Virtual, ¿viene de virtud?

He contado alguna vez en mi blog (y decenas de veces a quien tiene la mala suerte de sufrirme “in live”) la anécdota que me sucedió hace unos años cuando mi madre me dijo “ten cuidado en Internet que dicen que hay muy mala gente ahí”. Era la época en la que sólo una minoría se conectaba a internet y menos aún accedían a la web. Entonces las noticias que llegaban de internet eran, un poco como ahora, del tipo: “detenidos los pederastas de internet”.

La diferencia consistía en que entonces, no hace tanto, no existía esa mayoría de personas que saben que en Internet, como en casi cualquier otro “sitio”, hay de todo y no por conectarte te vas a encontrar en una sórdida red de estafadores, te vas a convertir en un proxeneta sin escrúpulos o te van a captar en una de las numerosas sectas satánicas.

Insisto que aún hay quien piensa que Internet es algo así como el Averno, la entrada al inframundo donde habitan todas las maldades. Tal vez por eso, me alegró cuando no hace demasiado (ya lo conté en otro post) les enseñé algunas de las múltiples posibilidades de la web a mis padres y comprobaron con los ojos abiertos como niños que Internet puede ser una ventana al mundo de sus ilusiones que, desgraciadamente como en la mayoría de las personas de su edad, están más en el pasado que en el futuro.

Pero entre los que nos conectamos a Internet coexiste otro prejuicio casi opuesto al anterior. Una amiga mía me decía que le encantaba Internet y concretamente los chats porque eran una magnífica forma de desarrollo personal y profesional. Era la forma un tanto rebuscada que tenía de expresar el curioso hecho de que con todos los hombres que se encontraba en el chat tenían varias carreras, “puestazos” profesionales y ganaban dinero a espuertas.

Los americanos, que son muy dados a encontrar nuevas enfermedades y adicciones, ya hace tiempo que tienen clínicas para esto de la adicción a Internet. En uno de mis primeros posts hable de un tipo al que hace tiempo que no “veo”. Se trata de “chatero”. Es un tipo que conocí en Zaragoza hace muchos años. Lo conocí en un chat y es a la única persona de un chat que he conocido en persona y más que nada porque dio la casualidad que vivía justo enfrente de mí.

Chatero era un tipo bastante normal. Un poco más inteligente que la media diría yo, pero normal. Él pasaba horas y horas en los chats y a diferencia de lo habitual por aquel entonces (como digo hace unos años eso de conectarse a internet estaba tan mal visto que casi se ocultaba), defendía las relaciones cibernéticas. Una vez me dijo algo así como “Si yo supiera que en bar que hay debajo de mi casa a cualquier hora que me apetezca bajar voy a encontrar un grupo de gente interesante y divertida si me interesa la charla o excitante si estoy caliente, yo iría todos los días a la hora que me apeteciera a ese bar. Lamentablemente en los bares, sitios de copas y discotecas no sucede eso. Sin embargo yo me conecto a un chat a la hora del día que me apetezca y si me apetece divertirme, chateo en el general con conocidos, o conozco nuevas personas o me caliento con una conversación en un privado”.

Lo que me ha inspirado la escritura de este post es algo que tiene que ver con todo esto y que he pensado en multitud de ocasiones y es lo curioso que es el hecho de que cuando te conectas a internet encuentras personas estupendas que normalmente no reconoces en la calle. Y ahora no chateo desde hace muchos años y mi lista del Messenger es limitadísima por una cuestión pura de tiempo pero a cambio leo blogs y comentarios y me encuentro a menudo con mujeres y hombres brillantes (y brillantas si se me permite la bibianada) , divertidos, inteligentes y atractivos.

Sobre este hecho caben muchas reflexiones. Se puede aplicar el prejuicio negativo al modo que lo hacía mi amiga y que consiste en suponer que en realidad son posturas, distorsiones de la realidad o directamente mentiras. Hay que reconocer que es un medio muy dado a ello y todos supongo (yo al menos sí, en alguna ocasión) hemos jugado con ello. De hecho, alguna vez dije que el anterior blog comenzó más como un ejercicio de ficción (muy inspirado por el blog estrella de entonces que era el de la chica "intelijente") que como un blog personal y autobiográfico y no fue sino mi nula capacidad para desarrollarlo y mi tendencia a escribir sobre lo que opino lo que al poco tiempo de comenzar derivó en lo que es hoy (que cada uno lo defina como quiera).

Sobre esto de la mentira o exageración de las virtudes yo tengo una teoría y es que en este tipo de relaciones entran en juego muchas veces los mismos factores que entran en juego cuando lees una novela y es la propia imaginación del receptor. Yo recuerdo que cuando chateaba (imagino que eso no habrá cambiado mucho aunque ahora con las webcams seguro que ya no es tan habitual) entre las preguntas arquetípicas junto a las “¿de dónde eres?”, “¿Qué edad tienes?” o “¿a qué te dedicas?” existía aquella que se solía hacer cuando habías pasado el primer estadio de preconocimiento y consistía en “¿Y tú como eres?”. En la más de las ocasiones, se refería a como se era físicamente. Como todo el mundo que chatea, a base de repetir las mismas preguntas y las mismas respuestas, yo tenía casi aprendida de memoria una respuesta y siempre me sorprendió que las reacciones fueran en la mayoría de las ocasiones tan, digamoslo así, entusiastas. La cuestión es que cuando yo soltaba la retahíla (moreno, 1,87, ojos pardos, 90 kilos) la interlocutora se imaginaba directamente a cualquier ligue de la Obregon (que ya comienza a ser un biotipo) lo mismo que si una mujer dice “bajita, no demasiado delgada, con bastante pecho” nosotros concluimos que estamos charlando con una clon de Scarlett Johansson. Obviamente, la inmensa mayoría de estas imágenes mentales están destinadas a ser severamente defraudadas. Y no sólo en el físico sino también en el resto de cualidades humanas que creo son mejoradas y aumentadas por la fuerza de nuestra propia imaginación (por más que también haya intentos de maquillarlas desde su origen).

Este argumento explicaría el hecho habitual (al menos en lo que me dicen) de las habituales desilusiones cuando se conoce a alguien con quien has mantenido una relación cibernética, en persona. Imagino que debe ser el mismo choque que cuando ves una película basada en un libro que has leído. Excepto en muy pocas ocasiones (y por ello son excepciones) el intento suele defraudar las expectativas.

Aparte de este prejuicio negativo (suposición de mentira) y neutro (exaltación de la imaginación), yo tengo desde hace un tiempo otra teoría que explicaría el hecho de que en Internet nos encontremos personas más interesantes y atractivas que en lo que se da por llamar “vida real”. Si tengo que meterla en la escala anterior la consideraría positiva. Se trata simplemente de que, aunque para muchos Internet no es real, por este medio se da la oportunidad de expresarse y comunicarse y, aunque seguro a muchos que le leen a menudo les sorprenderá, yo opino que en muchas ocasiones (no se si soy tan optimista como para decir en la mayoría), las percepción de una persona y mi opinión sobre ella mejora notablemente cuando la conoces. Mi padre solía resumirlo en una frase: "mira el tipo más despreciable que encuentres y verás que tiene algún amigo".

Yo centro ahora mi “conocimiento” en la lectura de blogs y estoy seguro que muchas de las personas que leo y que me parecen inteligentes y brillantes tanto en los posts como en los comentarios si alguna vez me los hubiese encontrado en una reunión de amigos, en un bar o en una disco (esto último prácticamente imposible desde hace tiempo) probablemente no me habrían llamado la atención. ¿Porqué?, pues porque no creo que jamás hubiese llegado a conocer que tiene dentro (y no me refiero sólo a la ropa interior, que también). Exactamente igual, estoy convencido que la mayoría de las personas que me halagan y me tienen por alguien interesante en este blog si se cruzaran conmigo en cualquier sitio probablemente ni recapacitarían en mi presencia. Hace mucho tiempo, en uno de los post más incomprendidos de la historia, intenté reflejar de forma sacrcástica la diferencia entre la forma de ligar en un sitio con música estridente y con frases del tipo “vienes mucho por aquí” o ligar por ejemplo en un chat (o Messenger) manteniendo una conversación (puede que intrascendente, pero conversación al fin y al cabo). Lo curioso es que, aunque afortunadamente cada vez menos, el conocer a alguien en un chat tiene mala prensa.

Toda esta disquisición bastante desordenada viene a cuento de algo que vengo observando últimamente. Observo hombres y mujeres que razonan y se expresan en términos que después echo de menos en la calle. Por poner un ejemplo simple pero con el que yo soy particularmente sensible, en cuestiones de xenofobia y racismo leo los comentarios y en poco tienen que ver con lo que se escucha y se ve. Es cierto, y creo que tiene mucho que ver, que yo leo y me leen personas que sin querer parecer elitista considero que tienen cierto nivel. También pasa en cuanto a la forma de ser de las mujeres. Sin entrar en muchos detalles que seguro que serían polémicos, de pronto descubro un tipo de mujer que a mí me resulta tremendamente atractivo pero que no suelo encontrar a menudo (por no decir casi nunca) y me pregunto si será porque en Internet la búsqueda es más sencilla, porque hay más para elegir o porque tal vez yo no sea capaz o no tenga paciencia para descubrir que hay detrás de esas impresiones superficiales en las que, en la mayoría de los casos nos quedamos.

Un día una amiga, pareja de un amigo, me sorprendió diciéndome que mi mujer ideal estaba en Colombia y se atrevió a puntualizarme aún más, en Medellín. Puede que tuviese mucho que ver con el hecho de que era de allá pero ella me aseguraba que en vista de mis gustos sobre mujeres las colombianas de Medellín “estaban hechas para mí”. ¿Será que en vez de Medellín, mi pareja perfecta se encuentra en Internet?.

Lo cierto es que afortunadamente o desgraciadamente, según se mire, mi trabajo aún me obliga a mantener cierto nivel de relaciones sociales porque no si no fuese por eso creo que terminaría por retirarme del juego. Lo cierto es que cada vez me da más pereza relacionarme. Por una vez me encantaría descubrir que esa morena de la barra cuyo escote me pone tantísimo pero me da la impresión de ser bastante simple es además una persona brillante, divertida e inteligente que tiene sus opiniones sobre cualquier tema y que me argumenta a veces de forma sesuda y contundente y a veces de forma ingeniosa y provocadora y que ella dejara de pensar que ese tío que no deja de mirarles las tetas es algo más que un cazador que, en busca de su presa, procura impresionarle mostrándose como el jefe de la manada.

Donde dije digo...



Alguna vez, cuando alguien dijo delante de mi amigo Santiago que “rectificar es de sabios” él apuntilló: “Si, de sabios... pero equivocados”. Yo no quiero ir de sabio pero si me apunto a lo de equivocado.

Desde aquí y ahora me confieso errado. Me refiero a mi post anterior. En él me refería a, desde ahora, mi ministra preferida. Para ser aún más exactos diría “la preferida entre el conjunto formado por los ministros y las ministras”. En este post yo me quejaba de que la ministra Aído (apellido masculino, por cierto) me había decepcionado en su comparecencia porque de fácil que lo había puesto era aburrido criticarla. Además, me pareció un poco simploncilla y a mí los ministros (y las ministras) me gustan más cuando se rebelan y pelean porque es entonces cuando sueltan esas perlas geniales. Por eso echo de menos a Carmen Calvo con sus rabietas y me pone Magdalena Alvarez (me parece un poco irrespetuoso llamarle Maleni) cuando saca sus “cojovarios” y frente a las risas y/o indignación provocadas por una burrada responde con otra burrada mayor.

Haré un inciso aquí para aclarar que el hecho de que me haya referido a tres ministras es pura casualidad y no tiene nada que ver con machismo. Lo cierto es que Solbes mete la pata a menudo pero como antes ha conseguido sumirte en un sopor que atonta los sentidos, uno no puede reaccionar a tiempo. Además, si quiero verlo de esa forma también podría argumentarse que las tres son andaluzas y no creo que nadie sospeche de mis prejuicios contra los nacidos al sur de Despeñaperros y mucho menos contra las nacidas.

Pero, a lo que íbamos, he de reconocer que he minusvalorado a Bibiana (me comienza a poner hasta el nombre) porque comienzo a verle maneras de luchadora. Iba a hacer aquí una serie de símiles taurinos pero seguro que hay alguien que se me enfada así que simplemente diremos que la ministra se crece ante las críticas.

Si en el último post preveía poco juego o juego simplón, ahora se ha demostrado que de eso nada. En primer lugar observo que no es de rectificación fácil lo cual la hace más divertida. Me refiero a su ocurrencia de “miembros y miembras”. Yo entendí el lapsus perfectamente porque cuando se está hablando (e imagino que nerviosa porque la chica estaba en su primera comparecencia como ministra) y teniendo en la cabeza la intención de hablar de forma poco natural, siempre se comenten errores. Ya le pasó a otra diputada con lo de “jóvenes y jóvenes”, alguien más dijo “los frailes y las frailas” y en el país vasco, desde que a Mr. Spock le ha dado por lo de “las vascas y los vascos” también han sucedido anécdotas como el tipo que dijo “los adultos mayores, tanto hombres como mujeres".

En cuanto a esto del Pais Vasco, hace tiempo leí un artículo de Perez-Reverte donde, analizando la cantidad de referencias de doble genero que hacían ilegible el texto de una ley vasca, proponía que en vez de “los miembros y las miembros” directamente ser tiraran al río de la estupidez y redactaran “los miembros y las miembras”. Suele decirse que la realidad va por delante de la ficción, en este caso ha tardado un tiempo en alcanzarla.

Pero la ministra podía haber minimizado este asunto o incluso le podría haber dado la vuelta. En mi modesta opinión, si se hubiese sacado su vena gaditana para reírse de su propia ocurrencia la cosa habría quedado en un simple lapsus. Seguro que había “losantos” que se quedarían en el chascarrillo pero la inmensa mayoría de los (y las) que formamos la gente normal lo hubiese asumido como lo que es, un error puntual.

Pero no, en dos días ha dado todo tipo de explicaciones a cual más surrealista. En primer lugar dijo que el lapsus fue debido a que venía de un viaje por sudamerica. Por curiosidad pregunté a gente de mi empresa y amigos. Que ellos sepan, ni en Uruguay, ni en Colombia, ni en Argentina, ni en Venezuela se usa eso.

Después incluso alguien le quiso hacer un flaco favor quitando el famoso “miembras” del y como suele suceder a veces, fue peor el remedio que la enfermedad.

Pero lo genial vino cuando, cual Magadalena Alvarez, decidió que la mejor defensa es un ataque y propuso directamente que la palabra fuese incluida en la RAE. Ríete tu de Franco, Castro o Chavez, vamos a incluir una palabra que no usa nadie por decreto ministerial. Propongo desde aquí que se incorpore miembra junto con "bibianada".

Ya cuando leí esa propuesta la ministra comenzó a caerme mejor pero cuando ya decididamente me conquistó con ferviente admirador fue cuando, ante las respuestas (lógicas y evidentes) de algún académico de la lengua, su reacción fue un punto más furibunda y, como suele pasar, aún más surrealista:

Quizás haya una cuestión de género de fondo y haya que tener en cuenta que de los 43 miembros de la Academia solamente hay tres mujeres, pero no es un tema prioritario en este momento"

No está mal. La típica actitud de quien usa el feminismo como agravio comparativo una y otra vez. Claro, imagino que si hubiese mas miembras la cosa hubiese sido menos estúpida. Preveo un sinfín de argumentos similares a este. No es que sea tonta, es que somos machistas.

Pero lo genial de verdad vino después, cuando, para afianzar aún más su postura dijo:

"hay palabras como determinados anglicismos, como 'guay' o 'fistro' que no tuvieron tantos problemas" para ser recogidas por la RAE.

En este momento es cuando decidí hacerme miembro (o incluso miembra) numerario (o numeraria) de su club de fans (o... yo que sé). Porque, además de su punto a lo Calimero (desde aquí exijo inmediatamente la inclusión del adjetivo “acalimerado” en la RAE) resulta que nos enseña algo que muy pocos podíamos sospechar y es que “guay” y “fistro” son anglicismos. Es cierto que a Chiquito del la Calzada, al que tengo el gusto de conocer personalmente, le he dicho alguna vez que desde que vino de Oxford ya no es el mismo, pero en la vida supuse que su doctorado en filología inglesa iba a dar para tanto.

La verdad es que uno no sabe si quedarse con la rabieta o con la rectificación porque en lo del teléfono de los maltratadores si que reculó y no sé yo si fue peor. Vino a decir que en realidad se había explicado mal, que aunque dijo maltratadores “en todo momento pensaba en hombres”. Supongamos a Solbes (es que me hace gracia imaginármelo diciendo estas cosas) rectificando y diciendo que cuando decía “putas” en realidad estaba pensando en mujeres. Definitivamente tendría que abandonar el país (me refiero en el sentido literal, que en sentido figurado ya hace tiempo que lo tiene un poquillo "abandonao").

Asi pues, sirva este post como rectificación al fondo del post anterior y rendirme ante los indudables méritos de la señorita Aido.

Por último diré que mi nueva “heroa” (lo de heroína es denigrante) me ha subyugado de tal forma que hoy he descubierto su blog que pondré en mis enlaces y que seguiré de forma puntual (http://bibianaaido.wordpress.com/). Por cierto, me he ido a su CV y entre sus grandes meritos he encontrado que constantemente se define como “miembro de”. A ver si lo actualizamos un poco Bibiana.




PD: Como creo que debo predicar esta admiración que siento he pensado en hacer algo por la causa confeccionando un logo que a modo de chapita de esas que tanto se estilan en las elecciones americanas para que pueda ser colocado allá donde proceda. Al principio pensé en el "we can" de Obama pero algo modificado (we can't), pero despues, como le he visto algo trascendente me he acordado de alguien....






Un poco de recato por favor

La ministra de igualdad me lo puso difícil. Seguramente quien me haya leído en anteriores ocasiones no vea mucha lógica a esta afirmación visto el papelón de la ministra en su comparecencia pero cuando digo que me lo puso difícil es porque, de tal fácil que es, no me pone nada criticarla.

Uno, que se debate continuamente entre el ansia de leña para el horno del sarcasmo y mi terrible facilidad para sentir eso tan curioso y raro como la vergüenza ajena, esperaba el momento de la primera comparecencia de la ministra Bibiana.

Ha sido larga la espera pero la disculpo porque hay que ser comprensivos. Para cualquiera que se dedique a la política y para la mayoría de los que se dediquen a lo que sea, un ministerio es un chollo. Hablamos de “puestazo”, con todo tipo de prebendas y de postre un sueldo casi vitalicio (creo que pasó de cinco a veinticinco años posteriores pero ahora no recuerdo). Vaya, como lo de Nestcafé pero con escoltas. Así pues, con la mano en el corazón, que levanten la mano (la otra) quien se negaría a ser ministro de lo que fuese.

Así pues convenimos en que casi todos aceptarían un ministerio aunque el ministerio fuese el del cuidado de los ángeles del cielo. Lo duro viene después cuando hay que reunirse con cuatro amigotes que para la ocasión llamaremos “expertos en ángeles del cielo” y decidir qué coño hacemos con el presupuesto que nos han dado.

Me di cuenta que pasaba el tiempo y nadie sabía nada de la ministra Bibiana. Es cierto que mientras tanto uno saciaba su necesidad de escuchar gilipolleces atendiendo de vez en cuando a las puñaladas con sonrisa del PP, o al gracejo de Solbes (creo que los mano a mano de chistes de Solbes con Acebes en la cafetería del congreso son legendarios) o a nuestro presidente al que le da tanta vergüenza decir las verdaderas razones que se le ocurre decir que no tenemos nucleares porque no tenemos agua para refrigéralo, o a la ministra de fomento con su “no hay polvo sin obra ni obra sin polvo” (ahora va a resultar que una obra va a ser como el rocío donde, como todo el mundo sabe, lo mejor es el polvo del camino).

En estas estábamos cuando aparece Bibiana. Yo esperaba algo en lo que regodearme. Permítanme una comparación tremendamente machista. Me ocurrió algo así como si uno estuviese esperando a una mujer con un vestido sexy para intuir el escote y de pronto se te presentara en pelota picada. Pues si oye, al final es lo que queríamos, pero como que te quedas un poco desilusionado.

Y es que Bibiana (y que me perdone por el símil que desde ya acepto inoportuno) apareció en pelota picadísima y más que insinuante directamente entregada. ¿Cómo puede uno buscarle las cosquillas a alguien cuando se presenta diciendo aquello de “miembros y miembras”?. Es imposible sacar una crítica medianamente brillante que no caiga en lo obvio. Incluso cuando poco después comenzó con una retahíla de plurales dobles (no me gusta decir eso de “ya lo dije yo” así que no lo haré) en los que hasta ella misma se equivocaba.

El informe de evaluación de los tres años de la Ley Integral se presentará a finales de mes en el Consejo de Ministros y Ministras”; “Serán políticas diseñadas con la participación real de las y los jóvenes y en permanente diálogo con ellas y ellos”; “Es una verdad celebrada y compartida por todos y todas…”

Si, es cierto que no dijo eso de jóvenes y “jóvenas” pero también es cierto que llego a decir “señorios diputados y señorías diputadas”. Una vez pasada la estupidez lingüística que (repito que no quiero decir aquello de “ya te lo dije yo”) ya intuí en su día fue el momento de averiguar que puede ocurrírsele a alguien para darle contenido a un ministerio tan artificial como este. Y reconozcámoslo, en este aspecto supero algunas expectativas. Imagino que la cosa no es de la ministra sino más bien de los “expertos”(y expertas) que la rodean porque por mucho que haya hecho seis meses de prácticas y sea cursi hasta decir basta, eso del teléfono para maltratadores de verdad que no me lo esperaba. La ocurrencia, que es un punto sobre “el plan integral sobre los hombres y la masculinidad”, está bien. Imagino que para comenzar te harán esperar escuchando unos acordes musicales porque todo el mundo sabe que la música amansa a las bestias.

Lo cierto es que, bromas aparte, no hay nada como conversar para solucionar confilctos. Al respecto de esto yo recuerdo dos anécdotas, una reciente y la otra del nunca suficientemente ponderado Gila.

La reciente ocurrió en un matrimonio de un familiar mío. Él sicólogo y ella normal. Tienen una cría de cuatro años que como todas las crías de esa edad, a veces está para comérsela y otras veces te dan ganas de que se la coman. Él (que por algo es sicólogo) opta por la vía de la compresión de la conducta y la trata como a una paciente de cuatro años, ella que es una madre de toda la vida, la trata como a una niña de cuatro años. Un día se encontraron a la niña en el baño con la pila del lavabo desbordada, todos los grifos abiertos, todos los botes de cremas abiertos y todo lo que normalmente hay en un baño flotando en el suelo que ya estaba inundado. La niña tenía (vaya usted a saber porqué) la cabeza metida en el lavabo.

Ante este espectáculo la madre reacionó inmediatamente dando un grito mientras cerraba los grifos y cuando le iba a echar la bronca a la cría, apareció él que con pasmosa tranquilidad le dijo a ella: “por favor, tranquilízate, pregúntale porque lo ha hecho por favor, vamos a escuchar sus razones”. La mama, mirando al tipo (imagino que preguntándose que vió en ese tio para casarse con él) le preguntó a la niña:

- María cielo, porqué has hecho esto?
- Porque me da la gana

La mama miró al papa y le soltó “¿ahora qué sicólogo?.

La otra anécdota la contaba Gila cuando decía que ahora no hay comunicación entre padres e hijos. “En mis tiempos –decía él- se conversaba más. Mi padre por ejemplo me decía, como vuelvas a hacer eso te pego una hostia que te quito la cabeza… y yo lo entendía…”.

Así pues, que conste que a mí me parece bien eso del teléfono para maltratadores porque no hay nada como la comunicación. Cuando un tío llame y diga, es que me están dando ganas de clavarle un destornillador en el ojo a mi mujer que el sicólogo de turno le diga: "pues a ver si te queda clarito que te tengo fichao y como se te ocurra tocarla te arranco los huevos con un cuchillo pero por la parte que no corta". Puede que el energúmeno recapacite.

Aparte de eso también habló de meterse en la ley del aborto. No entiendo muy bien que tiene que ver el aborto con la igualdad pero como ya dije en otra ocasión eso nos pasa por pensar que un ministerio tiene algo que ver con su nombre.

En resumen, excepto el hecho de constatar una vez más lo mediocre que se puede ser siendo ministro o reafirmarme en que los consejos de ministros de este gobierno deben ser algo así como las asambleas de “amanece que no es poco”, la comparecencia de la ministra no me aportó nada.

Espero que la próxima vez (y por si alguien no lo ha notado sigo con el símil zafio) la ministra se tape algo y aprenda a insinuar más y a mostrar menos porque, en primer lugar, le esta viendo todo un país y esta quedando fatal y en segundo lugar, como ya dije en otro post, insinuar es un arte y mostrar es un verbo.