Quien nace cochino...

Churchil dijo “Un hombre feliz es aquel que durante el día, por su trabajo, y por la noche, por su cansancio, no tiene tiempo de pensar en sus cosas”. Bueno no lo dijo Churchill sino Gary Cooper pero es que quería darle una cierta pátina de autoridad moral a la cita y, en este caso, un dignatario que además es premio nobel de literatura viste mucho más que un cowboy por muy sólo ante el peligro que esté.

Si nos atenemos a esa definición, yo soy en estos momentos uno de los hombres más felices del mundo. Lo cierto es que tanta felicidad me toca un poco los cojones (o como se diga) y echo de menos una época mucho más infeliz, holgada y aburrida. Es lo que tiene la crisis (perdónenme el ramalazo antipatriota) que, excepto en el caso de los miembros del gobierno, a todos los demás nos obliga agudizar el ingenio y a trabajar más antes de que nos obliguen a dejar de trabajar.

Por si alguien me ha entendido mal con mi referencia anterior, en el caso del gobierno todos sabemos que es materialmente imposible agudizar más el ingenio y/o trabajar más de lo que ya lo hacen. Un ejemplo es el señor Soria que ha conseguido en tres días lo que a algunas empresas que se dedican a hundir a la competencia (existen estas empresas aunque nos resulte extraño) les ocupa años. De una tacada ha conseguido, acojonar al personal, casi "cargarse" ochocientas empresas fabricantes de aceite de girasol y lograr que, gracias a sus ruedas de prensa surrealistas, en Inglaterra los periódicos hayan publicado que “el aceite español está contaminado” lo que afectará no sólo a los productores de aceite de girasol sino también a los de oliva.

El caso es que, (yo y mis paréntesis), la frasecita en cuestión me la ha recordado algo que me sucedió ayer. Y es que Gary Cooper tiene razón porque llevo una temporada tan liado con el trabajo que no me queda mucho tiempo para darle vuelta a mis problemas, cuitas y traumas. Uno de ellos es la crisis de los cuarenta (y uno). Ayer, sin darme cuenta, una situación aparentemente intrascendente e inocua hizo que de pronto aparecieran todos mis fantasmas.

A mí desde que era un crio siempre me han gustado las mujeres mayores. Pero claro, “mayor” es un comparativo y como tal un calificativo relativo. Cuando yo tenía dieciseis años y a pesar de que el hecho de estar cuadrao me daba cierto éxito con las chicas de mi edad, yo me ponía como una moto cuando veía a las mamas paseando a sus niños en el parque que había cerca de casa.

Había una en particular que me volvía loco. Era una “mujer mayor” que por aquel entonces puede que no llegará a los treinta. Tenía un niño de unos cuatro o cinco años. Solía sentarse con otras marujas cerca del banco donde nosotros nos sentábamos a vacilar (que es lo que se suele hacer con dieciseis años en un banco del parque con los amigos). Yo me quedaba absorto mirándola cuando, como hacen todas las mamis, de pronto veía que el niño se caía o se metía algo en la boca (por aquel entonces a los niños se les permitía ensuciarse). Era cuando la mami salía corriendo con esa poca gracia que tienen las mamis corriendo pero (y eso era lo que de verdad me gustaba) con ese movimiento de tetas al más puro estilo Sabrina Salerno en el especial de fin de año.

Tanto llegué a disfrutar de aquel espectáculo (con el añadido extraordinario de que la mami gustaba de llevar minifaldas) que a veces me sorprendía mirando más al niño que a la mami. Cuando detectaba que el crio comenzaba alguna acción que le llevaría irremediablemente a la catástrofe (en forma de llanto desconsolado) rápidamente mi atención se fijaba en aquella escultural mujer y su reacción. Recuerdo que más de una vez, comenté en voz alta con mis amigos y en voz baja para mí: "A esa mami le hacía yo otro niño".

Años más tarde, cuando tenía unos veinte, para pagarme mi verano en la playa yo solía dar clases particulares a chicos de BUP (fue cuando de verdad aprendí matemáticas). Una de las chicas a las que le daba clase de matemáticas de primero de BUP llamaba la atención por lo guapa que era. De hecho, ahora que lo pienso, tenía un rostro muy del estilo de Scarlett Johansson (o tal vez de cómo Chalize Theron, no sé. Ya he dicho que soy el peor fisonomista del mundo). A pesar de que era guapísima y que tenía unos ojos impresionantes, la chica no me decía nada porque para mí era lo que en realidad era: una cría.

Tal vez por eso, porque era lo más parecido a un amigo mayor que la niña tenía y porque como todo el mundo sabe cuando estas recibiendo clases de matemáticas te apetece hablar de cualquier cosa que no sean las matemáticas, la niña me contaba todos sus amoríos de adolescente incluyendo la historia de un pretendiente "mayor" (imagino que de dieciseis o dieciocho). Yo, que siempre he sido muy juicioso, le hice olvidar al chico mayor y le convencí para que se centrara en las pandillas de su edad y en los estudios. Es curioso como, ahora que lo veo con perspectiva, yo daba consejos tan responsables y politicamente correctos en una época en la que mi vida era de todo menos responsable y políticamente correcta (que razón tenía aguardentero cuando decía que nos volvemos prudentes y sabios cuando damos consejos pero pocas veces los ponemos en práctica).

Tan bien se me dio aquello que la chica le contó todo a su mamá y esta vino a verme para agradecérmelo. Cuando la mama llegó creo que estuve cinco minutos con la boca entreabierta. La mama era una especie de diseño ideal del photoshop. Póngale a la bellísima cara de la cría un cuerpo repleto de curvas y voila!: la supermamá. A pesar de yo por aquel entonces salía con una chica que no estaba nada mal, reconozco una vez más con cierta vergüenza que durante ese verano mis pensamientos más pecaminosos tuvieron como partenaire a esa mamá que, además, a raíz de ese primer encuentro venía con cierta frecuencia a por su hija y ya de paso hablar un poquito (que rabia ser tan tímido a veces). Lo más gracioso es que, lo mismo que cuando veía al crio de la mama anterior yo pensaba “otro como ese te hacía yo” no pude evitar pensar en más de una ocasión cuando le daba clase a la cría de primero de BUP: “cielo, te hacía una hermanita mañana mismo”.

Después de esa, han habido algunas mujeres mayores que me han resultado atractivas (si buscáis en el titobeno wikipedia la expresión: “han resultado atractivas” es probable que os salga “te ponen burro”) y normalmente con una característica curiosa y lógica a partes iguales: las musas cada vez eran mayores.

Últimamente estoy tan liado que, como dice la frase del bueno de Gary, entre la ocupación y el cansancio no tengo tiempo ni de pensar y eso que ahorro de comeduras de coco. Sin embargo ayer sucedió algo curioso. A la hora en que todo el mundo sale de trabajar (cuando a mí me quedan un par de horitas de relax) al tiempo que yo llegaba de una visita vi una mujer espectacular delante de la puerta de mi oficina mirando a las ventanas de arriba con interés. Obviamente, como no puede ser menos, le pregunté si quería algo y me dijo:

- No gracias, sólo espero a mi hijo pero es que no me contesta al celular –con un “inconfundible” acento argentino, que luego resultó uruguayo-.
- Y su hijo es?
- Se llama Santiago, tal vez lo conozca.

Santiago es un chaval que hemos contratado y que es el equivalente a lo que aquí sería un ingeniero técnico industrial. Justamente en ese momento salía Santiago y me presentó a su madre como “su jefe” algo que yo odio particularmente pero, que vaya usted a saber por qué, entonces me agradó. La mujer me sonrió y me dijo que su hijo hablaba mucho de mí y que está muy contento con lo que está aprendiendo.

Soy tan malo calculando que se me hace imposible saber la edad de la mujer pero me pareció muy joven para tener un hijo de veintitrés años. También sospeché que había pasado por el quirófano (con excelentes resultados por cierto). El caso es que recordé esa sensación que hacía tiempo que no recordaba. Si, efectivamente. Me había “resultado atractiva” (véase la wikipedia).

Volviendo en el coche me di cuenta que nuevamente volvían los fantasmas de la crisis de los cuarenta ( y uno) al darme cuenta de que soy tan viejo que me pone la madre no de un chavalin ni de un adolescente sino de todo un ingeniero.

En plena crisis existencial sobre lo viejo que soy y lo poco que me queda para ser aún más viejo, volví a recrearme en la imagen reciente de la mamá espectacular y no pude evitar pensar: “Yo le hacía otro ingeniero mañana mismo”. Inmediatamente, me sonreí y pensé que, después de todo, seré viejo pero no dejo de ser el mismo que cuando tenía dieciséis, cuando tenía veinte, cuando tenía treinta….

Y es que como dijo un buen amigo mío que no es Platón ni Churchil ni tan siquiera Gary Cooper pero cuya sabiduría emanada de la tradición popular me merece mucho más respeto: “Quien nace cochino, muere en el charco”.

Cosas de bomberos


Los periodistas suelen ser, después de los políticos, uno de mis colectivos favoritos como objetivo de mi sarcasmo. Obviamente, en muchas de las ocasiones soy injusto con ellos pero no puedo evitarlo. La cuestión es que yo defiendo que los periodistas y en general la gente que sale en los medios de comunicación de masas debe conocer un poco de lo que habla y a la par debe ser un modelo de referencia. Está clarísimo que les pido mucho.

Lo cierto es que tampoco pretendo que un periodista que hable sobre la inauguración de un acelerador de partículas sepa exactamente las bases físicas del aparato ni que hable con precisión y exactitud o que escriba con prosa clara y poco ambigua. Eso sería como jugar al poker y ganar. Pero si me gustaría que al menos no cometiesen faltas evidentes.

Hace unos años fui testigo de la reprimenda de un periodista que yo considero serio a una chavala jovencita. Yo era testigo involuntario ya que me encontraba arreglando un ordenador en la mesa de al lado. El tipo le dijo algo así como: “mira, tu tarea de todo el día es preparar un video de treinta segundos sobre una conferencia del presidente del banco mundial. Tu jornada de trabajo es de ocho horas y si quitamos las dos o tres horas de ir a la conferencia, escucharla y venir te quedan aún cinco. No pretendo que te conviertas en una experta economista pero en cinco horas no creo que te falte tiempo para investigar que es y para qué sirve el Banco Mundial, como se llama y como se pronuncia el nombre del señor que da la conferencia y, a grandes rasgos, porque da la conferencia y que significa lo que ha dicho”.

Cuando este hombre se fue la chica bromeó con un chaval que andaba por allí diciendo “vamos hombre, ahora tendré que hacer un master en economía para ser periodista”. Esa noche, por casualidad vi el video en el teledirario. La chica pronunció mal el nombre del conferenciante.

En estos días, en los que apenas puedo atender a nada, vi un video sobre un intento de linchamiento de unos bomberos. Después, he escuchado algunos comentarios sobre los hechos. La noticia tal cual fue que los bomberos tardaron cuarenta y cinco minutos en asistir y cuando llegaron usaron unas “mangueritas” finitas que “apenas echaban agua”. Por supuesto, los tertulianos que tanto se prodigan desde hace tiempo y que entienden de todo criticaron estos hechos. Inmediatamente después, se daba paso a los oyentes. En este caso la mínima prudencia ejercida por los tertulianos dejaba paso a la libertad de expresión entendida como la libertad para decir barbaridades. El que menos pidió la cárcel para los bomberos. Otro sospechó que los bomberos llevaban un camión antiguo y unas mangueras finitas porque no había presupuesto para más.

Yo, en mi juventud (hace más de seis meses), trabajé como voluntario en la cruz roja durante una temporada y me tocó, codo con codo, con una partida de bomberos. Los bomberos son, generalizando de forma gratuita como siempre, unos tipos pelín chulos y ligones (de hecho no me extraña visto el éxito entre las féminas) pero, y esta generalización es mucho menos gratuita, se trata de unos tipos altruistas y buenos por naturaleza. Una de las cosas que se les repite machaconamente en su formación es que jamás deben poner en peligro su vida por salvar la de los demás. Es algo que también me insistían una y otra vez en los cursos de salvamento marítimo. La lógica dice que si el salvador cae, los otros también. En el caso de los bomberos se trata de luchar contra esa especie de “instinto suicida” que tienen y que les hace ponerse en peligro constantemente con el único fin de salvar gente. Así pues, a mí que se critique alegremente a los bomberos no me gusta.

Pero, aparte de valoraciones subjetivas, yo creo que alguno de los periodistas que ha tratado esta noticia debería intentar conocer algo sobre el particular. No pretendo que se vuelvan bomberos pero no pasaría nada si preguntasen.

A los bomberos se les acusa de que llegaron cuarenta y cinco minutos tarde, que no hicieron nada y que usaron "mangueras finitas".

En cuanto al primer asunto, parece que al menos se ha publicado un informe donde avisan de que tardaron cinco minutos. Pero lo que no se ha dicho en ningún sitio es algo que yo creo que debería conocerse. De hecho, me parece mucho más interesante gastar dinero en un anuncio para avisar de esto que ese tan famoso de “lee las etiquetas. Gobierno de España”. Durante mi estancia con los bomberos me comentaron que, en ocasiones, llegaban demasiado tarde por la sencilla razón de que no les llamaban. Y es que es curioso pero cuando sucede un incendio hay mucha gente que da por hecho que ya se ha avisado a los bomberos o que grita “¡llamad a los bomberos!” pero no llama. En definitiva, que ante la duda, es mejor llamar a los bomberos. No se molesta porque se reciban varias llamadas para avisar de un incendio. A mí me pasó hace poco tiempo. Vimos ardiendo una nave industrial en medio del campo al lado de una carretera nacional. Pensé en llamar a los bomberos y mi socio que venía conmigo dijo “seguro que ya han avisado”. Al poco tiempo, pensándolo llamé al 112 y, por los datos que me pidieron, me da la impresión de que fue el primer aviso.

En el informe del que hablo se confirmaba que se tardó cinco minutos en llegar y que cuando llegaron el fuego estaba ya totalmente extendido. Pudo suceder algo similar a lo que he contado?.

En el caso de las “mangueritas” el asunto es aún más sangrante. Si alguien hubiese tenido la mínima ganas de conocer algo podría saber que en la actuación se usaron mangueras de 25mm que son las reglamentarias para utilización en fuegos en estancias confinadas y con personas implicadas. La razones son dos. Una es que es una manguera mucho más manejable para moverse entre muebles, puertas, escaleras, etc. La segunda, mucho más importante es que cuando se echa agua en un incendio se produce vapor de agua y, por si alguien no lo sospecha, el vapor de agua quema y mucho. Un litro de agua produce siete metros cúbicos de vapor de agua y esas “mangueritas” lanzan trescientos litros por minuto. Es decir, hablamos de dos mil cien metros cúbicos de vapor de agua por minuto. Dicho de otra forma, si alguien hubiese echado dos mil litros de agua para “refrescar”, como escuché a algún tertuliano “superentendido”, a la planta superior de esa vivienda es muy probable que hubiese conseguido escaldar vivos a los seis fallecidos. Esto sucede a menudo cuando los vecinos intentan ayudar.

A veces, los bomberos cuando llegan a un fuego “pierden” algún tiempo en conocer que hay, quienes hay y porque se ha producido el fuego. No es una cuestión de curiosidad. Simplemente es bastante fácil de entender que no es lo mismo un fuego con personas implicadas, o electricidad, o con sustancias químicas por medio.

Yo puedo llegar a entender a la masa enfurecida que ha escuchado los gritos de seis personas y asiste impotente al terrible espectáculo pero lo que me parece increíble es el linchamiento mediático.

El problema no es cuando los bomberos tienen cosas de bomberos, el problema es cuando los periodistas tienen cosas de periodistas.

Deciamos ayer...

Al hilo del post anterior he recibido un correo de una persona que en un tono extremadamente amable y educado me achaca que, escudándome en la anécdota, puede llegar a desprenderse de mi post que ridiculizo el problema del machismo, la igualdad o, incluso por derivación, el problema del maltrato femenino.

Me ha llamado la atención que Miroslav en su comentario al anterior post fuese por el mismo camino. Como en el caso de Miroslav me consta su sensatez e inteligencia y en el caso de esta mujer que me escribe y a la que no tengo el gusto de reconocer como comentarista, la deduzco por la forma y contenido del correo, voy a asumir que no terminé de explicarme bien.

En mi descargo diré que a mi habitual nula capacidad de síntesis a veces se ve más comprometida de lo normal cuando se trata un asunto de especial complejidad y que toca algún tipo de sensibilidad generalizada como es el caso.

Así pues, se me ocurre que en vez de contestarle en un correo aprovecho para hacer un post más que adicional, aclaratorio. Mi única intención es dejar clara (o al menos algo más) mi opinión. Como siempre no pretendo convencer a nadie.

En cuanto a la discriminación positiva, en contra de lo que seguramente se puede desprender de mi post anterior, yo estoy de acuerdo en determinados casos. De hecho yo, que soy eminentemente liberal, creo en la ayuda social cuando realmente es necesaria. Por eso si estoy de acuerdo con la ayudas o condiciones especiales para sectores menos favorecidos o en condiciones muy especiales. Por poner solo algún ejemplo estoy de acuerdo con las ayudas a las empresas para la contratación de discapacitados, o las cuotas reservadas para determinados colectivos que tienen especiales circunstancias, de colectivos en edades difíciles o con larga permanencia en el paro, etc…. Por poner un ejemplo sobre el asunto del que hablamos, si existieran (que no lo sé) yo apoyaría subvenciones, ayudas indirectas y beneficios a las mujeres maltratadas que en muchas ocasiones, lamentablemente no pueden huir de los animales que las maltratan porque literalmente no tienen dónde ir.

En lo que no estoy de acuerdo es en considerar, hoy día, por defecto a una mujer, a cualquier mujer, un colectivo discapacitado o en inferioridad de oportunidades. Legislar cuotas obligatorias además es injusto para hombres y para mujeres. Porque en este caso creo que la norma aplica en ambos casos. De hecho, en pos de la igualdad, podrá suceder perfectamente que en las próximas oposiciones a la función pública tengan que favorecer a los hombres porque en este caso no sólo hay igualdad sino que las mujeres se acercan “peligrosamente” a ese crítico sesenta por ciento. Yo no creo que se impongan las cuotas en general porque sería una barbaridad pero es al menos curioso preguntarse que pasaría en una minería por ejemplo donde las mujeres son evidente minoría o en las fábricas conserveras donde la inmensa mayoría son mujeres. Deberían despedir al cuarenta por ciento de sus empleados?. Pues si eso resulta ridículo no lo veo menos el que se imponga la paridad en el consejo de dirección de una gran empresa.

Yo en mi empresa me encuentro con algunas paradojas curiosas. Nosotros ponemos anuncios donde pedimos “ingenieros” o “mozos de almacén” pero utilizamos un plural genérico. Sinceramente, a mi que quien venga sea un hombre o una mujer, me da igual. No es que yo sea un adalid de nada es que creo que es lo habitual. Lo cual no quiere decir que si viene una tía despampanante no le mire las tetas. Pero eso debe ser instinto. Lo que no voy a hacer es contratar a una mujer antes que a un hombre ni viceversa por el hecho de serlo. Sin embargo, y una vez que lo decido, la forma de contratación es distinta en función de que sea una mujer o un hombre. La razón es que si contrato a una mujer tengo ayudas al hacerle un contrato indefinido que no tengo si lo hago con un hombre. Para mí eso es una estupidez.

Si es cierto y comprobable y a mí me ha pasado que las mujeres son más reacias a determinados puestos que implican más dedicación. Pondré un ejemplo. Hace unos años yo tenía que seleccionar directores de proyecto de entre los empleados de una multinacional. El proyecto implicaba viajar bastante y estancias de días en una ciudad a doscientos kilómetros de Madrid. Entrevisté a un montón de mujeres y hombre. Seleccioné a una mujer y a un hombre. Pero entre los hombres, a todos los que le expliqué las necesidades de viajes y estancias lo aceptaron sin problema. Sólo una mujer de las que entrevisté aceptó las condiciones. Unas porque tenían hijos y no podían ni querían estar fuera de casa y otras curiosamente sin familia pero que tampoco querían estar fuera. Dio la casualidad, que la única que aceptó las condiciones y que curiosamente tenía dos hijos pequeños y su marido era compañero de la misma empresa, era a mi juicio la mejor preparada.

Hay quien defiende que la igualdad debiera consistir en considerar que, en el caso que he contado, yo habría hecho mal al discriminar a las mujeres que no querían viajar. Lamentablemente el cliente no tenia ganas de cambiar su domicilio social. Hoy día en mi empresa la directora comercial es una mujer, pero sabe que tiene que viajar y si mañana se tiene que ir a Dubai (como es el caso) se tienen que ir y punto. Lo siento por la reconciliación familiar pero así es la vida.

En cuanto al asunto del maltrato, imagino que no tengo que decir que lo detesto. Y estoy absolutamente de acuerdo en que no se puede considerar igual un guantazo en el contexto, por poner un ejemplo, de una discusión de tráfico que un guantazo de un hombre a una mujer porque la considera de su propiedad. Esta última es infinitamente más grave porque normalmente avanza algo mucho más grave que puede acabar en un asesinato (al que suele seguir un suicidio que yo siempre me pregunto porque no vendrá antes) o en lo más habitual pero no menos malo que es una vida de infierno. Lo único en lo que no estoy de acuerdo es delimitar una dirección únicamente por más que esta sea inmensamente mayoritaria. Acaso si un hombre es víctima del mismo guantazo (o de la humillación constante) exactamente en el mismo contexto no merece exactamente la misma atención?. Yo creo que sí.

Y a partir de esas aclaraciones, insisto en que para mí, lo que se está viviendo ahora es más una ofensa para las mujeres en general que otra cosa. Es una cosa que observo con cierta frecuencia últimamente. Pondré un ejemplo. Cuando al presidente le preguntan lo primero que hace es presumir del hecho de que hay más mujeres que hombres, de que tiene la ministra más joven y de que por primera vez una mujer y además embarazada se hace cargo del ministerio de defensa. Yo creo que, incluso aunque no lo pensase así, hubiese sido más inteligente decir algo así como “escogí a las personas más indicadas, preparadas y/o capaces y dio la casualidad que salieron tantos hombres y tantas mujeres”. Para mí, el ministerio de igualdad cumpliría su propósito si el hecho de ser mujer y estar embarazada no sólo no fuese un motivo de crítica sino tampoco un motivo de elogio.

Por cierto, es curioso que Berlusconi (impresentable señor a mi juicio) haya nombrado ministra a una tia estupenda (al menos en lo que a físico se refiere) y de pronto sean las mujeres las primeras que despotriquen sobre el hecho de que es ministra porque esta buena. En este caso la ministra es de la familia y hay que convenir en que, como dijo alguien hoy en el trabajo, la muchcacha esta como para hacerle una familia numerosa. Parece ser que el susodicho impresentable se enamoró de la chica en un programa de televisión (cual principe cualquiera) y este en vez de hacerla reina la hizo ministra. Pues más de lo mismo. Uno defiene de modernidad de tener una ministra mujer y embarazada y el otro el hecho de tener una ministra potente.

Insisto es que esto se hace últimamente de forma rutinaria no sólo con esto del feminismo. Uno de los pilares de este gobierno, según Zapatero, será el calentamiento global. Imagino yo que se refiere a combatirlo. Daría para bastantes posts pero por cuestiones profesionales puedo asegurar que España es seguramente el país de Europa que menos acciones promueve para evitar o corregir la excesiva emisión de CO2. La más evidente es la demonización de la energía nuclear. Pero eso sí, no dudo ni por un momento que seremos el país con más y más llamativos gestos a la galería y declaraciones rinbombantes. Creo que hemos estado a un pelo de crear el ministerio para la lucha contra el calentamiento. Para la próxima.

No obstante, seguro que alguno osará dar lecciones al resto del mundo sobre el particular. El problema es que, por poner un ejemplo. cuando se propone almacenar bajo tierra CO2 (algo que hacen en Alemania y Francia desde hace tiempo) las "sensibilidades" se enfrentan y como además somos más ecologistas que nadie nos enfrentamos a ello.

Volviendo al asunto central del post y ilustrando esta forma de hacer se puede referir la anécdota que sucedió cuando se hizo una cena sólo de mujeres para la presidenta de Chile cuyo objetivo era "apoyar a la presidenta frente a la corriente machista que existe en su pais". Un país tan machista que, entre otras cosas, ha elegido a una mujer presidente. Seguro que necesitan de nuestra sabiduria y buen rollito.

De ahí que mi post, en el que criticaba al ministerio de igualdad, tanto por lo que preveo que hará (que no deja de ser un prejuicio) como en el nombre. Como dije, yo creo que sería más adecuado llamarlo ministerio de la mujer tal y como existen consejerías autonómicas o secretarias, direcciones o institutos. Pero no. Hay que buscar nombres efectistas. Por eso, yo si creo que el nombre del ministerio tiene importancia, porque en realidad, es mi opinión, el nombre y el efecto de buenísimo y progresismo (como el hecho de que la ministra esté embarazada) es lo más importante del mismo.

Espero que, al menos, haya conseguido explicar mi opinión. Y perdón por el rollo.

Ministerio de Igualdad (the true history)

Una característica del talante que impera últimamente es la utilización bastarda de epítetos, frases grandilocuentes o términos “buenistas” asociadas a cualquier cosa. Parece que si mato a una vieja pero lo llamo “reequilibrio de la edad media poblacional” la cosa es menos grave o directamente loable. Es una cosa que siempre se ha hecho y más en política pero últimamente veo que la cosa se agudiza.

Acabo de escuchar en la radio una discusión “apasionante” sobre si que se lleven agua del Ebro a Barcelona es un trasvase o no. La cuestión es que el presidente dijo repetidamente que, mientras él estuviera de presidente, nunca haría el trasvase del Ebro. Así pues, la cuestión es si se trata de trasvase o no para, después, decidir si el presidente mintió.

Para nada importa si esa agua es necesaria (que parece ser que si y mucho) o si el medio es correcto o si se va a fastidiar a alguien o si es ilegal (eso dicen los regantes). Tampoco importa el hecho cierto de que la promesa se refería a no llevar agua de una cuenca hídrica a otra independientemente del medio físico. La verdadera cuestión es si se puede llamar trasvase. Es una bonita forma de perderse en cuestiones nimias.

Además de nimia intrascendente porque no se conoce un caso en España donde una mentira de un político haya supuesto merma alguna en sus expectativas políticas y, muchos menos, se haya conjugado el verbo dimitir.

Pero lo que me hace reflexionar últimamente es el nuevo ministerio que se han sacado de la manga. El ministerio de igualdad. Que nadie espere de mi una crítica por el hecho de que se haya nombrado a una mujer, andaluza y joven. Ya he oído bastantes y alguna rozando la zafiedad sobre esta y sobre Chacón y su nuevo cargo. No entiendo porque se ha criticado tanto a esta mujer por ser mujer, estar embarazada y ser catalana. Aunque también es cierto que intuyo que son esos precisamente sus méritos para obtener el cargo.

Siguiendo con el asunto del post, con esto de los nombres de los ministerios sucede que cada día son más difusos y en un alarde de corrección política intentan contentar a todas las “sensibilidades”. Todo comenzó cuando alguien decidió cambiar el nombre del castizo Ministerio de la Guerra por el mucho menos duro “de Defensa”. En breve, pronostico, el ministerio de Defensa se llamará el Ministerio de Cooperación Humanitaria Internacional. Obras públicas se convirtió en fomento (últimamente se fomenta el cabreo nacional), ahora agricultura y pesca se llama medio rural y marítimo, etc..

Aparte de que cada cambio de nombre implica gastos ingentes en cambios de cartelería, papelería, webs, etc, lo cierto es que muchas veces inducen a error. ¿Acaso fomento se encarga de todo lo que implique fomentar algo?, ¿Acaso medio marítimo se hará cargo de la marina mercante?.

Pero en el caso de la igualdad, hay cosas que me llaman la atención. En primer lugar igualdad es un concepto estupendo en ocasiones, pero que ha demostrado ser fatal en otras. La ministra que ya tiene experiencia en gestionar cosas de las que no tiene ni idea (viene de la agencia andaluza para el flamenco) dijo una de estas estupideces grandilocuentes que tanto le gustan a su jefe: “La igualdad es el pilar básico de la democracia”. ¡Y una mierda! Digo yo. La igualdad es, en todo caso, el pilar básico y la excusa perfecta de los regímenes totalitarios. Desde Lenin o Stalin hasta el compañero Fidel siempre han vendido como valor principal de la revolución precisamente eso: la igualdad.

En la RDA un ministro dijo que el éxito de su sistema era que en una fábrica, el último de sus barrenderos era considerado y tenía los mismos incentivos que el director. Tal vez por eso, tuvieron que poner un muro. Imagino que para prevenir avalanchas de todos los que querían entrar en la RDA. De hecho, es curioso pero no sólo emigraban de la RDA saltando el muro los directores sino también los barrenderos. Y tal vez por eso, por el hecho de no disponer de ningún incentivo y por esa manía de la igualdad "consiguieron" en cuarenta años distanciarse tanto de la RFA en cuanto a nivel de vida y calidad de sus productos.

Un repaso por la historia nos convence del hecho, todo lo discutible éticamente que se quiera pero tozudamente cierto de que cualquier intento de sociedad igualitaria a la fuerza se estanca y cualquier sociedad basada en la desigualdad generada por el meritoriaje progresa.
Así pues, señora o señorita (no tengo el gusto de conocer) Aido, la igualdad en abstracto no es, ni muchísimo menos, un pilar de la democracia.

Pero, sin tener en cuenta a la ministra, en un alarde de buena intención y aunque parece evidente que se trata de un ministerio testimonial que servirá para poco más que para colocar a un puñado de secretarios, subsecretarios y directores, yo pensé que a lo mejor este ministerio se preocuparía de velar porque en España todos los españoles tuviésemos los mismos derechos y deberes frente a la ley tal como dice la constitución.

Se me ocurrió entonces la idea (peregrina, ya lo sé) de que tal vez los españoles seriamos iguales independientemente de donde viviésemos de forma que, por ejemplo, no se produzca el hecho tan curioso de que si un padre vende un piso y reparte el dinero entre sus tres hijos, no ocurra como en mi caso donde yo estoy exento de pagar impuesto de donación por vivir en Madrid mientras que mis hermanas que viven en Andalucía tenga que pagar un buen pico. O incluso que el hecho de poner una empresa en una región u otra no implique una diferencia abismal de impuestos y tasas.

También se me ocurrió que a lo mejor por fin alguien se tomaba en serio un problema muy pero que muy serio que afecta a casi cuatro millones de personas discapacitadas como es la eliminación efectiva (no sobre normativa rimbombante) de las barreras arquitectónicas. Tal vez para eso tengamos que esperar (espero que no suceda) a que un familiar cercano de Zapatero use silla de ruedas. Por último creí que tal vez este ministerio velaría por los derechos de los inmigrantes.

Debo confesar que mis expectativas no estaban alimentadas por la ilusión. Supuse que lo de la igualdad se quedaría en una de las últimas modas del buenismo que es la exaltación del feminismo. Me parece estupendo. Nadie puede negar que problemas como el maltrato machista o la discriminación son problemas importantes. Pero ¿porqué llamar al ministerio de igualdad?. Podrían haberlo llamado ministerio de la mujer. Porque además, mucho me temo que de igualdad nada. En breve, en plena crisis, espero leyes de cuotas. Tal vez yo tenga que poner anuncios del tipo “Se busca ingeniera de telecomunicaciones con experiencia. Hombres abstenerse”.

En un alarde de progreso se habla ya directamente de violencia machista. Nadie que quiera mantener un puesto político se atrevería a hablar de la violencia ejercida por mujeres. Estoy seguro que la violencia ejercida por los hombres sobre las mujeres constituye la inmensísima mayoría, pero la recíproca existe. Y no sólo hablo de maltrato sicológico sino de maltrato físico. Yo conozco dos casos. La bonita paradoja es que el ministerio de la igualdad será el encargado de sostener la desigualdad en los castigos que existe ahora mismo y que es inédita en derecho internacional. Hoy en día, una agresión de un hombre a una mujer se castiga mucho más duramente que exactamente la misma agresión recíproca. Yo he llegado a escuchar a una política (no recuerdo quien) decir que sí, que hay agresiones de mujeres pero que normalmente es porque están hartas o deciden dar el paso antes de ser víctimas de su pareja. Ni me imagino lo que pasaría si alguien justificara la violencia masculina con una razonamiento equivalente.

Le propongo un ejercicio a la ministra de igualdad. ¿En que acepción del término igualdad se encaja el hecho de que un juez supone por defecto que los niños estarán mejor con su madre en caso de divorcio?. ¿Porqué es imposible demostrar un maltrato sicológico de una mujer a un hombre? . Al menos con esas palabras se lo dijo un juez a un conocido mío que recibió una grabación de su mujer beneficiándose a dos de sus amigos cuando aún eran marido y mujer. Por si no ha quedado claro, esa grabación la envío su mujer cuando aún estaban casados y constituye una anécdota comparadas con otras humillaciones y vejaciones que ha sufrido este hombre (y que son tan hirientes que me resisto siquiera a referirlas) y que sólo le han valido para que le quitasen su casa y a sus hijos.

¿Se encargará el ministerio de vigilar este tipo de desigualdades?. Me temo que no. Ya he escuchado algo y parece ser que, como no podía ser de otra forma, se van a emprender acciones en el ámbito del lenguaje. Adiós a los plurales genéricos. Al fin y al cabo, desde el ministerio de vivienda lo primero que se hizo fue regalar cien mil pares de zapatillas así que me encuentro expectante ante la primera acción de hondo calado de este ministerio.

Pensando pensando y conectando puntos de pronto se me ocurre una explicación lógica del porqué del nombre del ministerio. Me imagino una reunión en la intimidad de Zapatero y Pepiño…

- Ya está… que te parece?
- Un momento presidente.. a ver.. dos catalanes, dos andaluces… y lo más importante.. mujeres y hombres. Aquí hay un problema, hay un hombre más.
- No Pepiño, miralo bien.. los mismos hombres que mujeres
- Perdona presidente pero no pillas el conceto, el gobierno está formado por los ministros y por el presidente así que alguien podría decir que hay un hombre más.. contándote a tí.
- Coño Pepiño estas en todo. Que hacemos, quitamos a un hombre?.
- Es que tenemos todos los cargos prometidos. Piensa en las familias de esos pobres subsecretarios.
- Es verdad, entonces ponemos un ministerio más.
- Pero cual?
- Pues no se, uno que sirva para dárselo a una mujer y alcanzar la igualdad… coño… ya tengo el nombre…

Y punto reondo

Últimamente estoy en uno de esos sobrepicos de trabajo (normalmente siempre estoy en un pico, y a veces el pico es aún más alto) que me impiden escribir y apenas leer blogs. Hace unos días leyendo un post de Miroslav (creo que el único que conozco que escribe post aún más largos que yo) sobre crueldad de animales (por cierto, veo que Amanda ha escrito algo al respecto) comenté sobre el particular.

El texto que se reproducía en el post era de un tal Jesús Mosterín, un “intelectual” del sistema (del sistema socialista parece ser) del que no conozco gran cosa pero que “me cae mal” simplemente porque es el promotor en España (se trata de una iniciativa internacional) del “proyecto gran simio” que pretendía “dar derechos humanos a los primates no humanos”.

Como digo, no conozco al tal Mosterín y a lo mejor es una bellísima persona y un tipo tremendamente inteligente y brillante pero no puedo evitar considerar una solemne tontería eso del “gran simio”. Solemne lo considera él, yo añado lo de la tontería. Por otra parte, el texto reproducido en el post era bastante objetable y en cualquier caso, en mi opinión, pobre en sus argumentaciones.

Mi comentario, aparte de señalar el hecho que ya he mencionado de que este tipo con sus antecedentes no es preciosamente santo de mi devoción, incidía una vez más por el hecho constatado y que a mí me parece curioso de cómo los humanos solemos buscar rasgos humanos en los animales y, en función de esos rasgos, le aplicamos más o menos derechos. Desde un punto de vista nada emotivo y simplemente lógico deberíamos defender exactamente igual los derechos de una rata, de una cucaracha o de un murciélago que de un oso panda, un mono o un delfín.

Sin embargo, como somos como somos, no podemos evitar que, excepto algún espécimen raro, a todos nos haga sentirnos bien ver un oso panda que nos recuerda a los ositos de peluche de nuestra infancia, o a un delfin que parece que estuviese siempre sonriendo o a un mono al que le asignamos una capacidad de sentimientos prácticamente humana. De la misma forma, todos sentimos asco y/o miedo en la presencia de una rata, cucaracha o murciélago.

De hecho da igual que sepamos que un oso panda es un animal peligrosísimo que puede partirte por la mitad sin mucho esfuerzo y que en libertad es muy probable que lo hiciera si te encuentras con él. Tampoco importa el hecho de que el delfín con esa carita simpática sea un animal temible (prácticamente el único animal que ataca y hace huir a los tiburones). Por último y en el caso de los monos es curioso pero nos cuesta asumir que en la mayoría de las especies se han encontrado a menudo casos en los que han degollado a sus crías (o a las crías de otros) o que han atacado sin piedad y comido a congéneres. Preferimos quedarnos con esos ojos de tristeza y melancolía.

Aunque bien mirado estas características podrían acercarlo mucho más a los humanos, nadie duda que cuando queremos encontrar rasgos humanos en animales no solemos fijarnos en los rasgos animales de los humanos.

Lo cierto es que, en función de lo bonito, agradable o simpático que nos parezca un animal, nos parecerá más o menos cruel el matarlo o torturarlo. De hecho, todos consideramos una barbaridad si alguien disparara un arpón a Flipper (quise decir a un delfín), pero nadie se escandaliza cuando una cucaracha o un ratón pierde sus patas al intentar escapar de una trampa pegajosa. A lo más que llegamos es a tener asco pero no pena.

En cualquier caso, mi comentario simplemente abundaba en esta cuestión. Hoy he observado que tenía una respuesta de un tal Lansky. El final de la respuesta decía:

En cuanto a lo que dice Tipo Raro estoy en total desacuerdo, cualquiera que mire a los ojos a un chimpancé enjaulado verá su espejo y su dolor, su enajenación. Es lógico que no sintamos la misma simpatía por una cucaracha ni la misma empatía por un rumiante como el toro u ave como las gallinas. En cuanto a descender del mono, frase que jamás pronunció Darwin, sino sus toscos adversarios, lo cierto es que monos y nosotros, que "somos" monos, descendemos de ancestros comunes por evolución. Y punto.

Hay algo que me ha llamado la atención de ese comentario. El “Y punto”. “Y punto reondo” dice un amigo mío con más gracia. Antes utiliza otro argumento retórico que consiste en negar algo (“...frase que jamás pronunció Darwin... “) que nadie ni en el post ni en los comentarios ha utilizado.

Pero lo que de verdad me llamó la atención es la verdad rotunda del “y punto” que se impone cual losa de verdad inmutable. Como sabe quien me lee, yo soy un apasionado del conocimiento y un amante del método científico pero siempre he sido un escéptico como expliqué (no sé si bien o mal) en el post “Cómo Santo Tomás”. La experiencia me ha hecho ser aún más escéptico si cabe.

No conozco una teoría científica que no haya sido rebatida o puesta en duda. Muchísimas de las consideradas durante años o siglos “verdades inmutables” en los ámbitos científicos han sido destrozadas. Como ya he dicho alguna vez, quien estudia a Newton está estudiando más historia de la ciencia que ciencia porque prácticamente todas sus leyes han sido contra-argumentadas. Ocurre en muchos ámbitos científicos (matemáticas, física, química, medicina) y mucho más en lo que a veces se considera pseudociencia como la sicología o la antropología por decir algo.

Cualquier sicólogo actual estudia las teorías de Freud como historia de la sicología más que como referencia. Que decir de las teorías antropológicas arqueológicas que cada nuevo descubrimiento sufren cambios drásticos. El último por poner un ejemplo con el nuevo descubrimiento de Atapuerca.

La inmensa mayoría de los hechos que reconocemos a diario son prácticamente imposibles de demostrar utilizando el método científico. Me he referido a menudo a ese aspecto tan terco y desagradable del método científico que dice que si observamos continuamente que una cosa se produce no podemos decir que sea una regla pero si no se cumple una vez podemos afirmar que no lo es.

Este fenómeno de escepticismo generalizado es bastante incómodo para discutir porque todos tendemos a argumentar basándonos en reglas y hechos que consideramos ciertos y probados pero en el fondo, la experiencia nos dice (al menos a mí) que es complicado aceptarlo incluso aunque haya un cierto consenso al respecto. Así pues, si ya discutir es un ejercicio apasionante pero a veces agotador, cuando usamos como base una serie de reglas poco consistentes cual arenas movedizas, puede resultar aún más sofocante.

Las últimas teorías sobre la evolución humana (o al menos las últimas que yo conozco) indican que, no sólo efectivamente jamás el hombre ha descendido del mono (algo sobre lo que hay consenso desde hace mucho tiempo) sino que ni siquiera somos dos ramas evolutivas que partimos de una especie común como hasta no hace mucho se pensaba.

De hecho parece ser que las coincidencias aparentes entre primates y humanos son eso: aparentes. El mapa genético presenta de hecho más diferencia entre un hombre y un mono que entre un hombre y una oruga. Ya hace mucho tiempo que las pruebas médicas sobre primates han perdido gran parte de su valor probatorio después de comprobar en repetidas ocasiones como no son para nada válidas ni equivalentes las reacciones fisiológicas de los primates en comparación con las humanas.

Esto, como todo, podrá ser contradicho mañana a la luz de cualquier descubrimiento o de cualquier estudio de una universidad americana, muy dadas a estas cosas.

No obstante, yo admito la discusión sobre cualquier cosa y mi único requerimiento es que se argumenten las opiniones. Probablemente los argumentos sean erróneos en muchos casos. Los míos o los de los demás, pero por favor, que me den argumentos y, como ya he dicho alguna vez, que no sean del tipo “yo tengo un doctorado” o “lo dice la tele”.

A pesar de que me consta que a veces es difícil distinguir entre discusión y pelea, creo que los aficionados a discutir solemos disfrutar con discusiones inteligentes. E mi opinión, discutir es un ejercicio mental sanísimo y del que se aprende mucho. Tal vez por eso, yo discuto a menudo conmigo mismo.

Tampoco me gustan demasiado los trucos retóricos aunque, he de reconocerlo, yo sé utilizarlos. Por ejemplo, no me gusta quien dice “eso es así y tú lo sabes”. Me parece el equivalente al golpe bajo en el boxeo.

Así pues, resumiendo, me encanta discutir pero no me creo demasiado las verdades absolutas salvo en muy pocas ocasiones, no me gustan determinados recursos retóricos ni me siento cómodo en discusiones donde se manejan argumentos de autoridad que emanan de no se donde (puede ser de un titulo o de un telediario) por eso, una de las cosas que no sólo me hacen desistir de discutir sino que me hacen dudar mucho de la capacidad del interlocutor es el famoso “Y punto”.

Sólo contemplo una excepción a la regla. Es cuando mi amigo Chimo me dice… “tito, no insistas. No la llevas y no la llevas.. y punto reondo!”. Lo cierto es que yo suelo contestarle entre risas “a ti lo que te pasa es que eres perfectamente consciente de que tengo razón y eso te jode”.

Pero es que yo quiero con locura a mi amigo Chimo y me hacer gracia cuando pierde los nervios conmigo. Me consta que el sentimiento es mutuo y por eso me aguanta.

PD: Quisiera dejar claro que este post me lo ha inspirado el "y punto" del comentario de Lanky al que ni conozco, ni he leído (aunque por lo visto es un tipo erudito y vehemente) ni considero justo juzgar teniendo en cuenta un simple comentario en un post. Así pues, que nadie vea una crítica a la persona, simplemente a la frasecita en cuestión.