Equilibrio de Nash y Miopía política

Si alguien ha visto la película “una mente maravillosa” y ha tenido el mal gusto de percatarse de algo más que de la señorita Jennifer Connelly, recordará que al señor J.F. Nash le dan el premio nobel por sus investigaciones en torno a la teoría de juegos colaborativos y no cooperativos. Aunque estas teorías se pueden aplicar a muchos ámbitos siempre se han relacionado con la economía y la política. Una de las conclusiones más curiosas de sus estudios fueron las consecuencias de lo que se dio en llamar “el equilibrio de Nash” que es aquella situación en la que todos los jugadores ganan o ninguno pierde siempre y cuando ninguno de los demás cambie su estrategia.

Hay miles de ejemplos de esto y si alguien quiere más información ahí están las bibliotecas e Internet. Lo revolucionario de este método fue algo que en la película se presenta como una “idea feliz” y en realidad fue un proceso más largo. La conclusión revolucionaria consistía a que, en la mayoría de las ocasiones, el beneficio de tus competidores se convierte automáticamente en beneficio para tí. Antes de Nash (y de bastantes otros que investigaron sobre eso en simultáneo, que todo hay que decirlo) la ortodoxia económica defendía que lo mejor para un jugador era que todos sus contrarios perdieran. Dicho en lógica económica, cuanto peor le vaya a tu competencia, mejor para ti. Aún hoy hay mucho ejecutivo y muchas empresas que opinan eso. De hecho, quitando cualquier elemento ético o de “buenismo” puede parecer que es lo lógico.

Sin embargo Nash y tantos otros descubrieron que esto no siempre era así y que de hecho, normalmente era al contrario. Supongamos un juego bastante simple que consista en que n jugadores elijan un número de cero a diez. Quien o quienes elijan el número más bajo ganarán ese número de euros. ¿Cuál es la mejor de las posibilidades?. Sin duda es que todos los jugadores elijan el diez. Es el mejor de “los equilibrios de Nash” (en este juego hay once equilibrios).

Excepciones haylas. Hay quien puede defender que la mejor posibilidad es que Alonso pierda siempre y cuando Hamilton se pegue una leche, pero eso no tiene que ver exactamente con teoría económica.

Para llevarlo a la vida real pongamos otro ejemplo. Supongamos el mercado de los operadores móviles. Cuando salieron al mercado, varios fabricantes y operadores de celulares pretendieron patentar la tecnología. Algo que poca gente conoce es que en España existían teléfonos móviles a finales de la década de los setenta. Sin embargo no fue hasta que los operadores comenzaron a definir un estándar y a colaborar (permitiendo llamadas de uno a otro) cuando la telefonía móvil subió como la espuma. Cada operador se encargó de extender su propia red de antenas y gracias a la interconexión (algo que hoy nos parece obvio, pero que no lo era tanto) resultó que cada vez había más cobertura y por lo tanto, más posibilidades. Todos los jugadores ganaron. Como ejemplo contrario podemos poner a Iridium que comercializa los teléfonos vía satélite que ofrecen la ventaja de que no tienen prácticamente sombras de cobertura. De hecho, es habitual que los escaladores llamen a su casa desde la cima del Everest para decir aquello de “papa, que soy yo, que he llegado bien..”.

Pero Iridium no estaba por la labor de colaborar y pretendió tener el monopolio del “jugoso negocio”. El resultado: infraestructura carísima, teléfonos carísimos y costes exorbitantes. Incluso en un principio se negaron a intercomunicar. Iridium fue un fracaso y llego a anunciar su desaparición. Ha sido rescatada pero aún hoy no es ni sombra del negocio que se suponía iba a ser.

Puede parecer que en este caso, como se trata de intercomunicación, la teoría de colaboración es más efectiva. Más evidente si, más efectiva no. Hay millones de ejemplos. Uno muy conocido es el de los sistemas de video. Todos los expertos coincidían en que el sistema 2000 de Phillips y en menos medida el Beta de Sony eran bastante mejores que el VHS. Pero los fabricantes VHS decidieron aplicar la teoría colaborativa de “mejor para mi competencia, mejor para mí” y todos conocen la historia.

Aunque pueda parecer simple, esta teoría se pone a prueba constantemente porque hay algo en la mente humana que nos dice que lo malo para mi adversario debe ser bueno forzosamente para mí. Por cuestiones profesionales yo participé en el diseño del sistema de gestión de la portabilidad numérica entre operadores. Para quien no sepa que es eso no es más que la posibilidad de cambiar de compañía manteniendo el número. El sistema tuvo muchos problemas por las reticencias de los mismos operadores a pesar de que todos los estudios dejaban claro que, cuanta más facilidad para el usuario, más penetración y más clientes para todos. Hoy día, en España la penetración es del 110% y se pretende que sea del 200% en unos años. Dicho de otra forma: dos móviles en servicio por cada habitante.

Hay grandes y pequeños ejemplos donde el éxito de la teoría colaborativa no cooperativa (que es una manera enrevesada de decir que se colabora pero cada uno por su cuenta, sin acuerdo previo) ha demostrado su eficacia y hoy día nadie duda de ella en la pura teoría.

Sin embargo, en la prácticas, aún son legión a los que le cuesta entender que promover el bien de los demás puede ser la postura más inteligentemente egoísta. De hecho, en la relación entre países ricos y pobres se da esta especie de tozudez estúpida a menudo. Hace tiempo un tipo (lamentablemente no recuerdo el nombre) escribió un libro que fue torpedeado cruelmente y del que existen pocos ejemplares. Yo no lo he leído y sólo se de él por referencias de mi amigo Santiago. Este señor era ejecutivo de una multinacional europea de alimentación y era responsable de una zona de producción en un país pequeño, pobre y deprimido pero que tenía grandes plantaciones de especias muy valoradas para sus productos. Este pequeño país (una isla en el Indico creo) tenía una población de pocos miles de habitantes que dependía casi al cien por cien del cultivo de esta especia que vendían en su totalidad a la multinacional. La multinacional ponía precios abusivos (por bajos) y el resultado es que el país se movía casi en la indigencia. El tipo, que era un revolucionario, decidió por su cuenta y riesgo aumentar el precio varias veces hasta uno que él consideraba justo. El importe total apenas suponía un mínimo esfuerzo para la multinacional y sin embargo, a raíz de eso el país comenzó a prosperar un poco. Al cabo de un tiempo, alguien en la central de la multinacional (en Suiza) se dio cuenta del aumento del precio pagado y este ejecutivo fue despedido de forma fulminante. Lo que no analizó el tío que lo despidió fue que, gracias al progreso inducido en el poco tiempo que duraron esas condiciones medianamente justas, el país prosperó lo justo para que la facturación de los productos manufacturados de esa multinacional subieran en ese país lo suficiente como para superar con sus beneficios el incremento de coste.

Hay muchos economistas que ha intentado hacer comprender a las empresas y a los gobiernos de los países “desarrollados” que no hay mejor forma de apoyar el crecimiento de la economía que promover mejoras en los países subdesarrollados. No obstante, la cuestión lucha con ese extraño instinto humano aprendido en los últimos siglos que consiste en pensar que no hay mejor forma de asegurar tu bienestar que la de apuntalar la desgracia ajena. Lo más curioso es que la teoría colaborativa no cooperativa que a veces nos resulta tan difícil de aceptar es en realidad el instinto que consiguió convertirnos en la especie dominante.

Como al final soy un optimista yo creo que con el tiempo la humanidad al fin comprenderá que el mejor equilibrio de Nash consiste en mantener esa relación que en terminología de consultor estratégico suele denominarse “win- win” en la que todos salgamos ganando.

Este post tiene su origen en un post leído en un blog cuyo título es “Hipermetropía política” y en la que el autor se refiere al hecho de que Zapatero se preocupe tanto de la desgracia ajena y de la pobreza del tercer mundo ofreciendo ayudas económicas a países subdesarrollados (o en vías de desarrollo) mientras descuida las cosas de casa. O sea, que ve bien de lejos pero fatal de cerca. Es un razonamiento muy común con su punto de ingenio en este caso.

Parto de la base de que, en este caso concreto, yo creo que Zapatero tiene cierto complejo de salvador del mundo y que por otra parte muchas de las ayudas e iniciativas humanitarias son formas de disimular pagos por servicios tan poco humanitarios como la aceptación por parte de estos países de inmigrantes expulsados (muchos de los cuales terminan en caminos en medio del desierto con un bocadillo y una botella de agua) o provisión de servicios en condiciones abusivas.

No obstante, y haciendo cierto juego con el título del post en cuestión, no deja de reflejar esa postura (tan habitual en los nacionalismos) una cierta miopía política al quedarse en lo evidente y cercano y no acertar a vislumbrar el “más allá”. Se que la cosa no es evidente y que además surgen condicionantes como los famosos "y porque tengo que empezar yo". La base sobre la que se sustenta la teoría de los juegos colaborativos es que todos colaboren pensando en su propio bien a la larga y no se fijen en los demás. Si todos (o una mayoría significativa) actúan así, la cosa funciona. Por eso, a diferencia de la cooperación, en estos juegos la motivación no está en la solidaridad sino en el más puro egoísmo.

Por eso, en una de estas frases que mi pereza me impide aclarar y que no ayuda a aplacar mi fama de tipo raro, yo suelo decir: “Seamos generosos con lo demás, aunque sea por puro egoísmo”.

Cuéntame como pasó (reedición)

Publicado originalmente el 18/12/2005

Para mí el final de una década significó el principio de muchas cosas. Fue entonces, en la primavera de 1979 para ser algo más precisos, cuando descubrí una lección que me ha servido varias veces en mi vida. Tengo la manía de sacar pequeñas notas mentales, a modo de moraleja, de muchas situaciones vividas. De aquellos tiempos guardé la idea de que a veces, las cosas dejan de hacerse solo porque no nos atrevemos a intentarlo.

Fueron unos días intensos aquellos. Primero, y después de convencerla durante bastante tiempo, aquella chiquilla preciosa me dijo que sí, que saldría conmigo. Qué temblores cuando, con mucho cuidado, le puse el brazo por encima del hombro… y que sensación de hombría cuando apoyó su cabeza en mi pecho. A veces pienso que los demás son solo versiones bastardas del primer amor.

Por aquel entonces, mis dos grandes preocupaciones eran el porqué temblaba al ver a esa cría rubia cuando un año antes seguramente ni la hubiese mirado (al fin y al cabo era una niña que no servía ni para jugar al fútbol ni a los trompos) y como haría para salir de viaje el fin de curso.

Llegado este punto debería decir que no recuerdo el porqué pero me había hecho cargo de la organización de un viaje de fin de curso. El más chiquitín (iba adelantado), el que no sabe hablar (ya al menos se me entendía algo) se hará cargo?.. un desastre seguro. El viaje de fin de curso que pagaba el colegio era una "magnífica" excursión de un día a una ciudad cercana. Yo pensé en hacer algo más. Con la ingenuidad propia de la edad, se me ocurrió hacer una fiesta o un concierto.

Un compañero de clase, repetidor pertinaz y muy mayor para nosotros (tenía 15) trabajaba por las tardes y fines de semana en un bar (por aquel entonces se podía trabajar con esa edad) donde iba un tío que tenía un grupo. Fui a verle al bar (un kiosco más bien) y me encontré con un tío que, entre asombrado y sonriente me miraba (imagino que alucinando) mientras yo, un mocoso muy serio, le explicaba mi plan: "Hacemos un concierto, y la mitad del dinero que saquemos para vosotros". Yo no había oído ese grupo en mi vida aunque mi amigo decía que eran muy buenos. Para mí era un grupo de barrio. Y lo era.

El tío me dijo algo como:

- Vale chaval. Tienes huevos.. si consigues un sitio donde tocar nosotros te ponemos el equipo y lo hacemos.

Recuerdo que mientras volvía a casa iba pensando, por una parte, como convencer al director para que nos dejara algún sitio y por otra que sería eso que vi que el tío se hacia mientras hablaba conmigo. Esa especie de piedra que había quemado y mezclado con el tabaco antes de liarlo en un papel. La verdad es que olía bien. Ese tío, con lo raro que parecía, y con su forma de hablar pausada, me había resultado extrañamente agradable. Pensé en su nombre… Jesús y se me ocurrió una idea.

Como me temía en el colegio no me dejaron hacer un concierto (ahora lo entiendo pero entonces yo estaba convencido que don Francisco se había fijado el objetivo de jodernos la vida). Mi hermana iba a un colegio de monjas cercano al mío. Tenían una capilla. Se me ocurrió comentárselo al párroco (un cura moderno, muy al estilo del cura de cuéntame como pasó) y, ante mi sorpresa, cuando le comenté quien era el grupo inmediatamente nos dejó la capilla. La organización fue impresionante… toda la clase haciendo carteles a mano. No había entradas, se cobraría en la puerta. Al llegar Jesús, su grupo y algunos otros que venían a ayudar en el montaje me quede impresionado al ver lo que traían.. el batería parecía que estaba poniendo un terendete de mercadillo con tantas campanitas y gons colgados pero con lo que flipé es que lo que yo creía un órgano y ellos llamaban “sintetizador” y como tocaban una tecla y sonaba como si fuese una ola de mar. Alucinante. No sabría si sonarían bien pero parecían profesionales.

El párroco había tapado con trapos y sabanas todos los objetos susceptibles de ser estropeados y habíamos apartado los bancos largos.. era una capilla pequeña pero no esperábamos mucha gente. Solo los del colegio aunque nadie conocía a ese grupo. Cuando se acercaba la hora del concierto vimos, con asombro, como se llenaba la calle de gente con cazadoras vaqueras y pelos largos. Afortunadamente, la gente era muy tranquila y aguantó las estrecheces. Algunos eran viejísimos, más de veinte calculaba yo. Uno de los del grupo (el del bigote que me caía gordo porque se reía de mi) pilló todos los cirios que había y comenzó a encenderlos (yo solo pensaba en la bronca del cura). Cuando terminó el concierto, me acerqué a darle la mitad de lo recaudado a Jesús y este se lo enseñó al del bigote. Se rieron y revolviéndome el pelo con la mano me dijo: “vale chaval”,. Pero bueno, ¿Quién se creía ese tío para tratarme como a un niño?. Recuerdo que me fui cabreado. Yo ya era mayor joder!.

El cura, que había estado en el concierto, me hizo pagar los cirios pero la verdad es que no protestó porque era uno de sus grupos favoritos. Yo no entendía nada, porque jamás había oído hablar de ellos a pesar de que el nombre, obviamente, me era muy familiar.

El caso es que, con el dinero (más el del colegio y una ayudita de los papas), nos pudimos ir dos días a Granada toda la clase. Años después me di cuenta de todo lo que podía haber salido mal pero también recapacité sobre el hecho de que lo habíamos hecho porque no sabíamos que era imposible. Y a veces es lo único que se interpone entre nosotros y lo que queremos hacer es el miedo al fracaso.

PD: El concierto comenzó con una charla del cura diciendo que, por favor, fuésemos todos buenos y no estropeáramos nada. Todo el mundo se sentó en el suelo, se apagó la luz, se encendieron de forma simultánea decenas de esos cigarros raros que olían de forma peculiar y en un altar lleno de sábanas blancas y a la luz de unas velas uno de los tíos del grupo comenzó a tocar ese sintetizador. Recuerdo perfectamente la primera canción que tocaron, Hablaba de libertad, otra novedad para mí y para casi todos entonces. Y me puse a temblar como cuando veía a la niña de mis sueños.


El Rocanroll de los idiotas (Reedición)

Publicado originalmente el 29/11/2005

Ya se sabe que tenemos la costumbre de asociar canciones a partes de nuestra vida. O estaban sonando en ese preciso instante o, de alguna forma nos identificamos con ella.


Si tuviera que elegir una canción para ilustrar el día que nos conocimos Ella y yo sería “el Rock&Roll de los idiotas” de Joaquín Sabina. No se muy bien por qué pero normalmente en las canciones las historias de amor comienzan con situaciones “megaideales de la muerte”. La mayoría de las veces nos encargamos nosotros mismos de idealizarlas…


…nuestras miradas se encontraron y entonces surgió el amor…


En nuestro caso no fue así.


Por aquel entonces yo llevaba poco tiempo en Madrid, después de mi último fracaso sentimental de una relación corta e intrascendente, yo estaba en la fase de “pasota sentimental” con una peligrosa tendencia a la degeneración. Saliendo día sí y día también, bebiendo sin parar, y trabajando sin dormir (jejej.. hoy no podría ni levantarme). Hacía ya unos años que me tenía que medicar y no era lo que se dice un hombre de físico agraciado. Profesional y económicamente vivía cierto éxito pero entre mi vacío sentimental y mi reciente traslado me sentía bastante solo. Cada mañana cuando llegaba a casa decía.. nunca más.. y al llegar la noche algo me impulsaba a salir. Salía con gente que tenía poco que ver conmigo.. no eran amigos, eran excusas para no verse en la triste situación de verse solo.


Ella se había divorciado de un matrimonio que comenzó con veinte años y termino con treinta: Después de diez años de sufrimiento, incluyendo malos tratos, , acababa de comenzar a trabajar (su ex no le dejaba), estrenaba libertad y adolescencia tardía saliendo con amigas a discotecas. También tenía una especie de novio que, directamente, la chuleaba, un tío de casi 35 años que, a falta de cualquier otra ocupación, vivía con sus padres adinerados, pasaba los días en el gimnasio y las noches ligando con otras.


Algún día en un post contaré como nos conocimos porque la verdad es que fue digno de un anuncio navideño de colonia. Por lo demás no tuvo mucho que ver con una película romántica. Más bien fue el encuentro de dos personas muy diferentes en un momento poco propicio. Yo llevaba alguna copa de más, ella acababa de discutir con su novio y salimos a tomar la última, llevé a su amiga a casa, intenté besarla y me rechazó.. la lleve a su casa y en la puerta estaba el todoterreno de su novio.. me pidió por favor que no parara porque era muy celoso y fuimos a dar una vuelta al amanecer por un Madrid lluvioso. Con las ojeras de la noche de marcha y empapados por la lluvia, entre los primeros zombis que salían hacia las oficinas, no creo que pareciéramos una barbie y su príncipe azul.

Estuvimos paseando y hablando dos horas. La dejé en su casa y me despedí con un casto beso en su mejilla pero ya estábamos perdidos. Durante los días siguientes yo la llamaba por la tarde antes de que saliera con su novio.. y cada vez le costaba más despedirse de mi para ir con él.

A los cinco días, una tarde cuando nos despedíamos me dijo… no quiero ir con él, quiero estar contigo, ven a por mí. Ese día, mientras conducía hacia su casa, no era consciente de que era el último día en que estaría solo hasta un maldito día de invierno de hace tres años.

Se trata de una historia real, sin almíbar.. Una historia de un amor contra-pronostico.

Recuperando trocitos

Después de una ausencia prolongada de escribir y leer blogs me encuentro con que han suprimido el sitio de blogs de ya.com. No sé muy bien la razones por la cual no sólo han dejado de dar servicio sino que además han borrado los contenidos de los blogs que allí estaban (y que son muchos, por cierto).

Aparte de que alguno de mis pocos favoritos residía allí (ya he encontrado a Amanda y la he actualizado en los accesos directos) la noticia me ha producido cierta tristeza porque en este sitio fue donde yo comencé con esto de los blogs hace ya (sorprendentemente) tres años. Ese blog yo lo consideraba como algo mío y ahora me encuentro como si, de pronto, alguien me hubiese quitado una cajita de recuerdos.

Como soy muy hispano, por supuesto yo jamás hice una copia de los artículos que allí estaban y de pronto me encontré con el hecho de que había perdido todos los posts que escribí en estos años. Es cierto que probablemente ni yo ni casi nadie los leyera ya pero yo sabía que estaban allí y confiaba en que allí se mantuvieran mostrando claramente sus virtudes y defectos.

Afortunadamente hay una forma de recuperar algo. Google guarda en caché copia de las páginas. Es una herramienta que uso a veces cuando una página esta fuera de servicio. Ahí he encontrado muchos de los posts y he decidido recuperarlos e insertarlos en este blog.

En algunos de ellos seguro que se nota bastante contraste con los actuales. En algún caso para peor y estoy seguro que en muchos otros para mejor. Mi idea es recuperarlos poco a poco y colocarlos aquí sin ningún tipo de orden ni concierto. Los iré intercalando con los post que me apetezca escribir aunque en el título si lo sé y puedo, insertaré la fecha de la primera publicación. Lamentablemente no podré hacer lo mismo con los comentarios que a veces complementaban estupendamente el post (y en ocasiones eran lo mejor).

Mi intención es dejar el texto tal cual lo publiqué porque creo que así será un recuerdo más fiel al post y al contexto en que lo escribí. Lo mismo que una carta de enamorado adolescente puede parecer cursi leída años después, es precisamente esa cursilería la que nos retrotrae y nos recuerda lo que sentíamos mientras lo escribíamos.

Este post es a modo de explicación de porqué hago esto y sobre todo a modo de aviso por si de pronto veis en un post referencias que no os cuadran demasiado. Bien mirado, a lo mejor algún lector nuevo puede encontrar algo que no abunda ultimamente en este blog, una cierta dosis de ternura e ingenuidad que el paso del tiempo va encargandose de pulir de estos post, anónimos pero públicos. Esa ternura que a mucha gente le gusta tanto pero que yo, poco dado a hacer concesiones al lector, prefiero reservar para mí.

Y a la gente de ya.com sólo decirles que lo que han hecho no tiene perdón de Dios y que por lo tanto es muy probable que vayan al infierno. Cuantos recuerdos, ternuras y risas había en esa cantidad ingente de post que han anulado de un plumazo… que esto no se hace señores, que no, que no…

PD: Por cierto, un día en un comentario alguien me dijo que guardaba mis post. Si ese alguien está leyendo, sería muy agradable recibir una copia en mi correo de ellos. Gracias.

ACTUALIZACIÓN: He encontrado una forma relativamente sencilla de recuperar los post y es usando efectivamente google.

Lo unico que hay que hacer es una busqueda en google poniendo el nombre del blog y la fecha mensual tal cual:

http://blogs.ya.com/untiporaro/200602

Esto se corresponderia con mi blog obviamente, para el mes de febrero del 2006. Al meter esto google te devulve una entrada a la página de resumen mensual de ya.com que, obviamente, ya no existe pero si le das a la opción "en cache" accedes a todo el contenido de ese mes (febrero de 2006). Así al menos no hay que ir recuperando uno por uno.

Espero que a alguien le sirva esto.

Malos tiempos para la lírica

Seguramente le extrañe a quien me lea pero yo, en el fondo, siempre he sido un ingenuo optimista. A veces más ingenuo que optimista, a veces lo contrario. Es probable que a alguien confunda mi aparente tendencia al sarcasmo y la ironía pero sinceramente pienso que durante toda mi vida he sido un optimista vital. Y por cierto, me lo han echado en cara bastantes veces mis allegados.

Tengo multitud de ejemplos para corroborarlo. Hasta que cumplí los veinte - ahí va el primero- pensaba que los dirigentes políticos, ministros y demás cargos eran tipos preparados, inteligentes y que, además, se preocupaban por los demás. Sí era cierto que había chorizos pero estos eran los menos. La mayoría estaban en política por su impulso de servicio a los demás. Aún me pregunto cómo podía ser tan tonto.

Otro ejemplo de ingenuidad -en este caso creo que sobre todo peco de optimista- es el hecho de que, aún criticando e ironizando con la juventud siempre he considerado que las nuevas generaciones serán en general, mejor que las anteriores. Cuando digo mejor me refiero a que serían más inteligentes y estarían más formadas. En esto, un amigo mío (americano él) me dice que soy muy americano. Tal vez por mi vertiente tecnóloga extrapolo el progreso tecnológico al humanístico y doy por hecho que todo mejorará con el tiempo.¿ Que hay calentamiento global?, bueno, no pasa nada, seguro que llega el progreso, inventa algo y se acabó el calentamiento. He discutido esto muchas veces. Santiago me explicó que según profesores compañeros suyos bastante duchos en la materia, nada hacía indicar que el hombre actual fuese sustancialmente más inteligente que el de hace diez mil años. No obstante yo me aferraba a ideas optimistas como el hecho de que es indudable que la calidad de vida ha mejorado históricamente. Ni eso esta tan claro según he descubierto, pero eso es demasiado largo de argumentar incluso para este blog.

Una tercera (y en lo que respecta a este post, última) muestra de ingenuidad es o ha sido (en ello estamos) mi visión de las relaciones personales. Como esto suena demasiado ambiguo pondré algún ejemplo concreto con el riesgo evidente de que la parte se confunda con el todo. Yo siempre he pensado que aunque es muy normal hablar coloquialmente sobre lo buena que esta una chavala o lo bueno que está este tipo, o se suela decir con frecuencia “fulanita está con menganito por la pasta”, el motor que impulsa las relaciones de pareja no tiene que ver con aspectos tan superficiales. Si es cierto que hay personas que buscan en la otra cierta seguridad pero eso no puede traducirse en que alguien decida pasar su vida con otra porque tenga dinero o un coche “guay”. Hace unos años me compré un coche deportivo y muchos (mujeres y hombres) me dijeron entre bromas y veras “con este coche ligaras un montón”. Yo me reía pero me parecía increíble que alguien siquiera pensase que una mujer iba a ligar conmigo sólo por un coche.

De la misma forma, me niego (me negaba, me temo) a pensar que alguien establezca una relación estable por el hecho de que su pareja tenga unas tetas estupendas, se le marquen los abdominales o tenga unos ojos preciosos. De hecho, “argumentome” yo mismo, la vida te muestra parejas de todo tipo. Sólo hay que salir a la calle y ver la heterogeneidad de las parejas. Y por otra parte, si el tema económico fuese tan importante ¿acaso podrían (podríamos) tener pareja los pobres?.

No sé si es que he llegado a un estado de conciencia y estabilidad (llamémoslo madurez) o que ya comienzo a alcanzar cierto estado de sabiduría de fondo mezclado con desvaríos superficiales (llamémoslo senectud) pero cada vez soy más escéptico en cuanto a mi optimismo (/ingenuidad) vital. En los últimos días / semanas han sucedido pequeñas cosas puntuales que van disparando la transición.

En el primer ejemplo no hay mucho que decir. Cualquier que haya leído mis opiniones en este blog habrá notado un “ligerísimo” aire de desconfianza hacia los políticos. Hace unas semanas estuve de viaje allende los mares y coincidí por casualidad con un par de consultores políticos. No son políticos sino más bien son los que trabajan alrededor de ellos aconsejándolos, escribiendo sus discursos y, en general, dando contenido al monigote público. Por razones evidentes de discreción y educación, no puedo referir alguna de las cosas que me contaron pero lo que sí puedo constatar es que aumentaron mi desprecio y mi odio por los señores de la cosa pública.

En cuanto al segundo ejemplo, aunque sólo sea por higiene mental y por mantener la esperanza, intento insistir en mi optimismo aunque confieso que cada vez me cuesta más. NO ayuda para nada opiniones como la de una amiga mía, profesora de instituto ella, que me decía no hace mucho que lo peor que tiene trabajar en un instituto es la sensación de que la vida es una mierda y va a ser aún peor. Ella se refería en este caso a la falta de cualquier tipo de valores que observaba en los alumnos y me ponía algún ejemplo horrible. Su conclusión, pelín apocalíptica era: “si ahora estamos mal y esta panda es el futuro, arreglao vamos”.

Yo reconocí cierto rencor funcionario en sus palabras así que pretendí hacer oídos sordos. O mejor expresado, poner sordina más en mis orejas que en su boca para no caer en la desesperación. Hace unos días fue el cumpleaños de mi sobrina y decidí regalarle una consola. Como no soy aficionado, me metí en varios foros para ver que consola parecía mejor (Playstatio 3, Xbox, etc…). Imagino que los postulantes en dichos foros son chavales jóvenes. No me sorprendió tanto la pésima ortografía, el lenguaje tipo sms o la carencia de una mínima coherencia en la sintaxis como la violencia que destilaban los mensajes.

A un mensaje del tipo “¿cúal creéis que es mejor la PS3 o la Xbox?” Que era lo que yo buscaba las respuestas eran algo así como:


- La PS3 es una puta mierda.
- Tú sí que eres una mierda xboxero, puedes meterte el mando de la puta Xbox en el culo.
- Los que os gusta la PS es obvio que sois degenerados y gilipollas que os gusta que os den con el mando vibratorio.
- Eso dímelo por privado, que voy a tu casa y después de follarme a tu madre te meto a ti la Xbox, el mando y todos los mierdas de juegos de la Xbox
- Hijo puta, te sacaba los ojos y meaba encima...


Lo sorprendente es que esto (obviamente escrito sin “h”, con “ks” y muchos smiles) no es un caso aislado. Sistemáticamente en todos los foros que busqué sobre el tema el tono era el mismo. Para “consuelo” de adolescentes, en los comentarios de noticias de gente supuestamente adulta los tonos son similares.

Es obvio que esta violencia y mala leche se fomenta por el anonimato pero a veces pienso que pasaría si de pronto en la “vida real” alguien destapara toda esta frustración que al fin y al cabo está latente.

Por último, no hace mucho leí una referencia a uno de esos múltiples estudios que se hacen en universidades y que, normalmente, nos informan de lo que todos ya sabemos. En este caso se trataba de una macroencuesta (por lo que decía la fuente, que yo no la encontré) sobre los principales motivos de atracción mutua entre hombres y mujeres. Aunque pudieran parecer obvios, debido a esa ingenuidad ya referida a mi me parecieron sorprendentes. Lo que más valoran los hombres de las mujeres es, en primer lugar el físico. En segundo, tercero y cuarto lo mismo. Sólo en un porcentaje minúsculo y casi siempre detrás del físico aparecen cosas como el sentido del humor, que sea una buena madre, que sea inteligente, etc. En cuanto a las mujeres la cosa está más reñida. En primer lugar… tachán!... el físico y en segundo lugar… tachán! el dinero. A esto le siguen muy de lejos en porcentajes casi despreciables la sinceridad, la inteligencia y el sentido del humor.

Lo curioso de este estudio, que por lo visto no era entre adolescentes sino entre adultos de veinticinco a cuarenta años, es que se les preguntó si cambiarian a su pareja si tuvieran la oportunidad de estar con alguien más guapo o con más dinero y un porcentaje mayoritario dijo que sí. La conclusión que sacaban era que no es que al final triunfe el tipo inteligente, con sentido del humor o sensible por encima del guapo y rico, es que llega un momento que te conformas con lo que hay.

Las conclusiones, que las saque cada cual, pero yo no dejo de pensar en la canción que da título al post.