al menos, en entredicho.
Habrá que explicar el porqué de mis dudas sobre el proceso electoral americano dando información de contexto. Una cosa que seguramente poca gente conoce (tal vez porque no interesa que se sepa) es la cantidad de prebendas que gozan nuestros nunca suficientemente ponderados prohombres del congreso y el senado. Por supuesto, cuando se habla de esto los diputados suelen esgrimir que su sueldo, a pesar de superar la media española bastante, no son estratosféricos y que cualquier ejecutivo medio de una empresa gana más. Eso es cierto y cabría argumentar los requisitos necesarios para ser diputado (hoy en día, ninguno en absoluto) y para ser ejecutivo de una empresa. Pero eso son temas discutibles. Lo que no suelen decir esta gente es la pasta que se llevan por cosas como viajes, dietas, billetes de avión y tren (cientos en un año), asistencias a comisiones, personal privado a su cargo, etc... No es extraño encontrarse por ejemplo una comisión para la intensificación de relaciones de amistad con una región neozelandesa que, por supuesto, implica un gasto en despacho, secretaria y viajes.
También sería curioso investigar el hecho de que hay una gran cantidad de diputados, senadores y políticos en general que figuran como administradores (ellos o algún familiar cercano) de fundaciones con nombres rimbombantes que se llevan una parte sustancial de las subvenciones sociales.
Una de esas muchas abnegadas funciones en las que los diputados agotan el tiempo que les deja la dura tarea de entrar en el hemiciclo cuando suena el timbre de la votación, mirar al regidor de su partido y votar en función del número de dedos que tenga levantado (sin tener ni idea, obvio es, que es lo que se está votando) es la posibilidad de asistir como “observador internacional” a cualquiera de las elecciones que se celebran por el mundo. Para ello lo único que tienen que hacer es pedir autorización para el viaje. Hasta ahora la aprobación (que sobra decir incluía su correspondiente partida de gasto) era inmediata y rutinaria. Por supuesto, nadie se atreve a hacer un análisis sobre dichos viajes que pagamos con nuestro esfuerzo y con nuestras multas de radar. En ese supuesto análisis podrían salir cosas tan curiosas como que, dependiendo del atractivo del país en cuestión el número de “observadores” crece exponencialmente. Ni que decir tiene que da la puñetera casualidad de que donde más hacen falta estos observadores es donde la cosa esta más cruda y dan menos ganas de ir. Por supuesto, cada diputado o senador se lleva a su gabinete de colaboradores. Muchas veces su pareja o sus hijos entre ellos.
Pues bien, en estas elecciones americanas, y visto que se trata de una democracia poco consolidada y muy sospechosa (y también porque no decirlo, teniendo en cuenta que el dólar bajo hace las compras en USA muy ventajosas) más de cien de nuestros esforzados diputados y senadores habían solicitado asistir como “observadores internacionales” a las elecciones americanas. El señor Jose Bono por aquello de que la mujer del Cesar puede ser una zorra pero tiene que guardar las formas, decidió denegar esas peticiones para predicar la virtud de la austeridad con el ejemplo.
Esta acción de Bono ha tenido dos importantes consecuencias. El cabreo monumental de muchos de los diputados (para estas cosas suele haber consenso y no se distinguen partidos) que ya tenían apalabradas las compras de navidad en Manhattan y la evidente puesta en cuestión del proceso electoral americano y por ende, de su resultado.
Así pues, Obama siempre tendrá esa sombra sobre su cabeza (evitaré chistes sobre su color porque hay quien no entiende la diferencia entre racismo y cachondeo). ¿Qué hubiese pasado si hubieran asistido los observadores españoles?. Quien lo sabe.