Los biorritmos. Su puta madre.

Hace tiempo un familiar mío invento y patentó una forma de calcular de forma relativamente sencillo el estado de los biorritmos de una persona. Esto fue antes de la popularización de los ordenadores claro porque hoy día el cálculo sería muy sencillo. Fue entonces cuando descubrí que era eso de los biorritmos. Aún hoy no tengo claro si esto tiene alguna base científica o no. Me hace dudar muy mucho el hecho de que cada vez que he leído algo de ellos la cosa se difuminaba un poco y el autor terminaba yéndose por los cerros de Úbeda o directamente por el Olimpo asociando biorritmos con doctrinas tan serias y contrastadas como la mitología griega o los horóscopos. En cualquier caso, me consta que hay muchos defensores de la existencia y utilidad de estos ritmos biológicos.

Para quien no lo sepa y no tenga ganas de investigar parece que los seres humanos (y algunos skin heads) tenemos una serie de ritmos vitales que, a modo de ciclos, se repiten pasando por diversas fases altas y bajas. Suele aceptarse la existencia de tres de estos ritmos: físico, emocional e intelectual. Como estoy hablando de memoria y no me da la gana de mirarlo en la wikipedia diré simplemente que cada uno de esos ritmos dura un número de días y que, para complicar un poco la cosa, dicha duración es diferente para cada uno de ellos con lo que se van solapando unos con otros. Así pues, habrá momentos en los que, por poner un ejemplo, tengamos el biorritmo emocional alto pero el intelectual bajo (debe ser entonces cuando somos propensos a pedir o aceptar matrimonio) o, por ejemplo, podemos tener los tres ritmos en su punto bajo (ese momento Pepiño Blanco que todos tenemos alguna vez) o todo lo contrario.

Yo no sé si esto es verdad o no y no tengo ni idea de cómo tengo yo los biorritmos pero, como creo que casi todos, es cierto que me noto a veces particularmente cansado o eufórico, sensible o hastiado, rápido e ingenioso o ligeramente menos rápido e ingenioso.

Y ¿a qué viene todo este rollo sobre biorritmos?. Pues porque llevo unos días más raro de lo normal y es lo único que me queda para echarle la culpa. En esta semana, por diversas circunstancias me ha pasado algo que a mí desde hace mucho me resulta excepcional. He salido tres días por ahí de cena y copas. Es cierto que, al menos en dos de esas ocasiones, la excusa tenía que ver con relaciones profesionales. Yo suelo decir que me obligo a salir como quien se obliga a hacer algo de deporte por aquello de mantener la forma. Y digo eso porque, aunque después suelo pasármelo bien cuando salgo, hace mucho que me da una pereza terrible. Así pues en esos momentos de flaqueza suelo autoconvencerme a mí mismo con la velada auto-amenaza de convertirme en un anacoreta cascarrabias y asocial. El caso es que después salgo y, como ya he comentado, suelo pasármelo bien. Pero esto no fue siempre así.

Durante una temporada salir de copas me solía suponer un cierto dolor. La cuestión es que normalmente cuando salía y me relacionaba con gente, fuese esta la que fuese, al final terminaba echando de menos a una persona en concreto. Esa persona que perdí y que buscaba en otras personas condenándolas a salir perdiendo en la comparación. Obviamente el proceso era tremendamente injusto y desproporcionado porque solía comparar con mujeres en la mayoría de las veces recién conocidas. El caso es que, aun sabiendo que era irracional, cuando volvía a casa me sentía aún más solo. Incluso en las raras ocasiones en las que la noche “se dio bien” la cosa no mejoraba. De hecho, pasado el calentón normalmente la sensación de vacío era mucho más intensa.

Pasado el tiempo, que dicen que todo lo cura, aprendí a no esperar de una noche mucho más que unas risas y algún buen rato y la cosa cambió. Cuando no esperas demasiado de una situación es mucho más difícil que te defraude. Por otra parte, hace ya mucho tiempo que estoy razonablemente satisfecho con mi vida lo que me permite cierta estabilidad. Siempre pensé que, en determinados aspectos, es mucho mejor encontrar que buscar. Hay a quien esta falta de expectativas le puede parecer triste pero en absoluto es así. Yo suelo poner un ejemplo que a casi todos nos sucede. Si una noche cualquiera la pasamos sentados con unos amigos jugando a las cartas seguramente la valoremos como una buena noche. Sin embargo si esa noche es nochevieja o alguna de esas “noches especiales” que todos damos por hecho que existen, seguramente habiendo hecho exactamente lo mismo consideremos que ha sido decepcionante. La razón es que en esas noches especiales, se supone que todo debe ser especial y no nos conformamos con que simplemente sea bueno. He ahí la razón de las múltiples depresiones que generan las “ocasiones especiales”. Hace tiempo que para mí no hay “ocasiones especiales” y tal vez por eso disfruto mucho más la rutina.

Y en esas estaba desde hace tiempo. En ese punto en que mi indiferencia y mi muy criticada y alabada seguridad me hacían disfrutar de cada momento sin pensar en que no me había encontrado con alguien especial.

Pues bien, últimamente me han vuelto las dudas y me sorprendo a mi mismo echando de menos a alguien. Pero lo verdaderamente desconcertante es que en este caso ese alguien no tiene “cara y ojos” sino que se trata de un ideal. Esa persona especial con la que disfrutar por el mero hecho de estar con ella. En definitiva, que echo de menos alguien a quien abrazar y que me abrace. No se trata de sexo, lo cual me preocupa aún más. ¿Qué me estará pasando para que de pronto eche en falta a alguien del futuro y no del pasado?. Sólo me queda algo a lo que aferrarme: los biorritmos “alborotaos”. En cualquier caso, sea cual sea la causa, espero que se pase con el tiempo y vuelva a mi “equilibrio zen”. Porque además tengo que admitir que la indiferencia siempre me ha sentado bien y me ha hecho mucho más atractivo y uno no tiene edad de andarse con cariñitos y gilipolleces.

Barriendo "p'alante"

La expresión que da título a este post la escuché por primera vez hace muchos años en mi tierra y la he repetido cientos de veces. No se me ocurre una imagen más clara para muchas de las situaciones que se viven cotidianamente.

Es fácil entender que sucede cuando barres “p’alante”. Quien no tenga imaginación que pruebe a hacerlo en su casa y notará como consigue dos cosas. Una es limpiar la zona por la que va pasando y la otra es acumular un montón de mierda delante. Esa mierda que, tarde o temprano hará que, o tengas que volver a hacer el trabajo, o bien se te desmorone en los pies.

Hay otras frases hechas que encajan en estas situaciones como por ejemplo: “pan para hoy, hambre para mañana” pero yo, tal vez por pura nostalgia de mi tierra, prefiero la de “barrer p’adelante”.

Hace unos años alguien acuñó una frase que tuvo fortuna en los mercados internacionales. Fue para describir las subidas continuas en la bolsa. Alan Greenspan, presidente en su día de la reserva federal norteamericana se refirió a esta burbuja alcista en 1996 como “la exuberancia irracional de los mercados”. Su muy elogiado discurso (elogiado un par de meses después cuando se cumplieron sus pronósticos que en su día se le consideró un aguafiestas) se podría sintetizar castizamente en lo siguiente: “Estamos barriendo p’adelante y el montón de mierda al final se nos caerá encima”.

No pasó demasiado hasta que el montón de mierda generado por aquella exuberancia irracional diera paso a una aún más irracional: La burbuja de las puntocom. Aún recuerdo como un conocido me dejó de hablar porque siguió mi consejo y no invirtió en Terra. Según él, conseguí que no se hiciera multimillonario. En realidad lo único que yo le dije es que ni los que trabajaban en la empresa (alguno de los cuales conocía por cuestiones profesionales) podían siquiera esbozar como iban a ingresar dinero. Fue la tónica general. Páginas web que de la noche a la mañana recibían inversiones por decenas o centenares de millones con planes de negocio donde no dedicaban ni una página a justificar sus futuros ingresos. A mí me tocó esa exuberancia por el hecho de que yo, entonces en una multinacional, no conseguía fichar a nadie a costes lógicos.

Estas empresas fichaban con dinero ajeno sin problema. Recuerdo que comenté con uno el hecho de que aunque en un principio iba a ganar más en mi empresa tendría una carrera de futuro y más solida. Se rió de mí. Meses después la empresa a la que este chaval se fue desapareció. No era magia, simplemente se trataba de una empresa fantasma. Durante años, estas empresas de las que conocí algún caso cercano, solucionaban sus necesidades financieras acudiendo a una ronda de financiación más. Cada vez pedían más para pagar y cada vez gastaban más. Una nueva forma de barrer “p’alante”. Yo pensaba entonces que algún día aquel montón de mierda se desmoronaría. No tardó demasiado. Tres años después, cuando fundé mi empresa, entrevisté a algún chaval que estaba dispuesto a trabajar por la mitad de lo que le habían pagado en su último puesto en una puntocom.

Después de la burbuja de las puntocom, a los gobiernos (sobre todo el americano pero en general a todos) les dio por montar una burbuja financiera para capear el temporal. Como la crisis de las puntocom había dejado a mucha gente tiritando decidieron arroparlos con una manta de dinero barato y abundante. Se suponía que era "para estimular la economía". Un economista dijo hace mucho que un sistema económico sano es aquel en el que los bancos deniegan créditos.

Aparte de las famosas subprime, lo cierto es que todos hemos vivido unos años de intereses efectivos negativos (menos interés que inflación) que hacía que no endeudarse fuese un pecado. Suelo poner como ejemplo la llamada que recibió un compañero mío del banco donde había pedido una hipoteca. Había pedido el 100% del precio del piso y tenía miedo de que se la denegaran lo cual hasta a él mismo le parecía lógico. Al día siguiente le llamó el director de la sucursal para decirle que le aprobaban el 100% pero que si quería podían llegar al 120% y así “podía aprovechar y comprarse un buen coche”.

Paralelamente a esto se creó un mercado de bolsa paralelo que fue la especulación inmobiliaria. “Los pisos nunca bajan” era su lema y los resultados subidas superiores al 20% anual. Rentabilidad asegurada. Todo aquel que miraba con ojo crítico sabía que un crecimiento basado en los prestamos baratos, consumo interno y especulación inmobiliaria era una nueva forma de barrer “p’alante”. El montón de mierda crecía y crecía y al final ha caído con estruendo.

Ahora que hay crisis inmobiliaria y crisis financiera y como consecuencia todos estamos jodidos han salido los políticos que primero tímidamente y últimamente a pleno pulmon y dándose golpes de pecho se pegan por aparecer en los foros internacionales abogando por planes de subvención al sector financiero. Yo quinientos mil millones. Pues yo Ochocientos mil. En la America defensora a ultranza de la política liberal las subvenciones dejan en pañales a las nacionalizaciones de los Chavez y los Evo Morales. Europa ya tiene comprometidos dos millones cuatrocientos mil millones de euros (2,4 veces el PIB español) para ayudas a los bancos. Los bancos, curiosamente, siguen presentando beneficios y han repartido sólo en España en los últimos dos meses, más de doce mil millones de euros en dividendos. Faltará liquidez pero los dividendos son bien líquidos.

Zapatero esta que no cabe en sí de gozo porque “está salvando el sistema financiero” y a la vez demuestra que los políticos y sus injerencias son necesarios. Presume ahora de ser el impulsor de las reuniones donde los mandamases sacan la chequera (cheques de nuestras cuentas por cierto). Sarkozy que está dispuesto a refrendar que lo de Carla Bruni no ha sido por suerte y que en realidad es bajito por lo mucho que le pesan los cojones, se ha lanzado en plena orgía subvencionista en pasar a las repúblicas bananeras nacionalizadoras de largo y tomar como modelo directamente los sultanatos árabes para proponer el crear fondos soberanos que inviertan en las empresas europeas. Es decir, ya no sólo volvemos a los bancos públicos sino también a compras todas las empresas importantes del país. Si le hacen caso (y con este ansia por salir en la foto es posible que así sea) dentro de poco el presi de turno será el consejero delegado de Carrefour o Inditex. “Vive la russie!” y viva papa estado.

Pero hete aquí que en plena crisis y con los primeros ministros, presidentes y gobernantes varios alborotaos a uno le da por pensar si esta manta de dinero no tendrá que salir de algún sitio. Si esa deuda que se emita no habrá que amortizarla tarde o temprano igual que tarde o temprano habrá que pagar las hipotecas y si no estaremos una vez más barriendo p’alante y al final todos, con nuestros impuestos, no tendremos que comernos toda esa mierda de la misma forma que, por poner sólo un ejemplo, los habitantes de la villa y corte tenemos que pagar ahora los planes faraónicos de su majestad Gallardón. En definitiva, si todo esto no será otra exuberancia tan o más irracional que la de los mercados.

Y ya puestos, en un alarde de sincretismo, me da por pensar si el calentamiento global no será debido a la cantidad de montones de mierda que estamos juntando con esa manía que tenemos desde hace siglo y pico de barrer p’alante.

Of course

Un día de hace tanto tiempo que me da rabia echar cuentas entré en una papelería a comprar un cuaderno y salí enamorado. Puede que suene cursi pero es lo que me sucedió. En la papelería me encontré con dos niñas (Yo tenía doce o trece años y ella uno más) realmente lindas (relindas que diría un argentino). Si nos ponemos quisquillosos había una más guapa que otra.

No digo yo que no me gustaran pero después de una mirada furtiva me centré en pedir mi cuaderno de cuadritos. Sin embargo, cuando ya estaba pagando algo sucedió y las dos niñas comenzaron a reírse. La carcajada de una de ellas era absolutamente especial y me enamoré. No tiene ningún sentido porque yo ni la conocía ni sabía como era ni la había escuchado jamás pero la cosa es así.

Como era aún más tímido que en la actualidad, la historia pudo quedar ahí. No obstante quiso la casualidad que en una fiesta del colegio (las primeras fiestas de mi vida) la niña de la risa especial viniera con una pandilla. Hablando con un amigo de pronto escuché la risa y como si alguien me hubiese pinchado me di media vuelta. Allí estaba. Los hados de la casualidad se confabularon para hacer que mi mejor amigo del colegio conociese a esa pandilla. Me la presentó: Tito, Mica.. Mica, Tito.

Ese día estuvimos todo el rato hablando y no creo haber estado más ocurrente (afortunadamente no hay grabaciones para humillarme) en lo que llevaba de vida. El resultado es que la cría no paraba de reírse y a cada carcajada yo me rendía más. Ese día la lleve a casa y durante unos días paseamos durante toda la tarde (a una distancia prudencial) charlando sin parar. Un día, en una fiesta, me atreví incluso a echarle el brazo por encima del hombro. Como a esas edades los días son meses y los meses años, no sé ni recuerdo porqué dejamos de salir. No recuerdo ninguna pelea ni discusión pero sí recuerdo que durante el verano no nos vimos.

Al año siguiente ya estaba en el instituto. Aunque muchos de mis amigos del colegio iban a ese instituto ninguno de ellos acudía a mi clase. El primer día, sin conocer a nadie me puse en la última fila como siempre. La profesora dijo algo y todos rieron escandalosamente y entonces, pude distinguir claramente entre tantas carcajadas la risa inconfundible de Mica. ¡Estaba en mi clase!. Y no sólo ella sino su amiga rubia como ella pero que además había sufrido esa transformación que las niñas sufren a determinada edad. Ahora la amiga combinaba ese aire de inocencia virginal de su carita con el morbo que nos daba su desarrollo. Siempre me recordó a Emma Suarez.

Curiosamente, y aunque era evidente que nos conocíamos, durante un tiempo nos tratábamos como dos más de los compañeros. Un día en una de esas conversaciones típicas de chavales de catorce años (que se tienen hasta los sesenta) uno de la clase me dijo que yo le gustaba a la amiga de Mica. ¡No podía ser!. Pero si era la tía más buena de la clase y yo era un tío muy normalito y con un defecto en la voz. Al final me confesó que lo sabía de muy buena fuente. Tan buena como que se lo había dicho ella misma. La cuestión es que, como esas cosas deben hacerse como deben hacerse y ella no podía tomar iniciativa, la niña había enviado al emisario para animarme a pedirle que saliéramos juntos en la siguiente fiesta del instituto. La situación era tan inesperada para mí que jamás siquiera pensé en poder salir con esa preciosidad. Poco a poco, según pasaron los días fui dándome cuenta de que la cosa podía ser. Incluso me empezó a gustar más allá de lo buena que estaba. El sábado de la fiesta yo estaba absolutamente decidido a pedírselo. Recuerdo como si fuese ayer que entré en la fiesta y me uní a la pandilla de clase. Allí estaba Mica y su amiga. La amiga estaba espectacular y me saludo con una preciosa sonrisa. La cosa pintaba bien.

Me puse nervioso sólo con verla. Mi plan era infalible (sobre todo teniendo en cuenta que según parecía el sí estaba asegurado). Necesitaba estar con ella a solas y para ello nada mejor que esperar a que pusiesen lento (aún me hago cruces con el hecho de que hoy día no pongan lento en fiestas y discotecas. ¡Que generación más boba esta!). Así pues, mientras tanto me limité a charlar. Una vez más me comporté como el payaso que se esperaba y conseguí que Mica y su amiga se rieran constantemente. Las dos rubias, chiquititas y preciosas. Una buenísima y la otra aún niña. Las dos simpáticas y sin parar de reir. De pronto, en una de estas no se que dije pero recuerdo que a Mica le dio un ataque de risa. En ese momento pusieron lento. Mire a la amiga de Mica, mire a Mica desternillándose y saqué a bailar a Mica. No le pedí nada pero desde ese día, oficialmente, la noticia del instituto era que Tito y Mica estaban saliendo.

La cosa duro unos meses. Una barbaridad en tiempo adolescente. En este caso si hubo discusión aunque no pelea. Dejamos de vernos.

Durante los dos años siguientes, nos veíamos en el instituto pero no hablábamos. Además ella suspendió un curso y repitió y ni siquiera coincidimos cerca (las aulas se agrupaban por cursos). En ese tiempo Mica sufrió una transformación aún más impactante que su amiga (que seguía estando buenísima). Mica era una chica bajita, guapa y rubita como siempre pero con una cinturita de avispa y unas caderas prominentes. Vaya, una mujer tipo diábolo pero de los buenos. Toda su belleza la acompañaba con una forma de caminar muy particular y sensual. Recuerdo que un día un compañero de clase señaló al patio y me dijo. ¡Qué buena esta esa tía!. Era Mica con unos vaqueros ajustados y era curioso ver desde arriba como iba caminando mientras los tios giraban la mirada a su paso. Recuerdo que le dije que había salido con ella y él se descojono de mí.

A finales del curso de tercero de BUP un día cualquiera un compañero me dijo que iba a ir al cine con unas amigas. Iba a ver la recien estrenada "Terminator". Me habían hablado bien de la peli y me invito a que fuera con ellos. Cuando salimos del instituto mi sorpresa fue mayúscula cuando me encontré que, entre las tres chicas que nos esperaban estaba Mica. Mi amigo me dijo antes que él no tenía nada con ninguna de ellas pero que una de ellas estaba buenísima y estaba intentando ligársela. No había que ser un genio para intuir a quien se refería. Lo más ridículo de la situación fue cuando mi compañero me presentó a Mica y nos damos dos besos como si nos acabásemos de conocer. En el cine casi nos echan. Durante toda la película compartimos palomitas y complicidad. En cada escena hacíamos un chiste. Lamentablemente para el resto de los asistentes, la risa de Mica era poco disimulable. Ya acababa la película cuando alguien del cine se acercó y nos dijo que, o nos callábamos, o abandonábamos la sala. Mire a Mica y por un instante dejó de reírse. Le dije ¿nos vamos? Y contestó que sí. Los siguiente seis meses no nos separamos excepto para ir a las pocas clases que no nos saltábamos.

Las circunstancias por las que dejamos de salir son bastante complejas. El caso es que lo dejamos. Yo dejé el instituto y me metí en la universidad. Ella dejó el instituto e hizo un módulo de FP de informática. Se hizo novia formal con un chico algo mayor, hijo del dueño de una cadena de zapaterías. Una amiga común me contaba alguna cosa sobre ella pero pasó el tiempo y no me la encontré.

Un día, en tercero de carrera estaba en la cafetería y de pronto escuché una risa inconfundible. Era Mica que se había matriculado en Informática. No podía creerlo. Esta vez me fui directo a por ella y nos alegramos mucho de reencontrarnos. Ese día la lleve a su casa en mi destartalado 2CV. Al día siguiente también, y al otro y al otro. Al cabo de unos días me dijo. Tito, tu y yo sabemos cómo va a acabar esto y yo tengo fijada fecha para mi boda así que mejor que no nos volvamos a ver.

Durante ese año me la encontré varias veces en la escuela. Nos saludábamos y poco más. Al año siguiente yo comencé la licenciatura en otro edificio y ella creo que dejo la escuela. En los años siguientes jamás la he visto. Por esa amiga común supe que se casó y que engordó muchísimo. También, cortesía de su amiga, me enteré pasados los años que aunque no se había separado se llevaba fatal con su marido. Cosas que pasan cuando crecemos.

Podría haber escrito de Nana y de cómo me sedujo esa sonrisa mitad sensualidad y mitad suficiencia o de Ella, la mujer de mi vida, y de cómo me quede prendado de su risa dulce en cuanto la conocí pero hoy me apeteció hablar de Mica porque hace unos días, en Sevilla un amigo me dijo que se había encontrado con ella por la calle. No la reconoció. De hecho fue Mica la que se dirigió a él. Le preguntó por mí. Mi amigo, que apenas conoce la historia me comentó que estaba gorda "aunque buenorra" y eso sí, "tiene la misma risa nerviosa de siempre”. De pronto no sé muy bien porqué, un escalofrío me recorrió de arriba a abajo.

Epílogo: Hace poco comía con mi amiga y su marido (también mi amigo, pero menos cómplice) e intentaban practicar uno de sus deportes favoritos que consiste en intentar emparejarme. En un alarde de lógica consultora (deformación profesional supongo) sacó un bolígrafo y se aprestó a escribir una especie de "Check list" preguntándome

- A ver, ¿cómo te gustan a ti las mujeres?

En ese momento, recordé nítidamente, la sonrisa de Nana, la risa de Ella y tal vez por la conversación reciente, me invadió la sensación indescriptible cuando escuchaba la carcajada nerviosa de Mica. Mi amiga interrumpió mis pensamientos contestándole a su marido tal y como las mujeres suelen contestar a sus maridos con una mezcla de condescendencia e irritación.

- Pareces tonto!, ¿acaso no lo conoces?. Le gustan con las tetas gordas.

Me quede pensando un segundo y luego asentí:

- Of course!



Racismo en el polígono

Ayer, tal y como salía de una nave en un polígono industrial fui testigo de una de la habituales discusiones que suceden en todos los polígonos industriales. Mientras yo esperaba a alguien que llegaba a recogerme con un coche observé como un tipo, que por su aspecto y acento debía ser rumano o de algún país del este llamaba a la nave que estaba al lado de la que yo estaba. Una síntesis de la conversación fue la siguiente:


- Hola, es vuestro la furgoneta esa que está delante de la puerta de aquella nave?.
- Si perdona, ¿molesta?
- ¡Claro que molesta!. Llevo media hora buscando al dueño. No nos deja pasar el camión a la nave!.
- Bueno tranquilo, ahora mismo la quito.
- Cómo que tranquilo?, he estado a punto de llamar a la grua. Acaso no ves que ahí no se puede aparcar?
- Bueno, yo te la quito pero ahí si se puede aparcar.
- ¿No ves el cartel de vado?.
- Tío no me jodas, eso es una pegatina. No tiene ni número de autorización ni nada. Pedro de todas formas, no te pongas así que te la quito y punto.
- Claro, y punto!, los españoles os creéis que con él “y punto” siempre se arregla todo.
- Pero tío que pasa, que quieres que nos peleemos por esta tontería?
- Si, si… todo es una tontería.. que harto estoy de este país de mierda!.
- Pues colega, lo tienes claro, vete al tuyo y ya está.
- Ah muy bien, ¿te molesto no?.. mierda de racista!!
- Cómo?, oye tu que yo no…

En esto llegó otro tipo, esta vez sudamericano, que preguntó a su compañero rumano. “Qué pasa, quitan la furgoneta o no?”. El rumano contestó:

- Yo que sé, este tío dice que nos vayamos a nuestro país. Parece que le molestamos.

El compañero no llego a decir nada pero miro al otro con todo el asco que pudo. De nada sirvió que el tipo de la furgoneta intentará explicarse.

En ese momento, y mientras la zona se poblaba con gente que salía de las naves al escuchar los gritos llegó mi coche. Por el camino fui pensando en la situación. En el curioso contraste entre la exaltación de uno y la tranquilidad (tal vez pasotismo) de otro. Hace tiempo que he comprobado que, en una discusión no hay cosa que irrite y ofenda más que la tranquilidad (y la educación si puede ser). Tambien pensé en lo curioso del hecho de que yo, si hubiese salido un poco más tarde y hubiese escuchado al tío de la furgoneta decir eso de “pues vete a tu país” hubiese pensado que, efectivamente, no se trataba más que de un xenófobo. Escuchada la conversación entera y teniendo en cuenta que el foro no era precisamente una asamblea de la ONU la respuesta se veía casi adecuada.

En cuanto a la xenofobia y el racismo hace tiempo que me consta que es universal y que en muchas ocasiones, los que la sufren y padecen a su vez la aplican sobre los demás. Los españoles, tanto tiempo siendo víctimas en Europa de ello ahora lo practican con los que llegan. También recuerdo perfectamente una charla en un restaurante de Caracas donde, después de una charla sobre el racismo que sufrían los sudamericanos en España, escuché todo tipo de calificativos denigrantes referidos a Colombianos, ecuatorianos y peruanos por parte de esos supuestos ofendidos. También no hace mucho, en una asociación con la que a veces colaboro me contaban que entre los subsaharianos que vienen a España existen problemas de racismo y a veces alguno se ha negado a compartir comida o habitación con alguien de cierta etnia.

No obstante, de este sucedido tan nimio la conclusión que saqué fue la confirmación de que, en la mayoría de las ocasiones, opinamos sin conocer lo que realmente sucedió y también algo que una vez leí “la mayoría de las guerras comienzan por malentendidos”. Quise imaginar que habría sucedido si al compañero del rumano, ofendido como estaba gracias a la manipulación de su colega, le da por ponerse violento en vez de expresar su indignación con la mirada.

No es gran cosa, pero es que los polígonos industriales no dan mucho más de sí. Cada vez se parecen más al parlamento.