y uno a ná

Hace años me contaron un chiste que me sigue haciendo gracia cada vez que lo recuerdo aunque últimamente no tanta. Para no hacer más largo de lo habitual el post lo resumiré: Tres hermanos reciben en herencia catorce hectáreas de terreno pero no saben como repartir catorce entre tres. Para ello llaman al “listo” de la familia que ha estudiado “exactas” en la capital. El tipo se pone a hacer operaciones y después de rellenar decenas de folios llega a una conclusión: “ya está, catorce entre tres. Dos a siete y uno a ná”.

Este chiste se puede usar como metáfora o ilustración para muchos aspectos de la vida. A mí siempre me recordó la forma de repartir la riqueza en el mundo. También para simplificar la doble moral que todos practicamos. Esa doble moral que nos hace promulgar valores tan bonitos y loables como la solidaridad mientras que no aceptamos el más mínimo sacrificio. Un amigo mío solía decir que él defendía eso del cero coma siete por ciento siempre que fuese el cero coma siete de los demás. Es, ni más ni menos que lo que defendemos la mayoría. Todos sabemos y condenamos las barbaridades que se hacen en muchas zonas del mundo simplemente por el control de determinadas materias primas. La cuestión es quien aceptaría el más mínimo sacrificio para subsanar estas injusticias. La práctica dice que muy poquitos.

Últimamente con esto de la crisis la famosa división del experto del chiste se ve aún más evidente. No hace mucho, en una conferencia de un premio nobel (Paul Krugman), el tipo dijo lo que muchas veces hemos pensando todos (al menos todos los que piensan sobre esto) y es que la salida de la crisis será particularmente dolorosa en España porque este país había vivido durante años por encima de sus posibilidades y gastandose lo que no tenía. La solución que daba el tipo era tan simple como ingenua: tenemos que renunciar a una parte de nuestra riqueza. Lo que venía a proponer era una reducción de margenes empresariales y sueldos de un quince por ciento anual durante dos años para aumentar la productividad. Nuestra productividad es una de las más bajas de la OCDE y sólo hay dos formas de reducirlas: echando a gente a la calle o reduciendo nuestros ingresos. Desde un punto de vista solidario pareciera que lo mejor sería que todos renunciaramos a un poquito para evitar que una parte (parte por otra parte nada despreciable) renuncie a casi todo.

Cada vez que se plantean estas cosas surge el rechazo general con excusas de todo tipo. Normalmente lo que se hace es echarle la culpa a los demás. A los especuladores (al fin y al cabo nadie ha invertido nunca), a los bancos que regalaban el dinero (porque nadie pidió esos créditos, por supuesto) a los que se aprovecharon de la burbuja inmobiliaria (que ultimamente parece que nadie especuló con pisos), a los empresarios que se han hecho multimillonarios a base del duro trabajo de sus empleados, al vecino de al lado, al gobierno, a los americanos, etc..

Desde hace unos meses conozco varias empresas en las que se ha propuesto una congelación o una reducción de sueldo para poder sobrevivir y mantener los puestos de trabajo. En todas sin excepción se ha rechazado la propuesta. El resultado es que, o desaparece la empresa o se tiene que echar a gente a la calle. Parece bastante evidente que cuando la tarta pasa de ventiuno a catorce, la mayoría piensa que la mejor forma de hacer el nuevo reparto es que dos sigan con siete y uno se quede con nada. De momento ya casi llevamos cuatro millones de estos últimos.

7 comentarios:

Raquel dijo...

Que raro... yo no conozco a nadie a quien, fundamentándose en los números reales de la compañía, le hayan dado a elegir entre congelación/reducción salarial o carta de despido y haya preferido la carta de despido.

Kandralin dijo...

Porque no son ellos los que tienen que elegirlo.
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Triste..pero cierto.

Besos*

TitoBeno dijo...

Raquel,

Yo si conozco y no le veo mucha lógica pero no es el caso común.

La "gracia" está en que todo el mundo prefiere que el otro se quede sin ná antes que todos nos quedemos con menos.

Claro está, cuando nos damos cuenta de que uno de los que se queda sin ná somos nosostros, entonces abogamos por la reducción equitativa. Pero entonces suele ser un poco tarde.

Si le preguntas al tipo del Congo al que le van a cortar la yugular (cuando no otra parte) con un machete por culpa de la guerra del coltan si prefiere eso o llamar con el móvil de última generación, es muy probable que decida que mejor se pasa al móvil antiguo. La cuestíon es cuando nos preguntan a nosostros. Normalmente, al negro que le vayan dando...

Pola dijo...

¿reducir MÁS los sueldos de los trabajadores?
Yo no sé qué cobrarás tú, pero a algunos, que no llegamos ni a mileuristas, si nos reducen más el sueldo no llegamos a fin de mes.

raquel dijo...

Yo no creo que todo el mundo prefiera que el otro se quede sin nada antes de que todos nos quedemos con menos.

De hecho creo que esa actitud sólo la tienen aquellos que nunca se han quedado sin nada. Los que siempre han estado protegidos en el reparto.

Quien sabe y conoce lo que significa salir perjudicado en el reparto creo que tienen otra perspectiva, pero claro, a ellos nadie les pregunta…

Además, siempre ha sido menos doloroso para el “sensible repartidor” dejar sin nada a quien ya está acostumbrado a no tener demasiado (y si además es negro o está en el Congo se le presupone que ya tiene callo para aguantar eso y mucho más).

Y aunque no se trate de exculparse echando culpas a otros, sí que se deberían depurar responsabilidades y apuntar firmemente las causas objetivas que nos han llevado a esto. Aunque sólo sea para no permitir que se repitan los mismos errores dentro de unos años.

Y además, yo no entiendo quien, y por qué, no apoyaría una medida de una rebaja de márgenes y sueldos de un 15% si efectivamente la solución es tan sencilla.

TitoBeno dijo...

Raquel,

Tu comenta en tu circulo de conocidos eso del 15% y verás lo que te dicen.

A todos nos cuesta porque todos consideramos que vamos justos (los que ganan ochocientos y los que ganan ocho mil) y todos consideramos imprescindibles cosas que obviamente son absolutamente prescindibles porque no hace mucho no las teniamos.

Es lo de siempre, si tu planteas la disyuntiva: "¿que prefieres, no usar móviles o que haya cien mil muertos en el Congo?" puede que haya quien diga que no usar el móvil pero normalmente diremos que eso no lo puedes controlar tú, que eso lo deberian hacer los gobiernos, que aunque que tu dejaras de usar móvil nadie lo notaria, que la culpa es de la mafias, etc, etc...

Lo mismo pasa con esto de los sueldos. Lo normal es que se diga que la culpa no es nuestra, que con su mierda de sueldo tampoco se arreglará nada, que deberian pillar a los ejecutivos sin escrupulos, etc, etc... Eso me lo han dicho a mi ejecutivos sin escrúpulos o gente que invirtió en pisos, o en productos estructurados que, logicamente, no creen que ellos hayan hecho nada malo.

Otra cosa es al que le toca quedarse sin móvil, sin vacaciones en el caribe y sin pollo para comer. Para ese seguramente el 15% es una minucia.

Inés Perada dijo...

Entonces me enorgullezco de ser de las pocas trabajadoras que pertenece a una empresa ( eso sí, sin ánimo de lucro) que ha decidido de manera conjunta reducirse una hora la jornada desde enero para salvar el trabajo de tres compañeras.
Desde la jefa hasta la última que entró.
Y es que si no puedes cambiar el mundo, empieza por cambiar tu entorno en lo posible...

Salud.