Mi mama me mima

Yo me he criado en un matriarcado. Creo que en eso he tenido suerte. De mi propia experiencia y observación he conocido muchos casos donde en la familia quien dirige la cosa es la madre y en otras donde es el padre y en casi todos los casos la cosa ha ido mucho mejor cuando el timón lo lleva la mujer. Todos sabemos que la mujer es mucho más juiciosa y prudente en general y por eso tampoco es tan extraño.

En mi caso mi madre siempre ha sido la lider y mi padre, una persona a quien todo el mundo quería, se dejaba llevar. Ese papel de mujer fuerte le viene a mi madre de herencia. Su madre (mi abuela) era una mujer menuda pero de armas tomar. Gracias a sus viajes como acompañante y cuidadora de su tío cura (una institución que se ha perdido pero que fue un clásico en las familias españolas durante siglos) conoció ambientes que entonces eran ignotos para una chica de pueblo manchego como ella. Gracias a su determinación por ejemplo mi madre estudió una carrera universitaria. No es muy difícil imaginar lo transgresor que pudo ser en 1945 que una familia manchega enviase a estudiar a una mujer a Madrid. Costó el esfuerzo y el trabajo duro de toda la familia porque entonces la cosa funcionaba así. El trabajo de mi abuelo y mis tíos mayores permitió a mi madre estudiar y nada más acabar la carrera y comenzar a trabajar (obviamente no había paro en el sector) ella se encargó de pagarle los estudios a su hermana. Pero más allá del esfuerzo económico lo verdaderamente meritorio desde mi punto de vista es el hecho de plantearse que un hijo, y más difícil aún, una hija en una familia de pueblo en la postguerra española, tuviese estudios.

Mi madre sacó muchas cualidades de mi abuela como la determinación, la independencia (en su caso incluso económica gracias a su carrera profesional) y la inteligencia. Mi padre siempre fue una persona amable, querida y respetada pero en cuanto a llevar las riendas de la casa no tenía nada que hacer. Como las apariencias son las apariencias, mi madre se encargaba siempre de hacer ver que quien mandaba era él pero todo el mundo sabía lo que había. De hecho, mi padre siempre quiso y admiró a mi madre por eso y aprendió a vivir con ello.

Tal vez por eso, cuando yo era un chaval y me pedían cualquier cosa que incluyera el permiso paterno yo solía referirme a mi madre porque sabía que era quien, al final, decidiría. Llegado a este punto no se si es correcto u oportuno decir que siempre me han dicho que me parezco a mi madre pero es la verdad.

Pero las circunstancias especiales de mi madre (especiales en su tiempo porque hoy día son las habituales) tenía su cara menos agradable. Por ejemplo, mi madre trabajaba y obviamente no podía estar en casa a todas horas. Creo que cuando yo estaba en tercero de EGB era el único niño de la clase al que no venía a recoger su madre. También el hecho de ser la autoridad y su particular forma de ser derivó en que mi relación con mi madre nunca fue demasiado mimosa. En realidad digamos que en mi casa quien nos consentía era nuestro padre y la que se ponía firme era mi madre. Por otra parte, y por cosas que suceden en mi familia siempre hemos sido muy independientes. Es curioso porque cuando nos juntamos para eventos sociales a todo el mundo le llama la atención lo bien que nos llevamos pero en la práctica cada uno de los hermanos ha ido "a su bola"

Tal vez ese sea el verdadero secreto de que no nos peleemos. Con mi madre no recuerdo la última vez que discutí o me enfadé. Probablemente tenga que retrotraerme a la adolescencia primera (hace nada). La razón estaba en el hecho de que desde muy joven yo he vivido emancipado y en general no he involucrado a mi familia en mis cuitas personales o profesionales. Por poner un ejemplo, jamás he llevado a una novia a mi casa. Eso a mucha gente le parecerá tremendamente extraño e incluso malo pero tiene sus ventajas. Cero discusiones sobre mis parejas, cero explicaciones, cero disgustos.

Hasta hace poco, la relación con mis padres solía consistir en una llamada semanal y una visita cada dos o tres meses aparte de la consabidas fiestas familiares como la Navidad. Siempre cordiales, siempre agradables y siempre cortas (y no quiero decir que lo uno implicase lo otro o vicerversa pero puede que algo hubiera). Sin embargo con la enfermedad de mi padre y definitivamente con su fallecimiento algo ha sucedido con mi madre y creo que también conmigo.

Ahora, si no llamo un día mi madre se pone triste y voy prácticamente cada mes a verla. Para rizar el rizo incluso cuando regreso de una de esas visitas en el momento de partir a mi madre se le escapa alguna lagrimita. No solo eso, me pide opinión para todo y me hace caso!!!. Algo inaudito hablando de quien hablo. En definitiva, mi madre se ha convertido en una mama mimosa e incluso un poco empalagosa. Quien la ha visto y quien la ve.

Pero no solo eso. A mí también me está afectando. De todos es conocido que no hay nada que moleste más a una mujer (por mucho que seguro que reciba comentarios negándolo) que un hombre "madrero". Yo, como ya he explicado, jamás lo he sido. Aparte de que con esta práctica que yo llamo "separación de cariños" nunca me he tenido que preocupar de que a mi pareja le caiga bien mi madre ni vicervesa. Tampoco se me conoce una referencia y/o comparación a las bondades de la cocina de mi madre, o a lo bien que planchaba o cualquiera de las tipicas cosas que tanto molestan a las mujeres.

Sin embargo últimamente, imbuido de este sentimiento materno-filial novedoso y un pelín cursi no sólo hablo de mi madre sino que en algunas ocasiones la llamo "mami" (horror!). Ayer mismo una chica me dijo que le hacía gracia (aunque sonó un poco a lo contrario) que un tío como un armario (se refería obviamente a mi musculatura hercúlea) hablase de su "mami". Aún estoy lo suficientemente lúcido como para darme cuenta de que, efectivamente, es un poco ridículo pero mucho me temo que como esto siga así en poco tiempo le responda a la que se atreva a referirse a ello la famosa frase de "Oye, tú para hablar de mi madre te lavas la boca!".

Y bueno, lo dejo ya que tengo que llamar a mi mami.

Les presento a McGuffin

En realidad, les debería presentar a "un McGuffin" porque en realidad no se trata de una persona. Ni incluso, aunque pudiera parecerlo se trata de una magdalena grande. Un McGuffin para todos aquellos que no estén familiarizados con el mundo de la erudición (e incluso para los que los estén) es un recurso argumental que se usa como mera excusa para introducir una historia.

Dicen que quien bautizo al McGuffin fue Alfred Hitchcock pero en realidad el McGuffin se usa desde siempre en relatos. Incluso la biblia tiene sus McGuffins (imagino que este será un plurar correcto) y sino que alguien me explique que es la famosa Arca de la Alianza. De hecho la famosa Arca fue reutilizada como McGuffin siglos más tarde en la no menos famosa película de Inidiana Jones.

El McGuffin se presenta como un elemento crucial en la historia pero luego simplemente se diluye o desaparece y sólo cuando todo ha sucedido nos damos cuenta de que en realidad era una mera excusa. Tal vez el McGuffin más famoso de la historia cinematográfica sea el "Rosebud" de Ciudadano Kane que se presenta como un misterio y no es más que una excusa para desarrollar la trama. Hitchcock que, como ya he mencionado, creo que fue el que lo bautizó, dijo sobre el McGuffin "En historias de rufianes siempre es un collar y en historias de espías siempre son los documentos". En la práctica el McGuffin no sólo permite la introducción de una historia sino que a veces sirve para desconcertar al lector o espectador e incluso para rellenar espacio o tiempo.

Los McGuffins se usan de forma intensiva (a veces extensiva) en todos los formatos narrativos. La serie Perdidos esta plagada de McGuffins como por ejemplo el oso polar o la escotilla. Para mí el ejemplo perfecto de utilización de McGuffins se da en los Simpsons. De hecho algunas veces se usan encadenados produciendo giros increíbles en los argumentos. Ahora me viene a la mente el capítulo donde la bebe (me pasa como a Hommer que no recuerdo nunca el nombre) se come una revista y su madre le lleva al médico. En realidad este hecho solo sirve como excusa para que Hommer vaya a comprar y humille al chico que mete la comida en las bolsas y estos hagan una "huelga salvaje". Pero esta huelga sólo sirve como excusa para continuar con el hecho de que, al no poder comprar comida, todos los habitantes del pueblo comienzan a pasar hambre. Y ni por esas. El hambre no es más que otra excusa para explicar el porqué Hommer sigue al perro hasta el desván sospechando que ha encontrado comida y allí encuentra un paquete de galletas antiquísimo. Hommer se come una galleta rancia y cuando parece que ahí estará el argumento en realidad lo que sucede es que descubre una figurita de una promoción que indica que le ha tocado un viaje a Africa. Y este es el argumento principal del capítulo: Los Simpsons se van a África.

Es aquí cuando a mí me surge la duda. En el párrafo anterior he escrito "su madre le lleva al médico" pero no sé si es correcto usar "su madre la lleva al médico". Y es que esto de vivir en Madrid está produciendo algunos efectos en mi sentido de la corrección gramatical de forma que lo que antes me hacía daño a los oídos como era el laísmo ahora me resulta natural. De hecho he preguntado a varias personas y ninguna me sabe decir si lo correcto (o tal vez debería decir lo más correcto) es usar el "la" o el "le". De hecho tengo tan oxidados mis conocimientos gramaticales que dudo incluso de si se trata de complemento directo o indirecto porque aunque se trata de una persona en realidad yo creo que estamos hablando de un complemento directo y no indirecto.

Como veis, mi duda es poco relevante. Tan poco que necesitaba algo con que envolverla así que me he dicho: "...pues vamos a meter un McGuffin".