La leche y el che

Hace un tiempo un amigo al que quería bastante y que era una autoridad en estos temas (quien me lee ya sabe a quien me refiero) me comentó que la leche era uno de los peores alimentos posibles. O más concretamente, uno de los más descompensados y dañinos para el cuerpo humano. Ante mi sorpresa me explicó cosas de las que ya no me acuerdo con precisión pero que hacían ver que debido a los efectos de las proteínas de la leche (muy concretamente sobre la digestión de los alimentos) y de sus grasas, lo mejor que puede pasar con la leche de vaca es que tu cuerpo la tolere medianamente bien.

Incluso –me dijo- estos efectos nocivos son particularmente efectivos en la edad adulta que es cuando curiosamente se recomienda más leche. En cuanto a la supuesta fuente de calcio parece que ni eso está comprobado. No que la leche tenga calcio sino más bien que la ingesta de leche favorezca la absorción de dicho calcio.

Como siempre, mi amigo se empeñó en poner en cuarentena incluso sus propias teorías. Aparte de algunas pocas investigaciones serias en las que se procuraba explicar el comportamiento del cuerpo humano el sabía que la mayoría de los estudios se basaban en grupos de control (es decir, le damos a cincuenta una cosa y a otros cincuenta un placebo y observamos resultados). No obstante me insistió en que los efectos dañinos de la leche eran tan evidentes que, en algunos casos, bastaba con suspender su ingesta un par de días para ver desaparecer determinados síntomas.

Aún aceptando el hecho yo le hice la observación “típica” (que después odié por ser tan típica): Pero la leche debe ser un alimento completo ya que los niños durante meses sólo se alimentan de ella. Efectivamente era así. Era una alimentación muy completa para tomarla sola y para tomarla en los primeros meses de vida donde el cuerpo crece a una gran velocidad. Pero además, eso es en la leche materna. La leche de vaca está preparada para proveer al ternero de todo lo que necesita. No es demasiado difícil pensar que no somos iguales a un ternero y aparte de que el aparato digestivo de un ternero tiene poco que ver con el humano.

Aunque mi confianza en Santiago era muy grande, por curiosidad, investigué por mi cuenta. Ante mi sorpresa me di cuenta de que los problemas causados por la leche estaban muy documentados y que había bastantes investigaciones sobre los perjuicios de la toma continuada de lácteos.

Pero entonces, me di cuenta de una cosa. Santiago tomaba siempre café con leche. Obviamente le pregunté y la respuesta es curiosa y me hizo pensar. Me vino a decir que sí, que no sólo el toma leche sino que su mujer, que se sabe de memoria toda su teoría sobre lo perjudicial de la leche, le dio a sus hijos mientras estuvieron en casa un gran vaso de leche todas las mañanas. La cuestión – me dijo- es que hay algo contra lo que no se puede luchar y es la imagen de marca adquirida a través de siglos. Tanto tiempo llevamos tomando leche y asociando la leche a la madre que nos la da de su pecho primero y que nos la da en un vaso con el desayuno o en la merienda después. Tantas madre, tantas abuelas, tanta promoción en la escuelas (donde efectivamente hasta hace unos años era normal que les dieran un vaso de leche a los niños en el recreo), que no hay forma de convencer a nadie de que la leche es mala. Creo que si hoy un gobierno se atreviera a hacer una campaña diciendo que se modere el consumo de leche el ministro al cargo tendría que dimitir a petición popular.

Aparte del hecho en sí de si la leche es mala o no que tampoco nunca me ha importado (aunque debo de decir que desde aquello tomo menos leche) he pensado más de una vez en lo difícil que es romper algunos prejuicios. Y ayer me lo recordó una noticia que leí sobre el hecho de que los trabajadores de El País han ejercido un derecho a réplica que tienen cuando en más de dos tercios de su redacción están en contra de un editorial del periódico (por cierto, muy curiosa y encomiable ley interna). En la nota que yo he leído no dice si es la primera vez que se ejerce este derecho pero estoy seguro que será una cosa muy excepcional. En este caso se ha ejercido para rebatir un editorial bastante crítico con la figura de Ernesto “che” Guevara.

No he leído ni el editorial (nunca sé si es editorial es masculino o femenino, y lo veo referido en los dos géneros) ni la réplica de la redacción. De hecho me da igual lo que digan pero me hizo gracia pensar como se forja una imagen de marca hasta conseguir que un personaje como el “che” Guevara se convierta en un ídolo del progresismo. Aún más, es gracioso ver los puestos hippies con el póster del che al lado de los símbolos de la paz. Ya he contado alguna vez como un vecino mío pacifista de toda la vida solía llevar tres chapas siempre, una era la paloma de la paz de Picasso, la otra el símbolo de la paz y la otra la típica efigie del “Che”.

Hace ya muchos años (como siempre) yo me interese por la figura del che y me llevé una sorpresa bastante desagradable. Lo curioso es que se trata de una figura que para nada es lejana. Hay multitud de biografías, algunas de ellas autorizadas por él mismo, multitud de documentos y de discursos propios e incluso diarios publicados. Es decir que no es un personaje que se preste a las típicas exaltaciones o demonizaciones del transcurso de los años. Tú puedes estar de acuerdo con el Che o no pero sinceramente hay cosas que, objetivamente, no se pueden negar. Ya no recuerdo los detalles porque, insisto, leí mucho sobre él pero hace mucho tiempo pero si tengo en la memoria el hecho de que básicamente, era un tipo sanguinario ("vivo y sediento de sangre" escribió antes de su firma en una carta a su esposa) que, además, defendía la violencia como único medio de lucha contra la desigualdad (“sólo existe un sentimiento mayor que el amor a la libertad: el odio al que te la quita”). Un tío que se pasó su vida buscando guerras en las que participar (“si avanzo sígueme si me paro empújame si retrocedo mátame”). Que en el tiempo que estuvo en cargos de responsabilidad en Cuba, aparte de una gestión nefasta (hasta sus partidarios más acérrimos lo admiten) fue responsable de centenares de ejecuciones sumarias en las que a veces él mismo actuó como verdugo. Que perdió el apoyo de aquellos a los que ayudaba en África primero y en Bolivia al final por su carácter sanguinario (incluso se habla de matanzas de mujeres y niños porque según él, los muertos no empuñaran las armas en el futuro).

Un tipo en definitiva, que con pequeños matices ideológicos, hubiese apoyado sin ambages los métodos de Pinochet por poner un ejemplo. Un tipo que defendía “la dictadura del proletariado sobre el proletariado” y que se fue de Cuba cuando las relaciones con Fidel se habían deteriorado tanto que hasta él mismo temía ser depurado. Parece ser que una de las causas fue precisamente que consideraba a Fidel un “blando”. La otra causa fue la otra característica acusadísima del Che (repito, sólo hay que leer sus propios diarios y algo sobre su vida) que no era otra que su vanidad y narcisismo que le llevaba a ser populista hasta el extremo cosa que Fidel llevaba regular. Estoy seguro que si viviera, le encantaría ver hasta que punto su figura se ha mitificado.

Es curioso notar que la gente que lo conoció y trató apenas dice cosas positivas sobre él: era muy listo y frente a los excesos y lujos de los demás revolucionarios él siempre mantuvo un nivel de vida austero. Después llegan los defectos: era más que machista misógino (“Hay dos tipos de mujeres: las feas y las que se pintan”), prepotente autoritario y pendenciero. Vamos, una joya el tipo.

Esa teoría de la lucha armada contra la injusticia, la idea de que el fin siempre justifica los medios y la crueldad como forma de política tendría muchos adeptos hoy en día. Pero a mí se me hace difícil pensar en que esos adeptos estén entre la progresía (o al menos lo que se entiende comúnmente como tal). Me suena más al discurso de un etarra, de Pichochet o incluso de Busch (sacrilegio!) que de un demócrata actual.

Hoy, sus grandes defensores en el mundo son Fidel (que aprovechó para hacer de él un mártir y un símbolo cuando años antes era más un problema que otra cosa) y Chávez.

Pero esto que estoy escribiendo y mucho más que se puede escribir sobre el Che no interesa a determinada gente que ha crecido con su póster en la habitación (y yo he sido uno de ellos). Es muy difícil que nos quiten la perspectiva del “che” como una especie de héroe defensor de los pobres y los marginados. Me pregunto, cuantos de los que periodistas de la redacción del país defenderían las actitudes del che más allá de la idea de progresismo que el marketing y la adolescencia nos ha indo inculcando y sobre todos cuantos de los periodistas que firmaron la réplica estarían a favor de su teoría del “control estricto de la prensa” (teoría seguida posteriormente por Castro y recientemente por Chavez) que según él era necesario para alimentar la lucha anti-subversiva.

Pero en definitiva, pasa como con la leche, no se puede luchar contra la imagen de marca. Los niños cubanos (al menos hace unos años lo hacían), se ponían en fila delante de su retrato y gritan “¡seremos como el “che!. ¡Patria o muerte!”. Al fin y al cabo son los mismos niños a los que la revolución les proporciona un vaso de leche en el recreo.

Actualización: Hoy he leído el editorial de El País (http://www.elpais.com/articulo/opinion/Caudillo/Guevara/elpporopi/20071010elpepiopi_2/Tes) y lo cierto es que encaja bastante con mi idea. Sigo un poco perplejo de la movilización de su redacción contra él.

Encantando y feliz como una lombriz

Desde hace años, cuando tengo un viaje largo en coche no escucho música sino la radio. Para ello, suelo grabarme los programas. De hecho, ahora que miro coches para cambiar estoy buscando que tenga MP3 pero no por la posibilidad de meter diez mil canciones sino más bien por la posibilidad de meter cinco horas de radio en un CD. La cuestión es que la música me va bien para determinados estados de ánimo pero cuando tengo por delante cuatro o cinco horas de viaje (por ejemplo cuando voy a Sevilla) prefiero la radio porque escuchándola se me pasa el tiempo mucho más rápido. Hay veces incluso que llegando a mi destino aún he permanecido cinco, diez o quince minutos aparcado para escuchar el final de un determinado programa.

Y también desde hace años, el programa de radio que grabo es el mismo: “La Rosa de los Vientos”. Para quien no lo conozca, este es un programa que se emitía y espero que se siga emitiendo los sábados y domingos de madrugada. Se trata de uno de los programas más antiguos de la radio ya que en diferentes horarios (pero casi siempre a partir de la una de la madrugada) y con algún cambio de nombre, lleva más de diez años en antena.

La penosa noticia es que el sábado su “alma mater”, el periodista Juan Antonio Cebrián falleció de un infarto a la edad de cuarenta y un años.





Nadie se alegra de la muerte de nadie pero en este caso, y aunque no lo conocía personalmente, lo he sentido de forma muy especial. La noticia no es nueva y hay multitud de elegías escritas sobre el personaje. Yo quería simplemente decir que para mi Juan Antonio (no confundir con el otro Cebrián, Juan Luis) consiguió hacer un programa cuyo gran merito fue satisfacer y excitar la curiosidad de todos los que lo escuchaban.

Para quien no conozca el programa, es muy difícil explicar de que iba. Hay quien lo equiparaba al programa “de misterio” de Iker Jiménez. Quien dice eso simplifica hasta el extremo, aparte de ser bastante injusto en la comparación. La Rosa de los Vientos era un programa ecléctico formado por muchos miniprogramas. Además, con cierta frecuencia, aparecían o desaparecían secciones. Mientras que en “zona reservada” se charlaba con un tipo especializado en los servicios secretos, en “la hora cero” se charlaba en tertulia sobre cualquier tema con cierto misterio (podían ser la “caras de Belmez” o los enigmas del 11S) y en “los monográficos” se trataba un poco más extensamente un tema concreto como podían ser los evangelios apócrifos, la familia de Jesús o la historia de las profecías. Grandes enigmas de la humanidad, leyendas urbanas, azul y verde (noticias de ecología) eran algunas otras de las múltiples secciones del programa.

Una de las secciones preferidas para Jose Antonio y en general para sus oyentes eran los “pasajes de la historia” donde, en unos quince minutos, con la única ayuda de música de fondo, Jose Antonio contaba cual si fuese un cuento un pequeño fragmento de historia como podía ser la batalla de las Termópilas, la vida de Cervantes, o las andanzas de Viriato. Conozco a un profesor de historia que utilizaba estas grabaciones en su clase.

Aparte de todo esto, siempre se trato de un adelantado. Abrió una sección sobre Internet cuando nadie sabía siquiera que era, comenzó a hablar del agujero de ozono mucho antes de que todo el mundo se concienciara y cuando la mayoría de la gente ya hablaba del tema del ozono él comenzó a tratar en su programa el problema del calentamiento global.

En definitiva, se trataba del programa ideal para cualquier persona, del tipo que fuera y con la cultura que fuera pero con una característica común: la curiosidad.

Aparte de su programa a mi me gustaba la forma de ser de este tipo. Yo, que no soy nada mitómano y que incluso me cuesta bastante admirar a alguien, le admiraba. Aunque no lo conocía personalmente durante una temporada coincidí bastante con él porque debía vivir muy cerca de mí. Tenía el aspecto físico de tío bonachón. Las veces que me lo encontré, comprando en un supermercado o sentado en una terraza siempre lo veía sonriendo. Y me cuadró perfectamente porque antes de que lo conociera (físicamente, porque hablar no hablé con él nunca) yo siempre me lo imaginaba sonriendo. Era su marca y su estilo de hacer radio.

Frente a la crispación, partidismo y amarillismo actual, Juan Antonio Cebrián aportaba un programa lleno de contenidos curiosos con los que a veces estabas de acuerdo y a veces no pero el tono amable y dialogante en que eran expuestos siempre te hacía escuchar y pensar. De hecho tanto él como sus colaboradores solían opinar sobre temas de actualidad e incluso políticos. Pero tenía dos características que lo diferenciaban drásticamente del común de los programas y periodistas que nos invaden últimamente: las opiniones solían ser expresadas de forma educada y no iban única y exclusivamente en un sentido (en la "postura oficial" del partido de turno). Por fin un periodista que entendía, como la mayoría de los mortales, que se puede estar en contra de la dictadura de Castro sin ser un facha o contra la guerra de Irak sin ser un rojo peligroso. Incluso en las veces que no estaba de acuerdo con él (alguna pero sorprendentemente pocas para mí) se le valoraba el hecho de que su opinión tuviese algún trasfondo.

Aparte de estas cosas, he de reconocer que el hecho de que una persona de cuarenta y un años (prácticamente mi edad) fallezca de un infarto te acojona y te da que pensar a partes iguales. Un tipo por otra parte al que no le supones un estress especial sino que más bien parece alguien plácido, siempre sonriente y que (y eso se nota) hacía lo que le gustaba. Incluso había dejado de hacer un programa diario para hacer un programa de tres horas dos veces por semana. Como casi siempre que suceden estas cosas no puedes dejar de pensar en que, perfectamente, podrías haber sido tu.

Por todas estas cosas, que imagino no he sabido expresar fielmente, ayer, cuando me enteré de su muerte sentí un pellizco en el corazón. Casi me da vergüenza reconocer que incluso se me escapó alguna lágrima. No me suele pasar que el hecho de la muerte de una persona conocida me afecte demasiado. Y como ya he dicho, no soy nada mitómano pero creo que es una de las pocas personas de las que me gustaría haber sido amigo. En cierta forma, su voz, por culpa de esas asociaciones que todos hacemos, me lleva a mis viajes a Sevilla por navidad o por mi cumpleaños y a mis noches en vela de hace años cuando, por causas de una enfermedad, sufrí insomnio.

Como por razones de horario hacía tiempo que no escuchaba sus programas en directo, aún me quedan muchas grabaciones para muchos viajes. Las guardaré como oro en paño e incluso las dosificaré adecuadamente porque me temo que, aunque seguro que sus colaboradores habituales continuaran con el programa, la cosa no será igual.

Eso si, seguro que en el próximo viaje sentiré algo muy especial cuando suene la musiquita característica y escuche a su voz incomparable diciendo aquello de “y este que os habla, como siempre, encantado y feliz como una lombriz, vuestro amigo y compañero Juan Antonio Cebrián”.

Hasta siempre compañero.

We are the champions

El título del post va dedicado al hecho de que ha ganado el mundial mi favorito. Además, gracias a este hecho nos hemos evitado a un chaval gritando de histérico eso de "tomaaaaaaaaaaa" (caso de que ganase Alonso) o al papa llorando (caso de que ganase Hamilton). Ambos tipos de celebraciones me parecen de mal gusto y algo desagradables.

Kimi, muy en su línea hizo un pequeño ademán y como gran muestra de efusividad dio una palmadita en el hombro a su compañero. Al fin y al cabo simplemente había recortado 17 puntos en dos carreras y había quedado campeón por primera vez en su vida. En definitiva, sobriedad y elegancia en estado puro.

Eso sí, no quiero finalizar este post festivo (pero menos) haciendo una pequeña reflexión para la sección "haciendo amigos". Curioso el hecho de que después de terminar el gran premio conectaron con un bar en la ciudad natal de Hamilton y con una plaza en Oviedo. Los ingleses se fueron sin mucho más que decir y seguramente un poco jodidos porque no había ganado Hamilton. Los asturianos saltaban, se bañaban en la fuente y tiraban cohetes y petardos celebrando. ¿Tal vez celebraban que Alonso había perdido?. No, obviamente celebraban que Hamilton había perdido.

Recordé entonces la teoría de mi amigo que vivió muchos años en USA y que me contaba que la diferencia de la envidia aquí y allá es que allí la envidia se basa en querer tener un coche mejor y mayor que tu vecino mientras que aquí se caracteriza por querer que al coche nuevo de tu vecino le caiga un árbol encima.

Para rematar el absurdo, el comentarista de Telecinco al que casi le da un síncope cuando se tocaron dos coches y estuvo cerca la posibilidad de que Hamilton ganase (la alternativa era que ganase Kimi) sentenció un: "es evidente que Alonso tiene una afición mucho mejor que el inglés". Debe serlo porque una afición que es capaz de meterse en una fuente en Oviedo en las fechas en las que estamos por el simple hecho de que no ha ganado el compañero de equipo de Alonso es para ponerle un monumento. Yo propongo que se lo pongan al lado de Woody Allen y que utilicen la famosa frase de Groucho Marx “Disculpen que les llame caballeros pero es que no les conozco lo suficiente”.

El mismo Alonso me dio a mí la impresión de que tenía una medio sonrisa en los labios aunque en este caso lo entiendo. En fin, para que negarlo, debe ser los genes celtibéricos pero yo también me alegré de que perdiera. Que le den al fair play.

Las pequeñas grandes cosas

Hace tres días estaba en una ciudad a más de mil kilómetros de mi casa cenando en un restaurante de lujo rodeado de varias personas trajeadas y supuestamente importantes. Formaba parte de un agasajo a modo de recepción. Como si me importara.

Hace dos días por la mañana tuve una reunión con un director de una entidad pública donde le mostré algunas de nuestras soluciones. Se mostró gratamente sorprendido y muy receptivo. Como si me importara.

Hace dos días, por la tarde, mostré a un conjunto de personas escogido un nuevo proyecto para el que estamos pensando en colaborar con otras empresas. Lamentablemente parece que va a ser difícil. Como si me importara.

Ayer por la mañana participé en un congreso desarrollando una ponencia. Después de la exposición recibí halagos y varias consultas muy interesantes sobre el contenido de la misma. Como si me importara.

Ayer a las once de la noche, recién llegado y destrozado recibí una llamada. Era una niña de doce años que me decía que le había encantado los pendientes que le había enviado como regalo por su cumpleaños y para terminar, me dijo que me quería mucho.

Ayer a las doce de la noche caí rendido en mi cama sonriendo.

Imagino que debe ser la edad, pero cada vez me importan más las grandes cosas y menos las pequeñas.

En el amor y en la guerra...

Post commemorativo del día del medio ambiente


- Que tal, por lo que veo ligando con la morena. ¿Dónde se ha ido?.
- Al guardarropa, creo que nos vamos. Esta buenísima. ¿No te parece?.
- Si, hay que reconocer que hoy en día la cirugía hace milagros.
- ¿Porqué lo dices?, por las tetas. Ya decía yo. Pero a mi eso me da igual.
- Ojala fuesen sólo las tetas.
- ¿A que te refieres?
- Bueno, como decirlo sin ser brusco.. digamos que entre ella y tu tenéis cuatro huevos.
- ¿Que esa pedazo de tía es un tío?. Amos anda...
- Si no se los ha quitado claro.
- En serio me dices que es un tío?.
- Mírala bien, demasiado buena. ¿no te parece?.
- Si, buena esta un rato pero que dices, es una tía y además yo creo que le gusto. ¿Porque iba a creerte?. Es que además, no se le ve nada “masculina”.
- Bueno te daré un dato lo más objetivo que pueda. Después decides tu.. ¿Te acuerdas de que he bebido yo en el primer sitio a que fuimos?
- Si, un par de coca colas no?.
- Sip.. y tu un par de whiskys no. Y en el segundo sitio?
- No recuerdo bien, coca cola también?.
- Casi, una coca cola y un zumo. Y tu?
- Creo que otros dos Ballantines con hielo.
- Y aquí que estas bebiendo?
- Otro Ballantines.
- Y es el segundo.
- Si y tu un benjamín de champan verdad.
- Efectivamente. Es mi primera copa y tu llevas seis Ballantines.
- Joe, es verdad, ¿estaré borracho?.
- Yo diría que muy sereno no estas.
- Aja, pero tan borracho como para confundir una tía buena con un tío no estoy. O si?. …. Joder… y yo estaba a punto de meterle mano. ¿Qué hago?
- Nada. Puedes quedarte aquí y con un poco de suerte, buena o mala, en breve sabrás quien tenía razón. Eso sí, te recomiendo que seas directo porque a lo mejor no te gusta descubrir que has estado media hora de morreo con un tipo que se llama Manolo. Yo no me extendería en preliminares.
- Me estoy poniendo malo. Y le he dicho que la llevaba a casa. ¿Qué hago?
- Mira, si quieres te largas y yo le cuento cualquier trola. Que te has puesto malísimo o mejor, que te ha llamado un amigo que ha tenido un accidente y te has ido al hospital.
- De verdad harías eso por mí.
- Si pero recuerda que me debes una.

….

- Hola, no está tu amigo por aquí.
- Pues no, se ha ido. Porqué?
- Esto es increíble. Me dice que me lleva y ahora me deja colgada. La leche, si es que nunca aprenderé.
- Te soy absolutamente sincero?
- Claro, Porque lo dices?
- Me ha dicho que le parecías un hombre
- ¿Queeeeee?. Joder, no se si llorar o reír. Lo que no me pase a mí. Pero porque daré yo siempre con los tíos más colgaos del universo.
- Perdónalo, es que ha bebido mucho y le dio la neura. Además es obvio que no tiene mucha vista. Ya quisiera un tío estar como tu.
- Jajaja. Gracias pero no te creas, hay por ahí trans que están impresionantes. Hoy día con la cirugía…
- Ya pero es obvio que no tienen ese toque femenino de clase…
- Vaya, muchas gracias, al menos uno de los amigos es un caballero.
- Bueno, no te entretengo más porque lo cierto es que sólo me quedé para avisarte. Me sabía mal que no supieras nada.
- Lo dicho, un caballero. Muchas gracias de verdad. Por cierto, adonde vas.
- Teníamos previsto ir a un poco más tranquilo pero lo cierto es que se me ha ido la gente y no se exactamente donde estarán. Así que seguramente iré a casa. Ya es tarde. Por cierto, tu te ibas, si quieres te llevo.
- Te lo agradecería mucho. Me sabe mal que te hayas descolgado de tus amigos por mi culpa.
- En cierta forma ha sido un placer. No pasa nada por irme a casa. Hasta ahora no había encontrado a nadie interesante.
- Lo tomare como un cumplido.
- Claro que a lo mejor te gustaría tomar la última en un sitio muy acogedor que conozco. A veces voy para descansar y tomarme una copa de champan. Es de los pocos sitios donde lo sirven por copas y además lo puedes acompañar de algo de comer. A veces termino desayunando.
- Pues mira, me encantaría. ¿pero después me llevarías a mi casa?.
- Por supuesto, en cuanto me lo pidas.
- Decididamente eres encantador. Por cierto, como te llamas.
- Claro, que mala educación la mía..-


PD: Y como esta, miles de situaciones similares se viven día a día y noche a noche en pubs, discotecas y sitios varios de copas y ligues.

La causa: el calentamiento globlal (que sufre la peña).

Yo soy de Kimi

Si usted no esta al tanto de cómo va el mundial de formula uno, de los problemas de Fernando Alonso con su equipo, de la cara del papá de un tal Hamilton o de quien es el Kimi al que me refiero en el título es que usted es un anacoreta vocacional o no es español. Ninguna de las opciones es aceptable pero eso lo dejaremos para otro momento.

La cuestión es que llega el último gran premio de la temporada y la cosa esta reñida. Por un lado está Alonso. Fernando Alonso es, para la mayoría del resto de los habitantes de este mundo, un chaval bastante engreído, mal encarado y poco acostumbrado a perder que no ha encajado nada bien que su compañero novato le mojase la oreja. Como decía, para el resto de los mortales además es un chivato gracias al cual su equipo (el que le paga regular tirando a bien) va a tener que pagar un pastón en multas aparte de ver comprometido su mismo futuro como equipo.

Peeeeeero eso es si usted no es español. Porque siendo españoles como lo somos todos sabemos que en realidad Alonso es un incomprendido que se ha tenido que enfrentar a un equipo inglés con un piloto inglés. Todo el que haya tenido alguna vez que enfrentarse a un inglés sabe lo desagradable que es eso. No quiero ni imaginarme cuando se juntan ochocientos. Este equipo además no ha reconocido jamás que su coche anda no porque cuatrocientos ingenieros con recursos casi ilimitados y la valiosa ayuda de un dossier que podría titularse perfectamente “como hacer un Ferrari en ochocientas páginas” se encargaran de hacerlo andar sino porque Alonso lo ha puesto a punto. Dicen las malas lenguas que la primera vez que se montó en el coche dijo “esto va a ser de la trocola o de la tapa de balancines”. Mano de santo oye.

En fin, que yo como buen español quiero que gane Alonso aunque le reconozca algún fallito (por favor que nadie le comente esto al calvo de telecinco). Esto de identificarse con alguien por el hecho de ser de tu mismo país es algo bastante absurdo cuando te o planteas pero a todos (o al menos a mí) nos pasa.

- Este tío es cojonudo.
- Pero si mato a una vieja y violó a una niña
- Si, pero es español
- Ahhh, entonces….

Por cierto, obviamente lo anterior es una parodia pero cuando detienen a algún español fuera de España he notado como inmediatamente la gente asume que hubo un error en la justicia del aquel país, sea el que sea.

Siguiendo con el tema que me ocupa, he de decir que mis preferencias por Alonso no solo se basan en el hecho de que sea español (asturiano además, que todo el mundo sabe que es la verdadera España, el resto es tierra conquistada) sino porque Hamilton me cae cada vez peor.

Al principio le reconocía el merito que tiene un chaval recién llegado que le discute de tu a tu al campeón consagrado. Todas las críticas del novio de Alonso (Lobato) y compañía no hacían sino acrecentar mi aprecio. Me hacía particularmente gracia la acusación de “copiar la telemetría”. Me hacía gracia porque, en primer lugar pasó a ser una frase hecha que se comentaba sin pudor en el mercado de tal forma que cualquiera podía escuchar en la cola de la “pollería Carmela” una conversación como la siguiente:

- Niña, viste ayer la formula uno?
- Claro que si, hay que ver el pobrecito de Alonso eh?.. pero claro, es que el negro le copia la telemetría.
- Ya se lo decía yo a mi Manolo.. si no le copiase la telemetría a ver donde estaba el niño malaje este.

En segundo lugar me hacía gracia porque es una frase sin sentido. La telemetría (los datos recibidos mediante telemetría para ser un poquito menos inexactos) no se copia, en cualquier caso se podría copiar los reglajes del coche. Y hay que reconocer que el chaval lo hacía bien porque copiaba tan bien que lo adelantaba. De hecho, lo que se descubrió luego es que si algo hacían todos en ese equipo era copiar. En este caso de Ferrari.

Pero es que si hay algo que no aguanto es la imagen de niño perfecto y repipi que tiene este tipo y sobre todo, no aguanto a su padre. Lo de su padre es curioso. No hace sino lo que haría cualquier papá que es cuidar a su niño y sonreír cuando las cosas le van bien. Pero es que tiene la cualidad de sacarme de quicio cada vez que lo veo. Y además noto que es una cosa generalizada.

Lo de Hamilton lo define y resume bastante bien un piloto australiano que se llama Webber. Sólo conozco dos australianos personalmente y los dos tienen un sentido del humor muy especial. No se si es marca de la tierra. El caso es que Webber cuando habla de Hamilton se refiere a el como Lewis “todoselodeboamiequipo” Hamilton.

Y lo cierto es que toda la admiración que sentí en los primeros momentos se me vuelve resquemor cuando veo a “don perfecto” con su sonrisita y observo como una conjunción de dioses extraños le asiste. Primero fue cuando una grua le saca a la pista (inaudito), despues cuando cada vez que tiene un fallito (hay que reconocer que tiene pocos) le pasa en una zona expedita donde no tiene problemas para continuar. Más tarde al observar que las normas se redefinen cuando él está por medio. Como a un piloto que choca con él lo castigan mientras que cuando él hace que los demás se choquen sale de rositas. En fin, un complot urdido por los dioses y la perfida albion que han hecho que se salve de todas las incidencias.

Aparte de esto, ya ha tenido algún ramalazo de lo que en realidad es él como son todos los pilotos. Lo que suelen llamar “animal competitivo” y un jefe de mecánicos mucho menos correcto políticamente definió como “una panda de niñatos acostumbrado a ganar siempre y a cumplir todos sus caprichos”.

Así pues, he de reconocer que fui uno de los millones de personas que, haciendo gala de un savoir faire innato y mancillando alegremente el fair play, salte del sofá y proferí varios gritos irreproducibles cuando vi como Hamilton se quedaba tirado en la mismita puerta de los boxes. Una vez calmado de la excitación primera y recobrada la cordura recapacite sobre si era elegante alegrarme del mal ajeno. Sentencie en voz alta con un “¡que se joda!”.

Como decía, la manía a este chaval se ve acrecentada por la figura de su papá. Contaré una anécdota (con tintes zafios y poco respetuosos) al respecto. En mi casa no suele escucharse a los vecinos (a Dios gracias) ni siquiera cuando el Madrid mete un gol pero al poco de abandonar el chavalin su coche, las cámaras enfocaron al papá desolado y en ese momento escuché un grito lejano de una localización indefinida pero donde nítidamente se entendía: “Que le den por culo al conguito”. No soy yo mucho de chistes racistas, pero hay que reconocer que el papá se parece bastante. No obstante, por supuesto que ya estoy buscando casa para mudarme porque uno no puede tener vecinos de este nivel.

Así pues, queda claro que prefiero a Alonso a Hamilton pero en la última carrera hay un invitado de ultima hora: Kimi Raikkonen.

Este tipo es un tanto especial y a mi ha terminado por convencerme. A veces suele sucederme con los políticos que dicen tanta tonterías que el que menos habla es el que mejor me cae. Con este tipo me pasa algo similar. De lo poco que sé de él me consta que no es precisamente un prodigio de expresividad ni hablando ni mucho menos gesticulando. En una revista pusieron una vez una serie de fotos de Kimi con la leyenda “Kimi enfadado”, “Kimi asustado”, “Kimi sobrecogido”, “Kimi contento”…. Y todas eran la misma.

Aparte de eso, da la impresión de ser un tipo que pasa mucho de todo. Es un consumado aficionado a las fiestas y el alcohol. No hace demasiado salieron una fotos del tipo con una botella de champan en la mano mientras vestía un bonito disfraz de gorila. Otra diferencia curiosa. Cuando Hamilton abandonó, se fue a su box y en el momento que la cámara le enfocó (no antes, y ya llevaba un tiempo allí) él se recorrió todo el box saludando uno por uno a los mecánicos (que buen chaval…). Kimi, cuando abandonó en Monaco en vez de ir a su box, se subió al yate de unos amigos, se desabrochó el mono y se sirvió una copita de champan. Vio el resto de la carrera desde la cubierta del yate. Con dos cojones!.

Pero no solo es que sea un chulo (pero chulo con arte) sino que además ha tenido que sufrir más o menos el mismo calvario que Alonso con su compañero pero no ha dicho una palabra más alta que otra. Se ha limitado a correr y a ganar más carreras que nadie dándole un baño considerable a su compañero de equipo que es además el ojito derecho del jefe de Ferrari (más similitudes).

Lo tiene muy difícil pero sinceramente, yo me alegraría si ganase. Sé que la cosa esta muy difícil tambien para Alonso. Lo más probable es que gane “don perfecto” pero ojalá no pase. Mi carrera perfecta sería una en la cual fuese ganando Kimi y en la ultima vuelta (y si puede ser en la última curva) Alonso adelantara al niño de papá justo lo suficiente como para quitarle el punto que necesitaba para quedar campeón. Lo curioso es que imagino que si esto sucediese Alonso también estaría contento. Porque ganar esta bien, pero joder a un inglés siempre ha sido un buen sustituto.






PD: En la foto puede observarse a Kimi mostrando su sorpresa y algarabía al conocer el hecho de que es mi favorito.

Corrección política

En una escena de Los Soprano hablan sobre uno de sus compañeros de la mafia del cual descubrieron que era gay. “Por supuesto” se muestran tan indignados con ello que deciden cargárselo. El gay, que es gay pero no tonto (evitaré aquí referencias comparativas con Zerolo… es que me estoy quitando) se larga antes de que puedan pillarlo.

Uno de los tipos dice:

- ¿Donde estará Vito?. Cuando vuelva se va a enterar el “bujarron” ese. Que se encargue Carlo de él.
- Vaya, yo creía que querías hacerlo tu.
- Ya, pero es que tengo mucho jaleo y los federales no me dejan en paz. Si me tengo que cargar a alguien por trabajo vale pero meterme en líos por una cuestión de “corrección política”…

Me hizo gracia cuando lo escuché porque refleja perfectamente lo que es la corrección política. Depende de cada uno y de cada ámbito. Parece ser que en la Mafia lo de ser homófobo no es políticamente incorrecto, bien al contrario, lo correctamente político es “cargarse” a un gay.

En definitiva, la corrección política no es comportarse bien sino comportarse como a determinado entorno le parece bien y espera.

Vamos a ser sinceros, a mi lo de la “corrección política” se me da regular. Hace tiempo envié una “carta al capullo del director” pero no me la publicaron. Eso sí tuvieron la delicadeza de contestarme diciendo que no cumplía con las especificaciones ya que la carta debía ir con el encabezado “carta al director” y ser “políticamente correcta”. Les conteste diciendo: “pues cambien ustedes a Pedro J. por otro”. No me respondieron

Otro ejemplo me sucedió hace un tiempo cuando uno de mis socios “me apuntó” a una comida con un tipo con el que se supone que podemos hacer negocios. En realidad no son negocios en sí. Simplemente este señor conoce a mucha gente “importante” y puede servirnos para abrir determinadas puertas. Eso de los contactos es una cosa sobrevalorada o al menos esa ha sido mi experiencia de muchos años. Obviamente tipos como este procuran hacerte ver que sin sus contactos es poco menos que imposible vender en determinados sectores. Hay tanto comercial, intermediario y comisionista en este mundo (en cualquier mundo) que, obviamente, tienen que mantener la importancia de su papel.

Como mi socio me conoce algo me pidió que sea diplomático. Al preguntarle por el particular me dijo que, al menos, si no era diplomático fuese “políticamente correcto”. Esta petición tiene sus motivos: La última vez que comí con este señor estuve un par de veces a punto de perder el control. Más que nada porque me hierve la sangre cuando encuentro a un tipo con tan poca capacidad ética que, además, va por la vida de santo de misa diaria. Alguien que se permite dar lecciones de comportamiento mientras te deja bien claro que es capaz de cualquier cosa por ganar una comisión.

Me recordó a alguien que conocí hace mucho y que ocupaba un altísimo cargo en otro país. Este tipo contaba a todo el que le quisiera oír como había ganado una pasta intermediando en una compra de medicamentos para los pobres de su país. La cosa no sería tan deleznable si no hubiese sido por el hecho de que, para optimizar las ganancias, había acordado con el laboratorio que muchas de las cajas de medicamentos tuviesen menos medicina de la especificada e incluso en algunos casos las cajas estuviesen vacías.

Uno de los grandes inconvenientes de los que se dedican a la acción comercial (y si además hablamos de pequeñas empresas aún más) es la cantidad de “sapos” que se tienen que tragar a menudo. A mí me plantea un dilema moral y ético el simple hecho de sentarme a comer con un tipo, en cuyo despacho llama la atención un crucifijo tremendo encima de la mesa, que te dice cosas como que a determinados personajes lo mejor que podía sucederle es que ETA les pusiera una bomba, que a los catalanes y vascos habría que arrasarlos o que a los andaluces habría que quitarle el derecho al voto por incultos.

Yo no soy así y aunque soy perfectamente capaz de aguantar, hace tiempo que decidí darme el gusto de no pasar malos ratos y elegir mis compañeros de comida y charla así que, para evitar problemas, desestimé la invitación. Mi socio no se fue muy contento pero sabe que lo mismo que soy fácil de convencer para trabajar un sábado a las cuatro de la madrugada soy imposible de convencer para ser amable con un gilipollas.

Hoy alguien me ha hablado de que, en general, debería procurar ser políticamente correcto y mi respuesta ha sido poco ambigua: No me sale de los cojones.

Como primer intento, he de reconocer que no ha sido un gran avance.


PD: He contestado así realmente, pero en tono de broma y con un contexto evidente de complicidad y confianza. Una cosa es no ser políticamente correcto y otra distinta no ser educadamente formal (que eso si lo soy).

Connectando Puntos

El título de este post es el mismo que dio Steve Jobs a una conferencia que ofreció en una ceremonia de graduación de Stanford. Steve Jobs para que el no lo sepa (vergüenza me daría a mí) es el fundador y actual CEO de Apple (si, el del ipod.. ese) y de Pixar.

Steve Jobs nunca se graduó en la universidad porque a su familia se le acabó el dinero. No obstante, el tipo tenía inquietudes y siguió asistiendo clases como oyente (obviamente sin examinarse). Como no tenía que elegir materias obligatorias para confeccionar una carrera simplemente escogió las materias que le interesaban y entre ellas la caligrafía. Curiosamente en uno de los colegios de una de las mejores universidades del mundo, una de las materias estrella es la caligrafía (muy típico de los americanos estas cosas).

Según cuenta en su conferencia en ese momento ni él mismo pensó que la caligrafía tuviese alguna utilidad pero le gustaba y quería aprender. Aprendió que eran, para que servían y como se diseñaban fuentes, espaciados, interlineados, etc… Diez años después, cuando se diseñaba el sistema Macintosh él, y su amor por la caligrafía, fue el responsable de introducir en el ordenador todos los conceptos que hoy son tan evidentes como el uso de distintas fuente proporcionales.

Uniendo los puntos hacia atrás Steve llega a la conclusión (tal vez algo forzada desde fuera pero menos para los que conocen la historia de los ordenadores antes y despues de Mac) que gracias a que él dejó la universidad y se interesó por una materia tan aparentemente poco práctica como la caligrafía todos los ordenadores actuales (porque según defiende Steve con cierta razón, Windows no es más que una copia de Mac) disponen de una completa funcionalidad en cuanto a tipografía.

La moraleja que quiere expresar Steve a los graduados es que, cuando el estudió le hubiese sido imposible unir los puntos para formar ese hilo que tan claramente se evidenciaba ahora. Lo puntos del destino se unen hacia el pasado.

Yo, sin ser Steve Jobs, puedo contar decenas de esos casos. Suelo decir con cierta frecuencia que, debido a mi curiosidad por prácticamente cualquier tema, tengo una gran colección de "conocimientos inútiles" que al final, en muchos aspectos, han determinado mi devenir. Son esos puntos los que de forma a veces caprichosa se van conectando.

Pondré un ejemplo. Desde siempre me han gustado los coches, y en particular los coches clásicos. Revisando información sobre un coche inglés en concreto me llamó la atención el hecho de que el chasis estuviese hecho de madera. Años después me encontré en un parking de una universidad un coche de ese modelo. Cuando lo estaba mirando, llegó su dueño. Yo conocía de referencias al tipo. Según me comentaron, un tío brillante pero muy cortante y difícil en el trato. Bastante mayor que yo, era profesor emérito. Al acercarse me vio mirando. Para él no sería mucha novedad porque el coche es bonito y llamativo por inusual.

Yo me sentí casi obligado a decirle algo (parecía un poco gilipollas allí puesto mirando un coche como si fuese un adolescente) y le dije algo verdaderamente original "Bonito coche!". Si, bueno, no esta mal -dijo él sin prestarme mucha atención mientras abría la puerta-. No se muy bien porqué porque no soy yo muy de buscar conversaciones no deseadas (más bien al contrario) insistí: "¿Este modelo lleva el chasis de madera?". El se me quedó mirando, cerró la puerta y me contesto. "Pues sí, este es de los antiguos". Después de un rato de charla delante del coche nos fuimos a tomar un café.

Algún tiempo después, Santiago me confesó que con cierta frecuencia le preguntaban por la marca del coche, por cuanto costaba o por cuanto corría pero él se lo compró por el valor que le daba a una máquina hecha a mano. Cuando yo le pregunté por el chasis se dijo: vaya!, un tipo que no se queda en lo superficial. En definitiva, gracias al hecho de que un día me quedé con el detalle de que determinado modelo de coche tenía el chasis de madera, llegué a conocer y considerarme amigo de una de las personas más interesantes, maravillosas y geniales que han existido.

Otro de los casos donde se observan esa extraña unión de puntos tiene más que ver con mi desconocimiento que con mi conocimiento. Llevaba poco tiempo en Madrid cuando un compañero me invitó a salir a tomar una copa para enseñarme la capital. Quedamos en un sitio en una determinada calle. Lamentablemente, yo no conocía Madrid así que acabé en la calle pero sin encontrar el número (luego supe que estaba más adelante, pasando una calle con otro nombre). Dando vueltas encontré un sitio de copas similar a lo que me había descrito y pensé que lo mismo yo había apuntado mal el número. Allí esperé un tiempo bebiendo una copa y con esa sensación extraña de quien sale solo.

Cual si fuese un anuncio de colonia barata, un tipo comenzó a meterse con dos chicas que estaban cerca de mí en la barra. Las miré y ellas me devolvieron la mirada como rogándome que les echara un cable. Las salude como si las conociera de toda la vida y el tipo coñazo se fue. Una de ellas, la más bajita me dio las gracias y noté como no paraba de reír por cualquier cosa. Mi idea era largarme de allí pero de pronto sentí la necesidad de tener esa sonrisa cerca de mí para siempre.

Era Ella y fue la mujer de mi vida. La conocí gracias a mi desconocimiento de Madrid y, por cierto, gracias a que entonces no existía ni el móvil (mi compañero me espero dos horas) ni el GPS.

Nunca se sabe como se unirán los puntos en el futuro pero una cosa está clara, las líneas de la vida se forman, como todas las líneas al fin y al cabo, conectando puntos. Por eso, el título de este post y por eso el título de este blog.