De Dieguitos y Mafaldas
Hace años una conocida me contó una anécdota sobre un niño y una mama primeriza. Obviamente se trataba de ella misma. Tendría su niño unos tres años cuando después de una trastada típica de los niños de esta edad le reprendió duramente. El niño, con pose enfadada y mueca de indignación se sentó en el sofá con los brazos cruzados. Pasados cinco minutos el crío seguía sin decir ni mú en esa posición y la inseguridad de esta joven mama comenzó a hacer su trabajo. Al cabo de cinco minutos más y sin que el niño abandonara su huelga de brazos cruzados y su mueca de disgusto la mama comenzó a pensar que tal vez había sido demasiado dura con él y que, de hecho, tal vez siempre era demasiado dura. Pudiera ser –siguió elucubrando- que su reconocida tendencia a comerse el coco y el amor sobreprotector de madre primeriza estuviera consiguiendo aprisionar a su hijo en una tierna pero implacable “celda de amor maternal”.
Como la mujer seguía martirizándose con este pensamiento decidió plantearlo directamente al interesado que seguía de brazos cruzados con la mueca de desaprobación. Se acerco al crío y le dijo:
- Tu eres feliz?.
- No! –espeto el niño sin ninguna consideración con el sufrimiento de su madre-
En los siguientes minutos la sombra de la crisis existencial sobrevoló su fragil autoestima y en un momento de locura que ella creyó lucidez decidió que lo mejor para salir de dudas era preguntar al interfecto por las causas de su sufrimiento. Entonces se acercó al crío que le miro mientras ella se acercaba temblando…
- Diego hijo, dime, y tu porque no ere feliz?
- Porque no soy “feli”, soy Diego!
Como los mecanismos de asociación de la memoria tienen caprichos misteriosos está anécdota lejanísima (baste decir que el protagonista de la historia es hoy día un ingeniero informático titulado) fue la que recato del olvido mi cabeza cuando el otro día volvía a casa después de salir una noche a tomar una copa con unos amigos.
Al poco de estar en un sitio de los que se suponen de moda (yo hace tiempo que no estoy a la última) y en uno de mis habituales “despistes” mientras miraba fijamente a la multitud se me acerca una chica que sin ser una vieja hacía tiempo que dejó de ser adolescente. Aparte de un atractivo acento que yo juraría argentino (y que vaya usted a saber de donde era) me pregunta en que estoy pensando. Con un poco de sorpresa –confieso- contesté sin mucha imaginación a una serie de preguntas rutinarias y al poco y cuando mi autoestima ya comenzaba a subir me lanza “la propuesta”: “Que te parece si seguimos la fiesta en mi apartamento o si quieres en un hotel por una pequeña ayudita. Si quieres, por poco más, se une mi compañera de piso que esta estupenda”.
Lo más elegantemente que pude disimulé mi sorpresa y mi decepción y desestimé amablemente la invitación. La chica se despidió igual de amablemente y con una sonrisa en la boca se perdió por el local. Al irse constaté para mi consuelo que la chica no parecía lo que en realidad era (o a lo que se dedicaba esa noche que puede que no sea lo mismo).
Tal vez por eso en vez de preocuparme por el hecho de no haber sabido identificar a una profesional me comencé a preocupar del porqué la profesional me había elegido a mí. Es cierto que esa manía que tengo de desconectarme a menudo del grupo hace que pueda parecer sólo y desvalido o tal vez simplemente se me vea sólo y salido. No obstante no sé qué pensar sobre el hecho de que se te ofrezca una prostituta. De pronto, inseguridades y sombras planearon por mi mente. Estaré ya tan viejo como para que en un sitio lleno de tíos de mi edad la profesional se me haya ofrecido. Estuve a punto de llamar a mi amigo putero para preguntarle.
Ahí estaba yo dándole vueltas a la cosa cuando al cabo de mucho tiempo observo a la señorita en cuestión en un sitio, de pie y sola. Por una parte volví a darme cuenta de que jamás de los jamases hubiese adivinado a que se dedicaba. Supongo que uno está muy influenciado por la imagen de prostitución callejera de mujeres “vestidas como putas” o la imagen de porstitutas de lujos con vestidos de noche de lentejuelas. En este caso, la chica iba bastante más recatada que la media de las mujeres del local y tampoco es que se pasara ni con el lujo en el vestir, ni con maquillaje ni con los tacones. Tal vez fue la influencia del acento argentino pero me dió por pensar en que de niña hubiese pasado perfectamente por una Mafalda ingenua. En cualquier caso, allí estaba y sola. Durante un tiempo la espié siguiéndola con la mirada. Pero nada, no vi que se acercara a nadie a ofrecer sus servicios.
Harto ya de comerduras de cocos y animado por la cercanía y tal vez por la ultima copa me acerqué y le pregunté.
- Oye, ¿acaso te parezco yo un tipo que se va con prostitutas?. Creo que dije eso pero no pondría la mano en el fuego de que no la llamara “puta”.
Ella me miró como con fastidio. Recordé entonces a Putero y uno de sus grandes consejos: “Nunca le digas a una puta que porque se ha hecho puta o le preguntes por curiosidades o por cualquier cosa de su dedicación, están hartas de que le pregunten lo mismo siempre”.
- Supongo que sí.
Bien, confirmados mis temores. No sé exactamente como calificarlo pero creo que no termina de gustarme el hecho de que de esa imagen. Normalmente suelo defender que no me preocupa la imagen que doy de mi mismo pero en este caso fue una excepción.
Pasó la noche y yo conseguí olvidarme un poco de toda esta historia aunque en el fondo la idea seguía reconcomiéndome. ¿Por qué yo de entre todos los tipos que allí estábamos?. En una de estas la vi hablando con otro y al poco me la encontré cerca de la barra mientras pedía la última.
- ¿Ese también tiene pinta de putero? (creo que no fui tan directo, pero al fin y al cabo fue lo que le pregunté).
- ¿Pero a ti que te pasa?, ¿tanto te molesta que te entrara?
- No es exactamente molestia pero me intriga que entre todos me eligieras a mí.
- Pues siento mucho decírtelo pero no te elegí por nada en especial.
- ¿Entonces no es que me veas particularmente dispuesto?.
- No, para mí todos los hombres son candidatos, al fin y al cabo todos queréis lo mismo y la mayoría está dispuesto a pagar por ello.
Me quede pensando en que era una de las pocas veces que no me molestaba que me incluyeran en eso de “todos los hombres sois iguales”. También en que esto de darle vueltas a las cosas a veces no nos lleva a ningún lado.
A la vuelta pensé en esa madre angustiada confundiendo un refunfuño infantil con la infelicidad de su hijo y como yo en muchas ocasiones, de tanto rizar el rizo, confundo la más absoluta superficialidad con la más profunda transcendencia. Entonces recordé el consejo que me daba Chimo a menudo: “tío, no le des más vueltas”. Confucio lo hubiese expresado de forma mucho más adornada pero dudo que hubiese sido tan conciso. Cuanta sabiduría encerraba en esa frase que yo a menudo confundía con una simple coletilla. ¿O sería que efectivamente era una coletilla y yo volvía a darle más significado del que tenía?. Nuevamente estaba haciéndolo. Ya estaba dandole vueltas a la cosas. En cualquier caso, me acordé de mi amigo y una vez me reiteré en mi convencimiento: este tío es un genio.

11 comentarios:
No es que todos los hombres seamos iguales, pero sí pienso que todos (hombres y mujeres) somos bastantes más iguales de lo que nos gusta creernos. Al fin y al cabo, en tanto personas, nada humano nos es ajeno. Pero, efectivamente, no le des más vueltas.
Has descubierto lo absurdo que es a veces comerse el coco y por qué se visten como putas las prostitutas.
Porque vamos a ver… si una tía vestida de claramente de puta se acercase a hablar contigo ¿te hubiese sorprendido tanto que te ofreciera sus servicios? ¿te hubieras comido el coco pensando en tu pinta de putero si desde el inicio de la conversación estuvieses al tanto de sus intenciones?
Tito: Deja de escribir tanta mierda,que me recuerdas a tu mujer cuando me deja la polla cagada después de sacársela del culo.
Me ha recordado el título a la canción de Sabina del mismo nombre( del que adoro sus letras..)Veinte años cosidos a retazos
de urgencias, disimulos y rutinas..
Veinte años de príncipes azules
que se marchaban antes de llegar,
veinte tangos de Manzi en los baúles,
veinte siglos sin cartas de papá.
Qué los designios, en este nuevo año, te sean favorables
Me uno al comenario de Miroslav.
Además en referencia a la frase de tu amigo; ese "tio, no le des mas vueltas" lo suelo decir con otra frase: todo suele ser mas sencillo de lo que parece. Mas o menos.
Feliz Navidad
Las cosas son sencillas aunque no necesariamente simples.
Cierto, no le des más vueltas, te lo digo yo, que me pasa exactamente igual...
Y coincido con Miroslav. En general somos menos diferentes de lo que nos creemos o nos gustaría ser.
Ella tenía razón, no fue por nada en especial, pero posiblemente, aparecieses "limpito y agradable", razón más que suficiente para que una Señora Puta te ofrezca sus servicios, si es un poco selectiva con sus clientes.
Salud.
o como (me) diría mi amiga Titina:
"Es que a ti te fascina preocuparte por cualquier mariquera"
Un beso y FELIZ NAVIDAD!!
PD. Propuesta es propuesta, aunque se trate sólo de negocios ;)
Feliz Navidad, Titobeno :)
Buen punto, buena recomendación.
Qué bueno, por favor. Si te sirve de consuelo, yo me habría angustiado más que Felipe, el amigo de Mafalda. Además, si mi cabeza no diera vueltas, no sería mi cabeza.
Un beso.
Sin embargo yo no creo que todos seamos iguales; de hecho, si llegase un día en que pensase así, me suicidaría.
Publicar un comentario en la entrada